martes, 14 de junio de 2011

¿Por qué perdió Keiko Fujimori la presidencia del Perú?



Dicen los especialistas que la llegada de la segunda vuelta en el Perú marca el inicio de una campaña absolutamente diferente a la que se sostuvo durante las semanas y meses anteriores a la primera elección. La dinámica, el vértigo, la polarización que se vive en este segundo tramo electoral exigen por parte de los candidatos y de sus respectivos equipos de campaña una redefinición un nuevo diseño en torno a la estrategia que deberán utilizar con el objetivo de capturar el voto de aquellos que en un primer momento optaron por otra candidatura.



En la segunda vuelta el candidato debe centrar su mirada en aquellos sectores de la población a los cuales su discurso en primera vuelta no logró seducir, el electorado que le brindó su apoyo en el pasado seguramente le renovará su respaldo en el tramo final camino a la presidencia, es por ello que el giro en torno a las propuestas, la moderación del discurso político y las alianzas que puedan formarse en el camino resultan ser fundamentales en este tiempo, la finalidad de todo esto es posicionar al candidato lo más al centro del escenario político, el objetivo es convertir al candidato de derecha o izquierda, en un candidato de centro diestro o zurdo, pues esa será la única manera de llegar a ese elector indeciso que en situaciones como estas suele optar por aquel hombre o mujer que le genere menos temor, el elector de segunda vuelta no gusta de los candidatos radicales o extremos, que se comprometan con un solo sector de la sociedad, el elector de segunda vuelta, y así lo muestran las estadísticas en las últimas elecciones en el Perú elige siempre a un candidato de centro.




Fueron precisamente estas consideraciones las que en mi opinión no fueron calibradas adecuadamente por Keiko Fujimori y por su equipo de campaña. Sabido es que el porcentaje alcanzado por esta candidata en primera vuelta corresponde a ese voto duro fujimorista que la figura del dictador Alberto Fujimori logró consolidar a lo largo de los años, el mismo que en esta oportunidad volvió a ponerse de manifiesto, más aun cuando la candidata del fujimorismo resultó ser la hija de su “querido presidente”. El equipo cercano a Keiko no logró hacerle entender que si en primera vuelta había sido Alberto el verdadero artífice de ese más de 20% de votos obtenido, en este segundo tramo era ella quien debía salir a conquistar la emoción de los electores. El triunfo o derrota en este tramo serian responsabilidad exclusiva de la candidata y de los actores que la acompañasen en esta nueva aventura.




Creo que un primer error en la campaña de Fuerza 2011 es no haber logrado posicionar en el imaginario de la gente dos o tres propuestas atractivas con las cuales el elector indeciso y otros sectores del país además de Lima y ciertas capitales de provincias costeras lograran verse identificados. En ese sentido, era muy poco lo que el equipo de marketing publicitario podía hacer cuando en el plan de gobierno de Keiko no se encontraba más que un conjunto de buenas intenciones y metas con las cuales nadie podía estar en desacuerdo, pero ninguna propuesta concreta que le hiciera pensar al elector que era esta candidatura y no la otra la que podía mejorar su situación personal. Ahora bien, y para ser justos con los que rodearon a la candidata, es cierto también que los publicistas del fujimorismo no tuvieron el tino para diseñar o crear un spot publicitario en el cual se mostrara a la candidata como una figura cercana a la mayoría de peruanos y no solamente a aquellos que se habían visto favorecidos por el gobierno de su padre. En palabras de Fernando Rospigliosi podríamos decir que mientras la campaña de Ollanta Humala fue diseñada por profesionales, la campaña de Keiko Fujimori fue planeada y ejecutada por aficionados, por gente que no sabe de elecciones.




Un segundo error que creo termina por costarle la elección a Keiko Fujimori fue la poca capacidad que demostró su partido en la dura tarea de remozar y modernizar su organización. Keiko Fujimori volvió a reclutar a viejos personajes del fujimorismo de los noventa, cada uno más cuestionado que otro, se rodeó de las mismas caras que tan negativo recuerdo le traían a la mayoría de peruanos, figuras que defendieron el golpe de estado del 5 de abril, que bloquearon toda investigación posible sobre los crímenes del Grupo Colina, ejerciendo presión política en el Congreso y en el Poder Judicial de aquella época, que se valieron de su influencia en el círculo de poder más inmediato de Alberto Fujimori para cumular, casi siempre de manera deshonesta, grandes cantidades de dinero a costa de todos los peruanos, que defendieron la reelección fraudulenta del dictador en el año 2000, entre otras atrocidades más que son de público conocimiento. Dicho de otro modo, a Keiko Fujimori la terminó venciendo el peso de la historia pasada, de una historia plagada de corruptelas, asesinatos, atropellos, que al final del día terminaron por eclipsar la sonrisita simpática de la candidata.




