jueves, 28 de noviembre de 2013

¿PRESIDENTE DEL CONSEJO DE MINISTROS O SECRETARIO FAMILIAR?




¿Tiene el Perú a un Presidente del Consejo de Ministros? Yo diría que no, al menos no en términos reales. Hace mucho que en nuestro país no contamos con una figura política capaz de desempeñar este importante cargo con el talante y la autoridad que la política de Estado así lo exige. Lo que hemos tenido no es otra cosa que un puñado de figuras decorativas, cuadros pintados en la pared de Palacio de Gobierno, que no han hecho otra cosa que seguir a pie juntillas lo que su empleador les ordena. Sin embargo, y a sabiendas de que puedo ser tildado de apristón (sobre todo por mis amigos de la izquierda) diría que el último Presidente del Consejo con peso político propio en nuestro país fue Jorge del Castillo Gálvez.

El premierato en el Gobierno de la familia Humala

En todo caso, y la experiencia última así nos lo demuestra, la Presidencia del Consejo de Ministros de este Gobierno, ha sido un cargo reservado para aquellos hombres dispuestos a convertirse en los primeros secretarios de la familia Humala/Heredia. Porque vamos, nadie podría negar, sin ser tildado de mentiroso, cándido o sobón, que los cuatro presidentes del Consejo de este gobierno familiar, han sido personajes fantasmales a los cuales pocos peruanos recuerdan. Más aún, si revisamos las encuestas de poder, podremos observar que ninguno de ellos apareció jamás en una posición expectante en este cuadro de honor, pues todos ellos, sin excepción, estuvieron siempre opacados por los vestidos luminosos de la primera dama.


Ahora bien, si a ello le sumamos que el tiempo de vida de estos cuatro presidentes del Consejo, ha sido de apenas 8 meses (promedio), no resulta extraño que la mayoría de peruanos haya olvidado, por ejemplo, que Salomón Lerner fue el primero en esta lista, y que Juan Jiménez Mayor acaba de cederle la posta a César Villanueva. O que Óscar Valdés (el segundo) complotó desde las entrañas del propio gobierno para tumbarse a Salomón Lerner, mientras este se esforzaba por solucionar el conflicto social en Cajamarca generado por la implementación del proyecto minero Conga. Como verán, estas historias son ya parte de nuestro pasado, de un pasado que se ve muy lejano, pero al que siempre volvemos, porque si algo hemos demostrado los peruanos, es nuestro talento innato para tropezar siempre con la misma piedra. Sobre todo cuando de política se trata.

¿Qué esperar de César Villanueva?

La verdad yo no espero nada, el señor será más de lo mismo, una figura opaca, gris, dispuesta a cumplir sin chistar lo que el gobierno familiar le señale. Y si por si acaso, en alguna oportunidad, al señor se le ocurre decir NO, estoy seguro de que la familia Humala/Heredia tendrá listo el nombre de otro personaje (igual o más pequeñito que él) para colocarse el fajín y presentarse ante el Congreso de la República a suplicar (no a pedir) el voto de confianza de la representación nacional. Aunque para ello tenga que pasarle la franela al fujimorismo y al aprismo, fuerzas políticas que, apelando a nuestra falta de memoria, hoy se autoproclaman defensores de la moralidad pública, y acusan al gobierno familiar de “ollantamontesinismo”. ¿Acaso el fujimorismo ya olvidó su videoteca en las salitas del SIN? ¿Acaso el aprismo olvidó que Agustín Mantilla recibió dinero de manos de Montesinos para invertirlo en el partido?


Pero como algunos peruanos somos masoquistas, y vivimos esperando la llegada de una personalidad capaz de marcarle el norte a un gobierno familiar que hace mucho tiempo perdió la brújula, y que le ha entregado la conducción del país a un piloto automático programado por los grandes grupos de poder económico, yo me tomé la molestia de seguir la presentación de este nuevo Presidente del Consejo ante el Parlamento de la República.

¿Cómo resumir la presentación de César Villanueva?

Muy simple, luego de decirle al país que lo que no debemos perder es la fe y la esperanza (¿en qué?, me pregunto yo), el señor Villanueva se atrevió a decirnos que la receta para sacar al Perú adelante es la que él implementó en la Región San Martín, en donde se desempeñó, hasta antes de aceptar ser el secretario de Nadine Heredia (perdón, el titular del Consejo), como Presidente Regional. Lo dijo sin ruborizarse, lo afirmó sin sonreír, lo señaló como creyendo que esta “idea revolucionaria” arrancaría el aplauso general del auditorio congresal. ¿Es que acaso este señor piensa que los peruanos vivimos en la más completa y supina ignorancia? ¿Será posible tanta arrogancia? ¿O es que acaso ese libreto se lo dejó escrito Adrián Villafuerte antes de “dar el paso al costado”?

