martes, 14 de junio de 2011

¿Por qué perdió Keiko Fujimori la presidencia del Perú?



Dicen los especialistas que la llegada de la segunda vuelta en el Perú marca el inicio de una campaña absolutamente diferente a la que se sostuvo durante las semanas y meses anteriores a la primera elección. La dinámica, el vértigo, la polarización que se vive en este segundo tramo electoral exigen por parte de los candidatos y de sus respectivos equipos de campaña una redefinición un nuevo diseño en torno a la estrategia que deberán utilizar con el objetivo de capturar el voto de aquellos que en un primer momento optaron por otra candidatura.



En la segunda vuelta el candidato debe centrar su mirada en aquellos sectores de la población a los cuales su discurso en primera vuelta no logró seducir, el electorado que le brindó su apoyo en el pasado seguramente le renovará su respaldo en el tramo final camino a la presidencia, es por ello que el giro en torno a las propuestas, la moderación del discurso político y las alianzas que puedan formarse en el camino resultan ser fundamentales en este tiempo, la finalidad de todo esto es posicionar al candidato lo más al centro del escenario político, el objetivo es convertir al candidato de derecha o izquierda, en un candidato de centro diestro o zurdo, pues esa será la única manera de llegar a ese elector indeciso que en situaciones como estas suele optar por aquel hombre o mujer que le genere menos temor, el elector de segunda vuelta no gusta de los candidatos radicales o extremos, que se comprometan con un solo sector de la sociedad, el elector de segunda vuelta, y así lo muestran las estadísticas en las últimas elecciones en el Perú elige siempre a un candidato de centro.




Fueron precisamente estas consideraciones las que en mi opinión no fueron calibradas adecuadamente por Keiko Fujimori y por su equipo de campaña. Sabido es que el porcentaje alcanzado por esta candidata en primera vuelta corresponde a ese voto duro fujimorista que la figura del dictador Alberto Fujimori logró consolidar a lo largo de los años, el mismo que en esta oportunidad volvió a ponerse de manifiesto, más aun cuando la candidata del fujimorismo resultó ser la hija de su “querido presidente”. El equipo cercano a Keiko no logró hacerle entender que si en primera vuelta había sido Alberto el verdadero artífice de ese más de 20% de votos obtenido, en este segundo tramo era ella quien debía salir a conquistar la emoción de los electores. El triunfo o derrota en este tramo serian responsabilidad exclusiva de la candidata y de los actores que la acompañasen en esta nueva aventura.




Creo que un primer error en la campaña de Fuerza 2011 es no haber logrado posicionar en el imaginario de la gente dos o tres propuestas atractivas con las cuales el elector indeciso y otros sectores del país además de Lima y ciertas capitales de provincias costeras lograran verse identificados. En ese sentido, era muy poco lo que el equipo de marketing publicitario podía hacer cuando en el plan de gobierno de Keiko no se encontraba más que un conjunto de buenas intenciones y metas con las cuales nadie podía estar en desacuerdo, pero ninguna propuesta concreta que le hiciera pensar al elector que era esta candidatura y no la otra la que podía mejorar su situación personal. Ahora bien, y para ser justos con los que rodearon a la candidata, es cierto también que los publicistas del fujimorismo no tuvieron el tino para diseñar o crear un spot publicitario en el cual se mostrara a la candidata como una figura cercana a la mayoría de peruanos y no solamente a aquellos que se habían visto favorecidos por el gobierno de su padre. En palabras de Fernando Rospigliosi podríamos decir que mientras la campaña de Ollanta Humala fue diseñada por profesionales, la campaña de Keiko Fujimori fue planeada y ejecutada por aficionados, por gente que no sabe de elecciones.