Un tercer error, ligado a la poca capacidad de Keiko Fujimori y su grupo, para desmarcarse de la figura del dictador, fue no tender puentes de diálogo y entendimiento con otros grupos, movimientos políticos o sectores de la sociedad civil que ayudaran a colocar a Keiko en una posición de centro, alejándola de esa derecha autoritaria que tan poco rédito le terminó brindando el día de la elección. El fujimorismo, necesitaba urgentemente de este tipo de alianzas que le propinase ese aire de frescura y renovación que el elector reclamaba, más si se tiene en cuenta, como ya se dijo en líneas anteriores, que eran las mismas caras, la misma comparsa que acompañó al dictador la que en esta oportunidad oficiaba de “desinteresado grupo de asesores” de Keiko Fujimori. El fujimorismo, de manera incomprensible creo yo, se creyó autosuficiente, pensó que el temor y el miedo que la otra candidatura generaba era condición suficiente para llevarse por delante a su rival y alcanzar la presidencia, nada más alejado de la realidad, basta con leer las cifras obtenidas por Ollanta Humala en 2006 para que cualquier asesor de campaña, medianamente informado, se diera cuenta que la campaña era mucho más dura de lo que Keiko pensaba, que Ollanta Humala había consolidado un bastión electoral muy sólido en la sierra sur y central, y que por tanto ese miedo que desde los medios de comunicación capitalinos se pretendía infundir tenia poco o casi nulo efecto en un amplio sector del electorado. Si queremos ser más gráficos podríamos decir que mientras Ollanta Humala recibía el respaldo de gremios, de movimientos de la sociedad civil, de partidos y personalidades de distinto tinte político, de intelectuales y líderes políticos, como Mario Vargas Llosa o Alejandro Toledo, respectivamente, la señora Keiko Fujimori se quedaba huérfana de amigos, y al voltear la mirada no veía sino a los mismos amigotes de su padre de siempre, que tanto conocía y a los cuales, en gran medida, les debe su derrota.




Un cuarto error de la candidata y de su equipo fue la estrategia con la cual Fuerza 2011 llegó al último debate. En una elección tan cerrada y tan polarizada como la que hemos vivido, un debate televisado de alcance nacional puede inclinar la balanza o consolidar las tendencias a favor de uno u otro candidato. En mi opinión creo que Keiko Fujimori equivoca la posición y la actitud con la cual enfrentó a Ollanta Humala ante miles de televidentes. Para ser más explícitos podríamos recurrir a una frase deportiva que se suele emplear en el fútbol, Keiko Fujimori cometió el error que cometen aquellos equipos que por querer salir a empatar un encuentro, pues es solo un punto el que necesitan para alcanzar el campeonato, terminan por perder el encuentro, pues entregándole todo el terreno al rival terminan por ser devorados por el ímpetu de quien tienen enfrente. De eso fuimos testigos todos los peruanos, mientras el candidato de Gana Perú fue ganado terreno a medida que transcurrían los minutos, mostrando un discurso mucho más articulado, con una actitud mucho más agresiva, punzante, con un inteligente ataque, la candidata de Fuerza 2011 se iba desinflando poco a poco, mostrando una imagen de niña asustadiza que no puede dar respuesta a los cuestionamientos y preguntas que le hace su maestra de historia. La estocada final vino sin lugar a dudas con el tema de las esterilizaciones forzadas, Keiko Fujimori no tuvo el aplomo ni la inteligencia para sortear ese obstáculo, Ollanta había dado en el clavo, el golpe había sido certero, días más tarde muchas mujeres indignadas por el recuerdo de tamaño crimen migrarían hacia las filas de Gana Perú haciendo estériles los esfuerzos de Keiko por recobrar su confianza.