No señor Villanueva, usted está completamente equivocado. El modelo de su región no puede ser aplicado a todo el país. ¿Y sabe por qué? Para citar a César Hildebrandt: “porque los problemas de nuestro país no se arreglarán con plata del exterior y convenciendo a los cocaleros a que le vendan cacao mejorado a la Nestlé”. Como si el desarrollo dependiese únicamente de la actividad agroexportadora, que sin lugar a dudas es importante, pero no lo suficiente como para decir que el Perú despegará siguiendo el modelo San Martín. ¿Y los problemas estructurales? ¿Y los problemas institucionales? ¿Y la gran corrupción que infecta a todo el aparato público? ¿Y la debilidad de nuestro Estado de Derecho? ¿Y la informalidad de nuestra economía? Díganos señor César Villanueva, ¿cómo solucionó esta problemática en su región? Vendiéndole cacao a la Nestlé no creo.



La precariedad de nuestra clase política

Dicen las abuelas que “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Bueno, creo que la familia Humala/Heredia, se ha tomado muy a pecho este dicho popular, pues en lugar de buscar a una personalidad con trayectoria política y cualidades de estadista para conducir y articular el Consejo, el Presidente de la República y su “siempre presente” esposa, se han esforzado en nombrar como Presidentes del Consejo a los hombres más improvisados, y a la vez, a los más pusilánimes de nuestra política. Está bien, entiendo que en nuestro país no abundan los líderes, pero creo que sí era y es posible buscar el concurso de hombres y mujeres con una hoja de vida que despierte mayores entusiasmos.

Técnico o político

Cierto sector del país, sobre todo los empresarios, señalan que el Presidente del Consejo, como casi todos los ministros, debe ser un “tecnócrata independiente”, que no le deba favores y lealtades a nadie, que no provenga de la clase política tradicional, porque esa es la única manera de asegurar “eficiencia y celeridad” en el manejo de la cosa pública y en la toma de decisiones. Cuando escucho estas opiniones, o leo este tipo de afirmaciones en la prensa, no puedo hacer otra cosa que asombrarme y reírme de la ignorancia política, y al mismo tiempo, del cinismo de nuestros empresarios (sobre todo de los grandotes). Escucharlos decir que quieren a un “independiente”, cuando son ellos los que siempre han tratado de manipular y doblegar a quien tiene una posición política autónoma frente a sus intereses (pregúntenles por Salomón Lerner), es algo francamente inadmisible.


La política se hace desde los partidos no en contra de ellos

¿Dónde se forman los políticos? En toda democracia, los políticos se forman y hacen carrera al interior de los partidos. Son los partidos los que educan, instruyen y desarrollan a su militancia. Son los partidos los que forman a los cuadros políticos que luego conducirán los destinos del país cuando lleguen a ser gobierno o sean convocados por los demás partidos para desempeñar estas funciones.

Entonces, en un país como el Perú, que no cuenta con partidos políticos sólidos e institucionalizados, es muy difícil encontrar a hombres o mujeres con las capacidades necesarias para desempeñar funciones de Estado. Por eso es importante que en el Perú se retome el debate sobre el fortalecimiento de los partidos políticos. Una democracia sin partidos, es como un club de fútbol sin categorías inferiores. ¿De dónde sacamos a los jugadores? Por lo que la estabilidad del Gobierno termina dependiendo de la llegada de un “independiente” sin formación, trayectoria y peso político propio para hacerle frente a las presiones que vienen desde adentro y desde afuera del Gobierno.

¿Por qué es importante la figura del Presidente del Consejo de Ministros?

La formación y las habilidades políticas del Presidente del Consejo son vitales, por la sencilla razón de que constitucionalmente, esta persona tiene la facultad, junto al mismísimo Presidente de la República, de nombrar y remover a los demás ministros. Y porque además, y eso es algo que a veces se olvida, se trata de la persona que coordina las funciones de los demás ministerios (incluyendo al de economía, aunque decir eso en el Perú parezca una ironía), convirtiéndose, después del Presidente de la República, en el portavoz autorizado del gobierno.


Dicho todo ello, debo expresar que espero estar equivocado con respecto a César Villanueva, espero que sea un magnífico ministro, y que trabaje mejor de lo que expone. Aunque para ser sinceros, creo que el señor Villanueva es el más minúsculo de todos sus colegas. Por eso esta vez quisiera estar completamente equivocado.

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viernes, 2 de agosto de 2013

OLLANTA HUMALA: "EL LABERINTO DE LA SOLEDAD"






Usaré el título del genial libro de Octavio Paz, publicado en 1950, para graficar la situación de orfandad por la que atraviesa nuestro presidente. En este libro, el genial escritor mexicano reflexionó en torno al comportamiento individual y colectivo de sus paisanos. Nosotros no tenemos una aspiración tan ambiciosa, tan solo buscamos comprender por qué nuestro presidente se encuentra políticamente tan sólo. 