Un segundo error que creo termina por costarle la elección a Keiko Fujimori fue la poca capacidad que demostró su partido en la dura tarea de remozar y modernizar su organización. Keiko Fujimori volvió a reclutar a viejos personajes del fujimorismo de los noventa, cada uno más cuestionado que otro, se rodeó de las mismas caras que tan negativo recuerdo le traían a la mayoría de peruanos, figuras que defendieron el golpe de estado del 5 de abril, que bloquearon toda investigación posible sobre los crímenes del Grupo Colina, ejerciendo presión política en el Congreso y en el Poder Judicial de aquella época, que se valieron de su influencia en el círculo de poder más inmediato de Alberto Fujimori para cumular, casi siempre de manera deshonesta, grandes cantidades de dinero a costa de todos los peruanos, que defendieron la reelección fraudulenta del dictador en el año 2000, entre otras atrocidades más que son de público conocimiento. Dicho de otro modo, a Keiko Fujimori la terminó venciendo el peso de la historia pasada, de una historia plagada de corruptelas, asesinatos, atropellos, que al final del día terminaron por eclipsar la sonrisita simpática de la candidata.




Un tercer error, ligado a la poca capacidad de Keiko Fujimori y su grupo, para desmarcarse de la figura del dictador, fue no tender puentes de diálogo y entendimiento con otros grupos, movimientos políticos o sectores de la sociedad civil que ayudaran a colocar a Keiko en una posición de centro, alejándola de esa derecha autoritaria que tan poco rédito le terminó brindando el día de la elección. El fujimorismo, necesitaba urgentemente de este tipo de alianzas que le propinase ese aire de frescura y renovación que el elector reclamaba, más si se tiene en cuenta, como ya se dijo en líneas anteriores, que eran las mismas caras, la misma comparsa que acompañó al dictador la que en esta oportunidad oficiaba de “desinteresado grupo de asesores” de Keiko Fujimori. El fujimorismo, de manera incomprensible creo yo, se creyó autosuficiente, pensó que el temor y el miedo que la otra candidatura generaba era condición suficiente para llevarse por delante a su rival y alcanzar la presidencia, nada más alejado de la realidad, basta con leer las cifras obtenidas por Ollanta Humala en 2006 para que cualquier asesor de campaña, medianamente informado, se diera cuenta que la campaña era mucho más dura de lo que Keiko pensaba, que Ollanta Humala había consolidado un bastión electoral muy sólido en la sierra sur y central, y que por tanto ese miedo que desde los medios de comunicación capitalinos se pretendía infundir tenia poco o casi nulo efecto en un amplio sector del electorado. Si queremos ser más gráficos podríamos decir que mientras Ollanta Humala recibía el respaldo de gremios, de movimientos de la sociedad civil, de partidos y personalidades de distinto tinte político, de intelectuales y líderes políticos, como Mario Vargas Llosa o Alejandro Toledo, respectivamente, la señora Keiko Fujimori se quedaba huérfana de amigos, y al voltear la mirada no veía sino a los mismos amigotes de su padre de siempre, que tanto conocía y a los cuales, en gran medida, les debe su derrota.




Un cuarto error de la candidata y de su equipo fue la estrategia con la cual Fuerza 2011 llegó al último debate. En una elección tan cerrada y tan polarizada como la que hemos vivido, un debate televisado de alcance nacional puede inclinar la balanza o consolidar las tendencias a favor de uno u otro candidato. En mi opinión creo que Keiko Fujimori equivoca la posición y la actitud con la cual enfrentó a Ollanta Humala ante miles de televidentes. Para ser más explícitos podríamos recurrir a una frase deportiva que se suele emplear en el fútbol, Keiko Fujimori cometió el error que cometen aquellos equipos que por querer salir a empatar un encuentro, pues es solo un punto el que necesitan para alcanzar el campeonato, terminan por perder el encuentro, pues entregándole todo el terreno al rival terminan por ser devorados por el ímpetu de quien tienen enfrente. De eso fuimos testigos todos los peruanos, mientras el candidato de Gana Perú fue ganado terreno a medida que transcurrían los minutos, mostrando un discurso mucho más articulado, con una actitud mucho más agresiva, punzante, con un inteligente ataque, la candidata de Fuerza 2011 se iba desinflando poco a poco, mostrando una imagen de niña asustadiza que no puede dar respuesta a los cuestionamientos y preguntas que le hace su maestra de historia. La estocada final vino sin lugar a dudas con el tema de las esterilizaciones forzadas, Keiko Fujimori no tuvo el aplomo ni la inteligencia para sortear ese obstáculo, Ollanta había dado en el clavo, el golpe había sido certero, días más tarde muchas mujeres indignadas por el recuerdo de tamaño crimen migrarían hacia las filas de Gana Perú haciendo estériles los esfuerzos de Keiko por recobrar su confianza.