Un quinto error de Fuerza 2011, llegó en los días posteriores al debate, en el último tramo, los voceros del fujimorismo se esforzaron por dinamitar su propia candidatura desde adentro, escuchar las declaraciones e intervenciones de Martha Chávez, Rafael Rey o Jorge Trelles, era como imaginar a Keiko Fujimori con una Magnun armada disparándose a la sien, y si de un disparo, por fortuna u obra divina puedes librar tu intento suicida, tres disparos de esa envergadura no los resiste ni Superman. El señor Trelles en pleno debate sobre la política antiterrorista y sobre la pacificación del país durante los noventa suelta una frase épica ¡Nosotros matamos menos!, la señora Chávez, como para no olvidar lo que hizo el fujimorismo con las instituciones del Estado, nos refresca la memoria y sentencia ¡El señor César San Martín tendrá que responder a partir de 28 de julio por sus actos!, finalmente, el señor Rafael Rey, con la frase más celebrada por el humalismo, refiriéndose a las esterilizaciones forzadas lanza una reflexión de antología: ¡Una cosa es esterilizar sin la voluntad de la mujer y otra es contra su voluntad! Luego de ello a Keiko no le quedó más que darle de baja a Trelles como vocero oficial, encerrar bajo siete llaves a Chávez para evitar sus exabruptos y tragarse el sapo de ver como Rafael Rey, reclutado para dar una imagen de honestidad y seriedad, se convertía en el mejor guionista de los programas humorísticos.




Finalmente, la cereza al pastel de nombre fracaso la pondría la propia Keiko Fujimori el día en el cual en pleno mitin de cierre de campaña recibió el abrazo de PPK, lo peor que le podía pasar a Keiko Fujimori era recibir el saludo y el respaldo de un personaje tan vinculado a la derecha más conservadora y mercantilista de este país. Todos los esfuerzos, porque algunos hizo, por centrar su candidatura alejándose de las antípodas de la derecha e izquierda se iban al agua. Keiko Fujimori se convertía en la candidata de los grupos de poder, de los grandes intereses económicos, de los poderes fácticos, representados por su mensajero y lobista preferido, Pedro Pablo Kuzcynski. Ello sumado al respaldo desvergonzado e indigno que durante esta campaña la candidata que representaba al gobierno más corrupto de la historia republicana de nuestro país recibía por parte de los medios de comunicación generó un efecto de rechazo inverso del electorado a favor de Ollanta Humala. ¿Por qué solo atacan a Humala? ¿Por qué los diarios que tildaron de corrupto, ladrón y asesino a Alberto Fujimori hoy en día se olvidan de ese pasado y defienden a Keiko? ¿Algo oscuro debe estarse maquinado en esa candidatura? Estas preguntas taladraron la mente de los electores, de muchos indecisos que en la misma cola de la votación le dijeron no a Keiko Fujimori, pues su memoria puedo más que la campaña de miedo desatada por la gran prensa nacional, con su decano en la primera línea de fuego. La suerte estaba echada, Keiko Fujimori perdía las elecciones, para tristeza de los grandes amigos del fujimorismo que durante una década contribuyeron de manera directa o con su silencio cómplice al envilecimiento de la política nacional, saqueando las arcas del Estado y violando el derecho de cuanto peruano tuvo el coraje de decirles basta.

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lunes, 2 de mayo de 2011

Keiko Fujimori y su discurso “caviar”: un giro hacia la izquierda






Caviar, ese ha sido el término que durante los últimos años ha utilizado el fujimorismo y otros sectores de la derecha conservadora y militar para descalificar la posición y el discurso político de la izquierda peruana referida a la defensa de los derechos humanos, la sanción a los violadores de los mismos y la necesidad de fortalecer la institucionalidad democrática. Así por ejemplo, una vez conocido el resultado del proceso al que fuera sometido Alberto Fujimori, por los casos La Cantuta, Barrios Altos y el secuestro de Samuel Dyer y Gustavo Gorriti, proceso en el cual se lo condenó a 25 años de pena privativa de libertad, el menor de los Fujimori, Kenyi, congresista electo en esta oportunidad, señaló con total claridad que la gran batalla política por la liberación de su padre se daría en las calles entre su agrupación y los sectores a los que calificó de CAVIARES.