Nuestro presidente se encuentra aislado, y eso es muy peligroso. Con el correr de los meses los errores del jefe de Estado lo han ido alejando del conjunto de partidos, movimientos y actores que respaldaron su candidatura. Eso ha hecho que carezca de todo tipo de apoyo social y político al momento de impulsar las reformas que el país necesita. Creo que nadie puede negar la importancia de algunas reformas que el presidente busca promover (servicio civil, educación universitaria, entre otras), pero para ello necesita contar con operadores políticos que refuercen y respalden socialmente sus planteamientos. El presidente simplemente no los tiene.

Recordemos que el presidente asumió el cargo de la mano de un conjunto de personalidades políticas y técnicos de centro-izquierda que lo ayudaron a consolidar políticamente su figura durante todo ese tiempo. Sin embargo, y luego de la crisis desatada por el conflicto en Cajamarca (Proyecto minero Conga) decidió romper con el grueso de este grupo buscando tender puentes de diálogo con ese otro sector al cual el propio presidente enfrentó a lo largo de toda la campaña electoral (una alianza contra-natura). 

Fue este giro hacia la derecha lo que motivó la salida del Premier Salomón Lerner, y anunció la llegada de Óscar Valdés, quien hasta ese momento se desempeñaba como ministro del Interior. Hoy, todos sabemos que Valdés y el sector al que este representa, hicieron de todo para propiciar la caída de Lerner, y con ello la salida de los políticos progresistas a los cuales él había logrado convocar para la campaña (con la luz verde de la pareja presidencial).

Por algunos meses el Presidente se sintió seguro, creyó (ilusamente) que si tenía de su lado a los grupos de poder económico y medios de comunicación afines (los mismos que trataron de minar su candidatura) podría ir consolidando su imagen de hombre de Estado, situación que le permitiría fortalecerse y afrontar los reclamos y demandas que los sectores populares que respaldaron su candidatura le harían al ver que el presidente por el cual votaron los traicionó incumpliendo muchas de las promesas (hoja de ruta incluida) que les hiciera para llegar a la presidencia de nuestro país.

El Presidente se equivocó (de medio a medio), eso evidenció la falta de experiencia política y la poca capacidad que ha mostrado a la hora de leer el panorama y la coyuntura política que se le presenta. Creer que la derecha económica se movilizaría y saldría a los medios de comunicación a defender la imagen y gestión de una persona a la cual hace algunos meses veía como un “monstruo marxista y comunista” que destruiría a nuestro país, fue un error que más temprano que tarde le pasaría factura. 

En un sistema político sin partidos como el nuestro, con niveles de institucionalidad tan bajos y con una cultura política tan escasa, resulta fundamental que el presidente en ejercicio tenga la capacidad para establecer puentes de diálogo con diversos sectores de la sociedad, no solamente con aquellos que a lo largo de las últimas décadas han “convertido al país en su feudo.” Esa es la única manera de poder asegurar niveles de estabilidad social y política medianamente óptimos que le permitan al Gobierno de turno llevar adelante el programa de reformas que desea implementar.

Cuando un presidente no cuenta con un partido político orgánico que lo respalde y que sea capaz de dar batalla en las calles a nivel de gremios, sindicatos, movimientos de base, organizaciones populares y grupos de la sociedad civil, la búsqueda de alianzas sociales (además de las políticas) es un imperativo categórico. Una tarea que no puede ser pospuesta para el día de mañana, una labor que no puede ser encomendada al Primer Ministro, sobre todo teniendo en cuenta la escasa solvencia y el poco peso político de éstos. Es el mismo presidente el que tiene que salir a construir esos lazos. Pero para eso se requiere algo más que una esposa carismática. Se requiere talento y convicción, características ajenas al presidente.

Es preocupante lo que ocurre ahora con nuestro presidente, la soledad política en la que vive lo convierte en una figura débil, y esa debilidad se traslada al Gobierno en su conjunto, ya que en un sistema presidencialista como el nuestro, la solidez de la figura del jefe de Estado se irradia a todo sistema político. En otras palabras, la suerte del sistema depende en gran medida de la fortaleza o debilidad que el presidente proyecte. Si el presidente es débil entonces se abre el camino para que los discursos violentistas y radicales logren capitalizar y movilizar a los sectores sociales a los cuales él decidió ignorar, con huelgas y paralizaciones que generan caos e inestabilidad.

Siempre me pareció un tanto aburrido hablar del rol protagónico que la Primera Dama (por primera vez en nuestra historia republicana) juega en este Gobierno. Lo digo así porque nadie con dos dedos de frente puede negar la influencia que la esposa (o esposo, de ser el caso) tiene sobre su pareja. Los medios se sorprenden de que Nadine Heredia se haya convertido en la “vocera real del Gobierno”, en la verdadera “Primer Ministro” de nuestro país. La verdad es que a nosotros eso no nos causa admiración. 