Un quinto error de Fuerza 2011, llegó en los días posteriores al debate, en el último tramo, los voceros del fujimorismo se esforzaron por dinamitar su propia candidatura desde adentro, escuchar las declaraciones e intervenciones de Martha Chávez, Rafael Rey o Jorge Trelles, era como imaginar a Keiko Fujimori con una Magnun armada disparándose a la sien, y si de un disparo, por fortuna u obra divina puedes librar tu intento suicida, tres disparos de esa envergadura no los resiste ni Superman. El señor Trelles en pleno debate sobre la política antiterrorista y sobre la pacificación del país durante los noventa suelta una frase épica ¡Nosotros matamos menos!, la señora Chávez, como para no olvidar lo que hizo el fujimorismo con las instituciones del Estado, nos refresca la memoria y sentencia ¡El señor César San Martín tendrá que responder a partir de 28 de julio por sus actos!, finalmente, el señor Rafael Rey, con la frase más celebrada por el humalismo, refiriéndose a las esterilizaciones forzadas lanza una reflexión de antología: ¡Una cosa es esterilizar sin la voluntad de la mujer y otra es contra su voluntad! Luego de ello a Keiko no le quedó más que darle de baja a Trelles como vocero oficial, encerrar bajo siete llaves a Chávez para evitar sus exabruptos y tragarse el sapo de ver como Rafael Rey, reclutado para dar una imagen de honestidad y seriedad, se convertía en el mejor guionista de los programas humorísticos.




Finalmente, la cereza al pastel de nombre fracaso la pondría la propia Keiko Fujimori el día en el cual en pleno mitin de cierre de campaña recibió el abrazo de PPK, lo peor que le podía pasar a Keiko Fujimori era recibir el saludo y el respaldo de un personaje tan vinculado a la derecha más conservadora y mercantilista de este país. Todos los esfuerzos, porque algunos hizo, por centrar su candidatura alejándose de las antípodas de la derecha e izquierda se iban al agua. Keiko Fujimori se convertía en la candidata de los grupos de poder, de los grandes intereses económicos, de los poderes fácticos, representados por su mensajero y lobista preferido, Pedro Pablo Kuzcynski. Ello sumado al respaldo desvergonzado e indigno que durante esta campaña la candidata que representaba al gobierno más corrupto de la historia republicana de nuestro país recibía por parte de los medios de comunicación generó un efecto de rechazo inverso del electorado a favor de Ollanta Humala. ¿Por qué solo atacan a Humala? ¿Por qué los diarios que tildaron de corrupto, ladrón y asesino a Alberto Fujimori hoy en día se olvidan de ese pasado y defienden a Keiko? ¿Algo oscuro debe estarse maquinado en esa candidatura? Estas preguntas taladraron la mente de los electores, de muchos indecisos que en la misma cola de la votación le dijeron no a Keiko Fujimori, pues su memoria puedo más que la campaña de miedo desatada por la gran prensa nacional, con su decano en la primera línea de fuego. La suerte estaba echada, Keiko Fujimori perdía las elecciones, para tristeza de los grandes amigos del fujimorismo que durante una década contribuyeron de manera directa o con su silencio cómplice al envilecimiento de la política nacional, saqueando las arcas del Estado y violando el derecho de cuanto peruano tuvo el coraje de decirles basta.

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