Asimismo, en su debida oportunidad, su hermana, Keiko Fujimori, candidata presidencial también responsabilizó a los caviares, es decir a todos los movimientos y agrupaciones de la sociedad civil vinculadas a la defensa de los derechos humanos, como por ejemplo la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, del proceso llevado en contra de su padre, proceso al cual tildó de injusto e inhumano, llevado a cabo por jueces que lo único que tenían en mente era desatar una tremenda persecución legal contra el dictador y contra todo aquel que se atreviese a defenderlo.




Muy pocas veces en estos últimos años habíamos sido testigos de un discurso político tan confrontacional y violento como el que los Fujimori empleaban al referirse a estos sectores y a personas individuales, como por ejemplo los abogados Ronald Gamarra, Carlos Rivera o Gloria Cano, que participaron en el proceso como defensores de la parte civil, es decir, abogados de las víctimas de Barrios Altos y Cantuta. También, ese misma rabia y virulencia fue puesta de manifiesto años anteriores con motivo de la presentación del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, al cual tildaron de injuria y panfleto difamatorio contra el régimen de Fujimori, el mismo que tenia como única finalidad echar por tierra los logros que el dictador había alcanzado en materia de seguridad y lucha contra el terrorismo, llegando incluso a tildar a personas honorables, como lo son los comisionados, de defensores de los subversivos, en pocas palabras llamarlos “pro terrucos”.




Tiempo después, en el tristemente recordado episodio en el cual las hordas del fujimorismo, con el beneplácito o silencio cómplice de sus líderes, atentaron contra el recuerdo y la memoria de los familiares de las víctimas de la guerra interna, cubriendo de pintura naranja el monumento del OJO QUE LLORA, la entonces congresista Keiko Fujimori, pretendió hacer público su rechazo a semejante acto de vandalismo con el uso de un lenguaje bastante condescendiente a los responsables de dichos actos. En esa oportunidad, tanto Keiko como la plana mayor de Fuerza 2011, trataron de explicar el sentimiento de indignación que en el fujimorismo generó la condena de su padre y la construcción de monumentos como este en el cual se rinde homenaje a personas fallecidas, mejor dicho asesinadas, como fue el caso del joven estudiante de la Cantuta, Enrique Ortiz Perea, y tantos otros como él que fueron ejecutados extrajudicialmente por el gobierno de Alberto Fujimori, a los cuales el fujimorismo, en la persona de Martha Chávez, insiste en calificar de terroristas. Es decir, para el fujimorismo, para la señora Chávez, Alberto Fujimori, a pesar de haber sido condenado en el marco de un proceso en el cual le fueron respetados todas las garantías judiciales es inocente, pero el señor Ortiz Perea, a quien se lo asesinó, después de haber sido secuestrado, es culpable del delito de terrorismo, sin mayor prueba que la decisión de los miembros del grupo Colina que en ese año operaba bajo la batuta y dirección de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.




Después de ello llegó el momento de polemizar y sentar posición ante la iniciativa del Estado peruano, gracias a la contribución y cooperación alemana, de construir un Museo de la Memoria, el cual le permitiese a la sociedad tener presente lo ocurrido durante los años de la violencia política vivida en nuestro país durante dos décadas, con el afán de no repetir en el futuro aquellos errores que permitieron el surgimiento y consolidación de un movimiento subversivo tan sanguinario como Sendero Luminoso, pero al mismo tiempo acabar con la indiferencia estatal en ese entonces exhibida con la población más vulnerable y evitar que desde el Estado se vuelvan a cometer sistemáticamente crímenes contra la humanidad. Como era de esperarse, el fujimorismo, con keiko Fujimori a la cabeza, mostraron una vez más su descuerdo con esta iniciativa aduciendo que la guerra aun no culminaba, que el Museo reivindica por igual a víctimas y victimarios, algo que sin lugar a dudas es falso, y que afirmar, como hace la Comisión de la Verdad, que el estado peruano, en diversos lugares del país, desató una política de violación sistemática de Derechos Humanos, no era sino una patraña de la izquierda usada para desacreditar a instituciones, como las fuerzas armadas y policiales, que durante ese tiempo tuvieron a cargo el control operacional de la lucha contra el terror.