Como ya lo dijimos, cuando el presidente se quedó sólo, y perdió el apoyo de quienes creyeron en su proyecto (también en la hoja de ruta), para luego darse cuenta que sus “amigos” de la Confiep nunca lo aceptarían como uno de los suyos, buscó refugio en la única persona en la cual verdaderamente confía: su esposa. Para construir alianzas políticas con diversos sectores se requiere talento, pero también se necesita que las partes sientan confianza y crean en la palabra y en los compromisos asumidos por los demás. Una confianza que el presidente no tiene.



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jueves, 19 de julio de 2012

ENTREVISTA A LA CONGRESISTA ROSA MAVILA


Rosa Mavila, abogada y Congresista de la República, conversa con “LA LEY” y expone sus puntos de vista en torno a temas vinculados a la reforma constitucional, lucha contra la corrupción, sistema penitenciario y conflictos sociales. Al mismo tiempo, nos brinda algunas reflexiones sobre la coyuntura política actual y explica las razones de su alejamiento de la bancada de Gobierno en el Parlamento.

POR: RAFAEL RODRÍGUEZ CAMPOS

Sobre la reforma constitucional como oferta electoral 


  1. Ollanta Humala, señaló durante la campaña que la Constitución de 1993 no viabilizaba el proyecto de transformación del país. ¿Usted cree que para el “actual presidente” la Constitución de 1993 sí posibilita la transformación del país?

Durante la campaña diversos sectores sociales y políticos sostuvimos la necesidad de redefinir el orden constitucional vigente. Sin embargo, existen sectores que siendo arrebatadoramente defensores de la Carta de 1993 tratan de defender la idea impuesta bajo la cual al Estado solo le corresponde un  rol subsidiario en temas económicos y sociales. Nosotros, por el contrario, creemos que el Estado debe asumir un rol protagónico y tuitivo en materia de derechos económicos, sociales y culturales. Nosotros creemos que es necesario abrir un debate nacional sobre algunas reformas constitucionales. Sin embargo, y siendo pragmáticos, debo decir que para reformar la Constitución necesitamos cuando menos 87 votos, una mayoría que en la actualidad no tenemos.


  1. A propósito de las reformas constitucionales: ¿Recuerda usted algunas de las propuestas de reforma constitucional planteadas por el presidente el 28 de julio?

No, no las recuerdo. Le agradecería que me refresque la memoria (paso a refrescarle la memoria).


  1. ¿Comparte la propuesta del presidente de modificar la Constitución para que los delitos de corrupción de funcionarios sean imprescriptibles?

Son varios países en los cuales se plantea esta opción. En nuestro país, si la memoria no me falla, entre el año 90 y 2000 se presentaron 15 proyectos de ley con ese objetivo. En la actualidad tenemos dos propuestas sobre este tema: la reforma del artículo 41 de la  Constitución y la duplicación de las penas para este tipo de delitos. Asimismo, también se contempla la posibilidad de inhabilitar de modo perpetuo al funcionario público corrupto. Por otro lado, debemos precisar si la imprescriptibilidad correría únicamente para el funcionario corrupto o si también opera para el privado corruptor. Pero más allá de ello, lo que debe quedar claro es que no se puede permitir que en nuestro país opere el robo sistemático de los recursos públicos como ocurrió durante el Gobierno de Fujimori. Por eso debemos ser firmes en esta lucha, no podemos dejar que la impunidad se generalice.
Yo creo que lo ideal sería reformar la Constitución, pero dado el escenario parlamentario actual, creo que la propuesta más viable es optar por la duplicación o triplicación de las penas para los delitos de corrupción.


Sobre la lucha contra la corrupción

  1. Ya que hablamos de corrupción: ¿Imaginó Ud. que el presidente nombraría como ministros de Estado a dos personalidades muy cercanas al fujimorismo como Óscar Valdés y Wilver Calle?

No, ni en mis peores noches de sueños detestables imaginé lo que Ud. señala. Este tipo de actos, tal como lo expuse en mi carta de renuncia a la bancada oficialista, demuestran que no existe coherencia entre lo que se dijo y lo que se está haciendo. Para mí, como para otros, estos nombramientos demuestran que quienes están gobernando son los que perdieron las elecciones. Ha llegado el momento de cuestionar esa práctica esquizofrénica de ofrecer una cosa para luego hacer todo lo contrario a lo ofrecido. 


  1. ¿No fue un error del presidente y de su bancada blindar a Omar Chehade en el caso de las Brujas de Cachiche? A muchos nos sorprendió su repentina inasistencia a esa sesión.

Bueno yo quiero decirle que mi inasistencia fue un acto de resistencia, porque había una presión para que se asistiera a blindar a Omar Chehade. Yo no podía blindar a Chehade, mi moral y ética me lo impedían. Pero tiene Ud. razón, quizá lo mejor hubiera sido asistir votando en contra del blindaje. Sin embargo, evaluando el tema desde un punto de vista estrictamente jurídico, yo creo que el informe de Marisol Pérez Tello carecía de sustento. Ahora bien, es cierto también que Chehade recibió una sanción ética por su conducta, perdió el cargo de vicepresidente y fue separado del Parlamento. Pero, es cierto también que este tema fue sobredimensionado por el PPC y el fujimorismo, detrás de quienes se ubicó la derecha mediática y los grupos de poder que habían perdido las elecciones. Lo triste es que con Chehade y otra persona más, conformábamos el trío que supuestamente iba a luchar contra la corrupción.