Finalmente, el año pasado, el fujimorsimo, junto a representantes de otros sectores políticos, como el entonces Ministro de Defensa, y actual candidato a la vicepresidencia de la mano de Keiko Fujimori, Rafael Rey, hicieron público su respaldo a la promulgación del cuestionado Decreto Legislativo 1097. Para los que no recuerdan la razón de esta polémica debemos saber que esta norma pretendía el archivamiento (sobreseimiento en lenguaje jurídico) de los procesos en los cuales se hubiera excedido el plazo de la etapa de instrucción o investigación del delito (14 meses). Es decir, la mencionada disposición le otorgaba al juez la facultad de archivar el proceso seguido en contra de militares y policías acusados de cometer delitos contra los derechos humanos como el asesinato, secuestro, desaparición forzada, violación o tortura por el sólo hecho de haberse vencido el plazo de la etapa de investigación. En otras palabras, la disposición bajo comentario pretendía impedir, o al menos, entorpecer u obstaculizar el juzgamiento y sanción de los presuntos responsables de delitos tan execrables como los anteriormente descritos. Como todos sabemos, y luego de la renuncia de Mario Vargas Llosa al cargo de presidente del Museo de la Memoria, debido a la promulgación de este decreto, al cual tildó de amnistía apenas disfrazada de legalidad, el gobierno tuvo que dar una paso atrás y optar por la derogación de dicho dispositivo legal, hecho que motivó la renuncia de Rafael Rey al Ministerio de Defensa, la renuncia del titular de Justicia, Víctor García Toma y la reacción negativa del fujimorismo, quien a través de parlamentarios como Rolando Sousa, habían sido de las pocas voces que no rechazaron, como si hizo la sociedad civil y lo más selecto de la comunidad jurídica nacional, la entrada en vigencia de la mencionada norma.




Siendo estos los antecedentes del fujimorismo y de Keiko Fujimori, resulta por lo menos contradictorio, por no decir electoralmente recomendable, el que en estos últimos días la candidata haya hecho suyo el discurso que tantas veces tildó de caviar, izquierdoso o pro terruco. En esta semana que pasó la hemos escuchado pedir perdón por los delitos cometido por su padre o su gobierno, que para mi son lo mismo, sin embargo insiste en considerar a su padre y a su gobierno, como el mejor de los últimos tiempos, ella señala que fue el mejor de toda la vida republicana nacional, resulta contradictorio, y sabe a falsedad electorera el que ahora la señora Keiko avale el Informe Final de la Comisión de la Verdad, y se comprometa incluso a llevar adelante todas y cada una de las recomendaciones allí expuestas por los comisionados, luego de haber criticado y calificado de documento pro subversivo a este trabajo. También resulta contradictorio, y poco creíble, su nuevo afán por la construcción del Museo de la Memoria o su respaldo al monumento del Ojo que Llora, como también generan dudas sus declaraciones en la cuales se compromete a no indultar a su padre condenado por violador de derechos humanos y no liberar o favorecer a militares o policías procesados por delitos de lesa humanidad.




Estas son las contradicciones que parecen no haber advertido los medios, o mejor aun parecen no querer advertir. El programa del candidato Ollanta Humala está plagado de incoherencias y contradicciones, de propuestas incompletas y poco viables, pero reitero, como ya lo hiciera en una anterior oportunidad, presenta una propuesta programática, en cambio, en materia de Derechos Humanos y democracia, el programa de Keiko Fujimori, no dice absolutamente nada, el capítulo de derechos humanos, no existe, no es importante para el fujimorismo. Por eso es que sorprende que de manera súbita Keiko Fujimori pretenda dar un giro de discurso hacia la izquierda, pues de izquierdista, comunista y rojo tildaban a todo aquel que se atrevía a interpelar al gobierno de su padre por la comisión de estos crímenes, y pretenda mostrarse como un especie de encarnación de lo más noble de la doctrina y del movimiento en defensa de los derechos humanos.




Me pregunto, si ese fue su intención inicial, si siempre ha creido en estos valores y principios, porqué su actitud y sus palabras y declaraciones de los últimos años van en contra de este camino, porqué si condena el autogolpe del 5 de abril de 1992, los crímenes de Cantuta o Barrios altos, la reelección para un tercer periodo de su padre en 2000, lleva consigo a Yoshiyama, defensor del 5 de abril y de todo la persecución política desatada contra los opositores al régimen, porqué llevar a Martha Chávez, defensora del Grupo Colina, quien fuera una de las principales propulsoras de las leyes de amnistía promulgadas en favor de estos criminales, porqué llevar e insistir en personajes como Rafael Rey, de reconocidas posiciones políticos autoritarias y conservadoras, creador del decreto 1097 a través del cual se pretendió beneficiar a militares violadores de derechos humanos, enemigo declarado de las organizaciones vinculadas a la defensa de los derechos humanos, quien tildara de mentira caviar al Informe de la Comisión de la Verdad. Por estas razones es que en lo personal me cuesta creer en la palabra de Keiko Fujimori al hablar de derechos humanos y democracia. Porque tendríamos que creerle cuando dice que no indultara a su padre, acaso el fujimorismo se ha caracterizado por su respeto a la legalidad, porque creer que no beneficiara a militares y policías implicados en matanzas y masacres, acaso el fujimorismo ha hecho suyas las disposiciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la cuales se prohíbe el indulto y derechos de gracia a favor de estos criminales, cómo creerle a una persona que sigue llamando gobierno democrático a uno en el cual el robo, la corrupción y la violación de derechos humanos fueron parte del día a día, cómo creerle a una persona que participó con entusiasmo de la campaña para la tercera reelección de su padre, sabiendo que esta era inconstitucional, y que tres magistrados habían sido defenestrados por oponerse a tamaño atropello contra la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho. Permítanme dudar, o en todo caso, decir con claridad: Keiko Fujimori no te creo.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

El Rey de los disfraces


Allá por la década de los treinta del siglo pasado, un hombre, un actor, era considerado una de las estrellas más importantes del denominado Cine Mudo, su nombre era Lon Chaney (1883-1930). La versatilidad de este hombre para la interpretación de los más diversos personajes lo llevó a ser conocido por la crítica estadounidense como “El hombre de las mil caras”. Entre la innumerable gama de papeles que le tocó representar destacan básicamente la de hombres afligidos, apesadumbrados, grotescos. Su enorme capacidad para el maquillaje y el travestismo lo convertían en un auténtico camaleón, en un actor multifacético capaz de dar vida a papeles tan disímiles como el del “Jorobado de Notre Dame” o como el protagónico del “Fantasma de la ópera”. Incluso, fue el propio Chaney el que en 1925, en un artículo publicado en la revista Movie, se refirió a esta habilidad como la capacidad de “caracterización extrema”.

Hago esta mención a la vida, obra y talento de Chaney ya que siendo un aficionado, medianamente enterado del acontecer en la industria del cine, había perdido ya la esperanza de encontrar entre los actores nacionales a alguien que pudiese desarrollar una capacidad de mimetización similar a la de este actor estadounidense. Sin embargo, y como en estos últimos tiempos el Perú se ha convertido en un terreno fértil para el surgimiento de nuevos talentos que son motivo de orgullo nacional, esta semana todos los peruanos hemos asistido al nacimiento de una nueva estrella, de un nuevo actor, de un hombre que seguramente se convertirá, si es que ya no lo era en años anteriores, en el Lon Chaney peruano, en el “El hombre de las mil caras”, nos referimos, sin lugar a dudas, al señor Rafael Rey, más conocido con el apelativo de Rafael, el hombre de las mil camisetas políticas, Rafael, el homofóbico Rey, o simplemente, Rafael, el defensor de la ley de amnistía para el Grupo Colina, o Rafael, el rey de los disfraces.


A pesar de contar ya con 56 años de edad, Rafael ha decidido iniciar, más vale tarde que nunca, su indetenible ascenso hacia el estrellato cinematográfico. Rafael, quien hace apenas algunos días señalaba que la hora de su retiro de la vida política nacional había llegado, Rafael, quien hace apenas algunos meses saboreaba las mieles del poder siendo Ministro de Defensa del actual gobierno aprista (Partido Político peruano de innegable trayectoria democrática), cansado seguramente de interpretar papeles menores, y roles secundarios en cuanto rodaje político ha participado, decide asumir un papel más protagónico, y para ello ha aceptado la invitación de la candidata del fujimorismo, la señora Keiko Fujimori (para mí la candidata de la dictadura y la cleptocracia en el país) de acompañarla en su fórmula presidencial en calidad de primer vicepresidente.