  1. ¿No siente usted vergüenza de haber pertenecido a una bancada que encabeza la lista de sancionados por la comisión de ética del Congreso?

No solo eso. Esa es una responsabilidad que debemos asumir. Pero detrás tenemos un tema de fondo mucho más complejo. En nuestro país carecemos de un sistema sólido de partidos. Esto hace que en cada campaña se trate de incorporar a gente que atraiga caudal electoral y apoye económicamente. Eso hace que al Parlamento lleguen personas como las que Ud. me ha nombrado (le recordé la lista de parlamentarios de Gana Perú sancionados). Por eso es preciso impulsar una reforma electoral que ayude a mejorar nuestro sistema político sancionando por ejemplo a congresistas que han dado información falsa al momento de presentar su hoja de vida. Pero también es hora de acabar con el cinismo y la doble moral, desterrar frases tan nacionales como “nosotros matamos menos y reactivamos el país” o “robó pero hizo obra”. Eso se tiene que acabar.


Sobre el sistema penitenciario


  1. ¿Qué propuestas de reforma al sistema penitenciario planteó el presidente cuando era candidato?

Para ser sincera, no se planteó ninguna propuesta de reforma penitenciaria. La realidad y vorágine electoral nos atrapó. El programa de la “gran transformación” es el más amplio de todos los presentados. Pero para ser sinceros, debo decir que ninguna fuerza política planteó propuestas en este terreno, salvo cinco líneas en el plan de Alejandro Toledo. Fue en el contexto de la campaña en donde debatimos el tema y confrontamos posiciones. La nuestra fue una posición sistémica y racionalista frente al populismo punitivo de nuestro oponente.


  1. El Estado reduce el tema del combate de la delincuencia al aumento de penas y eliminación de beneficios penitenciarios. Eso me parece un absurdo. ¿Ud. que opinión tiene al respecto?

Yo comparto esa opinión. Fíjese Ud., en la actualidad tenemos un movimiento que abraza las tesis del populismo punitivo y plantea tres cosas básicas: aumento desproporcionado de las penas, eliminación o recorte de beneficios penitenciarios y ampliación de la imputabilidad para menores con 16 años de edad. Eso trae problemas de tugurización, hacinamiento y criminalización al interior de los propios penales. Esta es una lógica perversa y antisistémica. Esta es una idea errada, ya se ha probado que elevar las penas no trae como consecuencia la reducción de la criminalidad.


  1. ¿Está a favor de la eliminación de beneficios penitenciarios a sentenciados por delito de terrorismo o violación sexual?

Ahora bien, con respecto al terrorismo, debemos tener en cuenta que el perfil de este tipo de criminales es muy particular, por eso es necesario un sistema de monitoreo para quienes recuperan la libertad. Yo creo que frente a los líderes y cabecillas terroristas, debemos actuar con total severidad. Lo mismo para quienes cometen delitos de violación sexual contra los niños. Incluso, para ambos casos yo elevaría las penas a 25 años. Pero ojo, ninguna política penitenciaria funciona si los internos no cuentan con condiciones de habitabilidad y políticas de rehabilitación social y educativa al interior de los centros penitenciarios que les permitan resocializarse y reincorporarse a la sociedad.


  1. ¿Ud. cree que el Gobierno cumplirá su objetivo de construir dos penales por año?

Bueno, en parte la meta ya se ha logrado con la construcción del penal de Piedras Gordas 2 y con el penal de Huaral. Pero el tema es más complejo, el Director del INPE, ha señalado que por mes ingresan 1000 internos a nuestras cárceles. Eso quiere decir que para cubrir esa brecha necesitamos por lo menos la construcción de 10 penales por año. Esa meta es imposible. No solo se requieren penales sino un mejor presupuesto para el sector, necesitamos aumentar los sueldos a los trabajadores penitenciarios. Debemos entender que el problema penitenciario se relaciona con el de seguridad ciudadana. Para ser sincera, y luego de conversar con el Ministro de Economía Luis Castilla, yo creo que su visión ortodoxa le impide comprender la naturaleza e importancia de este problema.


  1. ¿Sigue mostrando escepticismo frente a la propuesta de concesionar la administración de las cárceles al sector privado?

Mire, como dicen otros colegas, ahora que el hacinamiento es de tal magnitud no nos oponemos a nada. Pero debemos ir con cuidado. Había una propuesta en la cual el Estado ponía todo el capital y los privados se encargaban de la gestión únicamente. Es decir, los privados no asumían ningún riesgo en la inversión. Entonces, si eso es así, mejor destinemos esos recursos al INPE y fortalezcámoslo como institución, para mejor y modernizar su capacidad de gestión.