Cada persona, todo ciudadano en nuestro país tiene el derecho de participar activamente en política, ser candidato a algún municipio, alcandía, gobierno regional, congreso de la república, y claro está, a la presidencia de la nación. Lo curioso entonces no estriba en la decisión del “Señor mil caras”, perdón de Rafael Rey, o “mil caras”, creo que el apelativo en este caso goza de una identidad mayor a la de su propio nombre. Lo realmente sorprendente es la manera tan creativa de nuestros politicastros, “mil caras Rey” es el abanderado de este grupo de insignes señores, de sobrevivir políticamente, de acomodarse y colgarse, en este caso de las faldas de una candidata, con el afán de no perder esa pequeña cuota de poder político y mediático que los hace sentirse importantes. Para Rafael, como para tantos otros políticos de su especie, la palabra compromiso, consecuencia o fidelidad a algún valor, principio o ideología política, no es un factor que uno deba tener en cuenta, o darle mayor importancia, al momento de decidir su apoyo a tal o cual opción de gobierno. Rafael lo ha demostrado, puede parasitar en el interior de un movimiento democrático o antidemocrático, o puede, en caso sea necesario formar su propio partido o movimiento político y ofrecerlo como vientre de alquiler a cuanto aventurero desee probar suerte en el jaleo electoral en el cual hemos convertido cada elección en nuestro país.


El “hombre de las mil caras”, inició su carrera política en el año de 1990, como miembro del Movimiento Libertad, liderado por nuestro Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa. Como recordaremos este movimiento centraba su línea ideológica en la defensa de dos principios básicos: libertad y democracia. Durante toda la campaña “mil caras Rey”, y así puede verificarse en los videos de la época, se esforzó por mostrase ante la ciudadanía como el paladín de la democracia y el defensor más entusiasta de las reformas liberales dentro del citado movimiento. Pero al parecer su talante democrático le duró muy poco, o en todo caso, le duró el tiempo que necesitó durarle. “Mil caras” ya había alcanzado cierto nivel de popularidad, “mil caras” ya era un personaje público, y en ese sentido, eso de defender la democracia o los derechos y libertades políticas en nuestro país podían echarse al olvido, y así lo hizo, como veremos a continuación.


En 1992, y luego del golpe de estado perpetrado por el dictador, asesino y ladrón, Alberto Fujimori, golpe que fue celebrado y respaldado por “mil caras”, decide fundar el Partido Político Renovación, ese año postula al congreso y llega a ocupar la Vicepresidencia del Congreso Constituyente Democrático, convirtiéndose en uno de los más fervientes defensores de las medidas adoptadas por el dictador, hoy en día sabemos que en gran parte de las mismas la mano siniestra de Vladimiro Montesinos reclamaba derechos de autor. Es decir, “mil caras” pasó de ser un concienzudo defensor de las ideas democráticas y liberales propugnadas por Vargas Llosa a defensor de las afiebradas y atolondradas ideas, por usar algún tipo de adjetivo de menor calibre, de Fujimori y Montesinos, y no nos olvidemos de Jaime Yoshiyama, actual segundo Vicepresidente y compañero de fórmula presidencial de “mil caras” y Keiko.


Llegadas las elecciones de 1995, “mil caras” decide romper su alianza matrimonial con el dictador, aunque en la práctica mantuvo su status de conviviente solícito o amante ocasional de una, dos, tres o trescientos sesenta y cinco noches, y se manda mudar a las filas de la oposición. A pesar de ello, y en contra de todos aquellos que creemos que la palabra oposición significa “mostrar actitud contraria a los designios, medidas o decisiones del otro u otros”, “mil caras”, con su talento para el camuflaje camaleónico del cual ya en ese entonces hacía gala, siguió apoyando medidas tan antidemocráticas y deleznables desde el punto de vista ético, jurídico y político, como la promulgación de la Ley de Amnistía que beneficiaba a los miembros del Grupo Colina y otros violadores de los derechos humanos, procesados, en ese entonces, por la matanza de Barrios Altos, La Cantuta, el Santa y la desaparición del periodista Pedro Yauri. Si a todo ello le sumamos el hecho que durante ese periodo, mil caras, al igual que otros políticos medrosos y comodines, preferían hacer caso omiso a las innumerables denuncias hechas contra Vladimiro Montesinos por delitos como, asesinato, lavado de activos, venta de armas, narcotráfico, entre otros, queda claro que “mil caras” se ganó un lugar en la historia como uno de los pioneros de lo que en el año 2000 se conocería bajo el nombre de transfuguismo.


Llega el año 2001, y “mil caras”, como es costumbre en él, porque un congreso “sin mil caras” no es un congreso peruano, decide plegarse a las filas de la Alianza Unidad Nacional, logrando ser elegido congresista para el periodo 2001-2006. Pero si la fidelidad de “mil caras Rey” o el “Rey de las mil caras”, había sido ya comparada, anteriormente, con la fidelidad que una meretriz guarda por su cliente de turno, en esta ocasión, “mil caras” decidió ir más allá de lo antes visto, y convertirse en la imagen más emblemática de la promiscuidad política. Meses después de ser elegido representante al Parlamento Andino por la Alianza Unidad Nacional en 2006, decide renunciar a esta agrupación, a esas alturas de su vida una renuncia más, una infidelidad más, una traición más qué importa pensaría “mil caras”, como se dice coloquialmente, se trataba de una raya más al tigre, dejando en la más completa soledad a su ex lideresa, Lourdes Flores Nano, a la cual calificó luego de torpe, de niña mimada, de inmadura e inocentona, entre otras perlas, cada vez que ella se atrevía a criticar a su nuevo jefe, el presidente Alan García.


Luego de la renuncia, incluso antes, “mil caras” aceptaba la invitación del presidente Alan García, y se incorpora como miembro de su gabinete asumiendo la cartera del Ministerio de la Producción (julio 2006- octubre 2008), primero, y la cartera del Ministerio de Defensa (julio 2009- setiembre 2010), respectivamente. Una vez más, “mil caras” se olvidó de lo que alguna vez dijo, olvidó que firmó la acusación constitucional en la década de los noventa contra Alan García, y a pesar de haberlo tildando de ladrón y corrupto, decide cuadrarse frente a este ladrón y corrupto, estoy reproduciendo los términos de Rey, y se convierte en su ministro de Estado.


Visto ese escenario, los que pensábamos que la edad de Rey ya no le permitía una aventura más, una canita al aire más, una infidelidad más, nos equivocamos. Los que pensamos que “mil caras” apoyaría a la candidata del partido de gobierno, de su ex colega en el gabinete ministerial del APRA, nos volvimos a equivocar. Rey, o “mil caras”, es lo mismo, decide dejar a Mechita Aráoz, la candidata de Alan García, con los pelos alborotados, con el traje de gala puesto, y con la mayor desfachatez posible, decide asistir al baile de las elecciones 2011, y él es hace ya tiempo un diestro bailarín de la danza del chino, de la mano de la hija del dictador.


Los periodistas, que en este caso no sé o no entiendo porqué se esfuerzan por preguntarle las razones de este nuevo matrimonio, reciben de parte de “mil caras” la siguiente respuesta: “han sido el programa político y la visión de Keiko las razones que me han convencido de participar en estas elecciones”. Luego de esas declaraciones, francamente risibles y fariseas, me pregunto lo siguiente: ¿Alguien en su sano juicio, alguien que conozca la historia de este oscuro personajillo de la política nacional, puede dar credibilidad a esta afirmación? Yo creo que no. “Mil caras” o Rey ha demostrado a lo largo de su accidentada vida política que lo que menos evalúa al momento de decidir sus alianzas, matrimonios o aventuras políticas, siempre ocasionales y de corta duración, es el programa político o la visión de estado de quien lo representa. Para “mil caras”, lo único importante es abrazar la figura de quien en los próximos años le pueda asegurar una posición de poder medianamente relevante y con ello un protagonismo que aún no está dispuesto a perder. No importa si a quien abraza es un ladrón, corrupto, mentiroso, improvisado, eso no importa. Lo único que importa en el análisis del “rey de las mil caras” es seguir parasitando al interior de cuanta agrupación pueda. En todo caso, de ser cierto lo que dice Rey, “mil caras” se ha convertido en el peruano más afortunado de nuestro país, es el único que ha podido leer un plan de gobierno que no existe, salvo en la imaginación de Keiko, Rafo, Sousa, Aguinaga o Moyano. O es que acaso dudan que el plan de gobierno de la dinastía Fujimori, menos violenta pero igual de corrupta que la de los YaKuza, se aloja en la mente retorcida del asesino de Cantuta, Barios Altos o el Santa. Si alguien lo duda, lo siento por él, en todo caso, la ingenuidad de algunos, sólo me invita a la carcajada, ja, ja, ja.

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