Sobre los conflictos sociales


  1. ¿Tiene el actual Gobierno una política definida en materia de solución de conflictos sociales?

Yo creo que la tuvo. Creo que el ex premier Lerner tenía una política basada en el diálogo, la concertación y la búsqueda de consensos. Pero mientras Lerner la desarrollaba, el actual Premier Óscar Valdés lo saboteaba, eso fue lo que en la práctica ocurrió. Ahora, tienen una política antidemocrática, basada en la represión, en la declaratoria de estados de emergencia y en la detención de los dirigentes locales.


  1. ¿Cometió Gregorio Santos el delito de rebelión al recordarle al presidente lo que ocurrió en otros países con mandatarios que incumplen sus promesas?

No, claro que no. El tipo penal de rebelión dice claramente: “el que se alza en armas”. Hablar en un discurso no es pues alzarse en armas. Eso es parte del derecho a la libertad de opinión que todo ciudadano tiene en una democracia. ¿Acaso lo mismo no ocurrió durante el Gobierno de Toledo, cuando García pedía su vacancia? Yo no creo en la vacancia y discrepo totalmente de Santos en este punto, pero respeto su derecho a expresarse con libertad.


  1. ¿No fue acaso inconstitucional la detención y el traslado a Ica del alcalde de Espinar para ser juzgado en esa localidad?

Claro que sí. Yo creo que se violó flagrantemente el principio del juez natural. Además, las reglas de la competencia son muy claras. El Código establece supuestos que no eran de aplicación en este caso puntual. Incluso, al alcalde se lo pudo llevar a Cuzco, pero nunca a Ica. Yo en particular no creo que en Espinar peligrara la integridad de los jueces o que no se pudiese llevar a cabo el proceso. Recuerde que el estado de emergencia ya había sido declarado. Lo curioso es que era el propio alcalde el que buscaba condiciones para dialogar, es decir, a la persona que busca concertar se la toma prisionera, esa es una muestra de absoluta irracionalidad.


  1.  ¿Está de acuerdo con el proyecto de reforma constitucional para que el Parlamento pueda censurar e interpelar a los presidentes regionales?

Yo estoy en absoluto desacuerdo. Lo que en realidad tenemos detrás de todo esto es la visión centralista y capitalina que desde Lima pretende solucionar la problemática regional. Eso se evidencia cuando se señala que todos los que se oponen  a Conga, por ejemplo, son irracionales o ignorantes. Somos incapaces de mirar el problema desde la óptica de un campesino cajamarquino que se preocupa por sus recursos y por el desarrollo de actividades como la ganadería y agricultura.


Sobre la coyuntura política y el camino elegido por el Presidente


  1.  Hace algunos días el premier Oscar Valdés le dijo al Perú entero que Ollanta Humala debía olvidar sus promesas electorales. Al día siguiente, el mismo personaje retiró lo dicho y señaló que sí cumplirá sus promesas electorales. ¿Se puede ser Premier así?

No, ese señor debe irse. Como dice Sinesio López, a ese señor ya se le cayó la hoja de parra, está desnudo políticamente y exhibe su visión dictatorial, fujimorista y antidemocrática.


  1. ¿Ud. cree que corremos el riesgo de entrar en un proceso de mayor autoritarismo?

Yo tengo la esperanza de que cuando se vaya Óscar Valdés se abra un escenario de diálogo y paz.


  1.  ¿No fue acaso el propio presidente Ollanta Humala quien les enseñó a los pobladores de Cajamarca y a todo el país, que el agua era más importante que el oro?

El presidente es bastante incongruente en este punto, para usar un término respetuoso. Hay un giro político evidente. Como dice Domingo García Belaunde, al cual no pueden tildar de rojo, caviar, comunista o extremista, por qué estamos tan desesperados en que “Conga vaya”. Nosotros como país debemos dar el salto cualitativo, dejar de lado el modelo primario exportador, invertir en ciencia y tecnología y apostar por un desarrollo sustentable. Además, con el nuevo incremento de los tributos que le hemos autorizado al Gobierno se obtendrán más recursos que los que podría tributar el capital minero.


  1.  ¿Tiene Ollanta Humala el deber moral y político de explicarle a un tercio del país que el proyecto político por el cual votaron ya no es su prioridad?

Yo creo que tiene el deber moral de hablar la verdad. No puede ser que después de nuestra renuncia, en un contexto en el que le recordamos que no está haciendo lo que prometió, Ollanta salga a decir que a pesar de los radicales o los extremistas, la “gran transformación” se llevará a cabo. Primero, Ollanta no debe olvidar que el autor de la “gran transformación y hoja de ruta”, fue Félix Jiménez, quien no forma parte del Gobierno pero que permanece en “Ciudadanos por el Cambio”. Segundo, que los congresistas fuimos elegidos con el programa de la “gran transformación”. Tercero,  que él ganó la primera vuelta con ese mismo programa. Y cuarto, que muchos de los que lo apoyaron en la segunda vuelta lo hicieron oponiéndose al fujimorismo. Luego, no es posible que ahora se pretenda una modificación total de la oferta electoral.


  1.  Algunos peruanos estamos preocupados por la salud del presidente. Creemos que sufre de amnesia u olvido prematuro. ¿Ud. comparte esa preocupación?

Hay un verso indigenista que dice: “por qué sin motivo alguno empiezas a olvidarme, yerbas del olvido habrías comido, por qué sin motivo piensas olvidarme”, (risas). Yo creo que él ha optado por una forma pragmática de hacer política. Yo, en cambio, pienso que lo que el país necesita es ética en la política. Eso supone coherencia y honestidad para hacer y actuar de acuerdo a lo que se ofrece y promete.


  1. ¿Ud. ya no cree que Ollanta Humala lleve adelante la gran transformación, verdad? Más aún: ¿Ud. ya no confía en la palabra de Ollanta Humala, no?

Yo creo que salvo que el pueblo se lo imponga, Ollanta Humala no será capaz de llevar adelante ese proyecto. El presidente ha optado por el pragmatismo, hará algunas cosas para mantener una clientela, pero no más, porque un proyecto político requiere de un convencimiento y compromiso profundo que él no tiene.


Esta entrevista fue publicada en el N° 53 de LA LEY, mes de junio, periódico mensual del grupo editorial Gaceta Jurídica.













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miércoles, 1 de febrero de 2012

El Informe Final de la Comisión de la Verdad: una polémica de nunca acabar






El caso Movadef ha vuelto a poner en el centro del debate político las bondades y supuestas inexactitudes del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Defensores y detractores de este trabajo se han embarcado, una vez más, en una polémica, creo yo más política que científica, en torno a la verosimilitud de los datos expuestos en este informe y al sesgo ideológico que llevaban consigo quienes fueron parte de este grupo de trabajo en calidad de comisionados.





La derecha y los sectores más conservadores del país no han perdido oportunidad para culpar a este informe de haber contribuido con el resurgimiento de movimientos pro-terroristas, debido a la indulgencia con la que estos criminales fueron tratados en la redacción del mismo. Para la derecha, las fuerzas armadas, y otros sectores que preferirían olvidar lo pasado sin hacer un análisis crítico e histórico de lo ocurrido durante los años de violencia política desatada por la barbarie terrorista, el informe tiene un marcado sesgo ideológico que ha distorsionado la verdad histórica de lo ocurrido en el Perú de los ochentas y noventas. El informe coloca en una posición de desventaja a las fuerzas del orden, militares y policías, pues las responsabiliza de una serie de delitos contra los derechos humanos, sin tener en cuenta el momento y las circunstancias en las cuales la acción del Estado se llevó a cabo, afirman altos mandos castrenses con el respaldo de este sector político.



Del otro lado, la izquierda, esa izquierda peruana que durante los primeros años de violencia terrorista no supo deslindar tajantemente con los grupos subversivos, condenando su accionar criminal y el uso de la fuerza y el terror como medio para alcanzar el poder, se esfuerza en elevar a la categoría de verdad indiscutible y obra humana perfecta todas y cada una de las reflexiones expuestas en el informe. Que la izquierda tenga esta posición asumida es perfectamente válido, lo que no resulta justificable, es que desde este sector se tilde de reaccionario o cómplice de la barbarie a cuanto peruano se atreve a discrepar de la opinión vertida por los comisionados en este informe.



La izquierda no ha reparado en algo que es elemental, el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación ha sido y es susceptible de diversas críticas, la mayoría de ellas injustas y carentes de justificación lógica, debido a la poca difusión que este ha tenido entre los peruanos. No debe extrañarnos entonces, que la ciudadanía, sobre todos los jóvenes, que no han tenido oportunidad de acercarse al contenido del mismo, se deje seducir por la interpretación interesada y de parte que los sectores contrapuestos han hecho del mismo. En ese sentido, creo que la izquierda, antes de arremeter contra aquellos que tienen una voz contraria a la suya, debería concentrarse en difundir a escala nacional los más importantes datos, testimonios, e información recogida durante el trabajo de la comisión, con la única finalidad de poner en manos de las gran mayoría de peruanos este documento, que en lo personal, tiene un valor histórico inapreciable.



En buena cuenta, creo que lo peor que nos podría pasar como sociedad, más allá de la posición política e ideológica que cada uno presente, es echar por tierra todo lo avanzado en este tema, borrar de nuestra memoria el horror de lo vivido, sepultar en el olvido a los miles de muertos que la violencia terrorista generó, así como aquellos que fueron víctimas del accionar de los agentes del Estado, los mismos que en muchos lugares de nuestro país incurrieron en prácticas sistemáticas de violación de los derechos humanos. Los peruanos debemos ser capaces de reconocer y señalar a Sendero Luminoso como el principal responsable de los más de 69 mil peruanos muertos durante esta época de oprobio, debemos ser capaces de distinguir y reconocer a los efectivos militares y policías valerosos que pusieron el pecho en defensa de la sociedad y del orden democrático, de aquellos que portando un fusil y vestidos de uniforme incurrieron en actos tan deleznables como los cometidos por los grupos subversivos.



Decir que en nuestro país durante los años violencia política no se cometió ningún crimen contra los derechos humanos, decir que la lucha antiterrorista no supuso, en muchas localidades de nuestra nación, sobre todo en las más alejadas y desprotegidas, la comisión de delitos como la desaparición forzada, la ejecución extrajudicial, la tortura, la violación, no sólo es una mentira, sino una muestra de indolencia con quienes fueron víctimas de estos vejámenes. El futuro se construye mirando hacia adelante, pero la vida se entiende mirando hacia atrás, pues sólo recordando el horror de lo vivido y los errores cometidos, es que podremos dejar atrás ese pasado que hasta el día de hoy parece perseguirnos. Sólo reconstruyendo nuestro pasado podremos construir un mejor mañana, lejos del odio y la violencia que desangró a nuestro país durante más de una década. Sirva entonces este espacio para difundir algunos datos expuestos en este informe que en lo personal me parece deberían ser de difusión nacional, sobre todo entre los más jóvenes, entre nuestros estudiantes.


La CVR fue instituida en un momento en el cual en el Perú se hacían enormes esfuerzos por recobrar la democracia. El Gobierno de Transición del ex Presidente Valentín Paniagua, decidió convocar a un conjunto de hombres y mujeres encargándoles la titánica tarea de investigar y hacer pública la verdad de lo ocurrido durante los años de violencia política iniciados por Sendero Luminoso en la década del ochenta. Podemos decir entonces, que el esfuerzo por instaurar una CVR se dio dentro de un marco de medidas adoptadas por el nuevo gobierno con la finalidad de devolverle al pueblo peruano la democracia años antes perdida. Es importante, en todo caso dejar en claro, que esa democracia no se perdió por arte de magia, que dicha pérdida no fue producto del azar, o fruto de los designios inmodificables de la historia, esa fue una democracia a la cual abandonamos y dejamos languidecer poco a poco, minuto a minuto todos y cada uno de los peruanos, ya que cuando una democracia no se ejerce de manera cotidiana, con vehemencia y convicción, ésta pierde lealtad entre los ciudadanos y cae frente al más mínimo soplido autoritario.


La CVR señaló en su Informe Final que la cifra más probable de víctimas fatales en esas dos décadas de horror supera los 69 mil a manos de las organizaciones subversivas o por obra de los agentes del Estado. Sin lugar a dudas, tan estremecedora cifra nos habla de un escenario en el cual es imposible hablar ya de errores o excesos cometidos por los actores del conflicto, nos habla también de un conflicto que no pudo ser desconocido por autoridad política o ciudadano alguno, nos revela y cuestiona lo más profundo del corazón del Perú, en palabras de su presidente, Salomón Lerner Febres, este informe expone, pues, un doble escándalo: el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos, y el de la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe humana y no lo hicieron.


Pero la importancia del Informe Final de la CVR va más allá del dato exacto en torno al número de víctimas caídas durante el conflicto, el Informe Final da cuenta de una sociedad profundamente escindida, partida por la mitad, una sociedad que discrimina, invisibiliza y olvida a los más pobres y desposeídos. Así, el comportamiento de los actores del conflicto demuestra una falta de identificación humana con el prójimo que resulta escalofriante, una falta de identificación con los otros peruanos a los cuales no se les considera como iguales, a los cuales se los estigmatiza por su origen racial, étnico o por su lengua materna, actitud que explica, en cierto modo, la cifra de víctimas, y la manera brutal como miles de peruanos fueron asesinados, torturados y desaparecidos. Esta es, creo yo, la conclusión más importante a la cual arribó la CVR en su Informe Final, esta es la conclusión que el informe justifica con una serie de datos que detallaremos brevemente.


De cada cuatro víctimas de la violencia, tres fueron campesinos o campesinas cuya lengua materna era el quechua. Se trata pues de un sector de la población históricamente olvidado por el Estado peruano, un sector al cual los servicios básicos de educación, salud, justicia, año tras año y gobierno tras gobierno, le han sido negados, se trata de un sector de nuestra población que no es únicamente víctima del olvido de la autoridad estatal o de la clase dirigente sino víctima de la indiferencia y la desidia del resto de la población urbana que sí goza de aquellos beneficios que al sector campesino aún le son esquivos. Sin lugar a dudas, el informe nos habla de un sector del Perú que clama ser incluido y exige ser parte de un país que parecen sólo conocer aquellas personas que viven en las capitales de departamentos o en ciudades donde la presencia del Estado es mayor.


Por otro lado, fueron las zonas, rurales y campesinas, donde se concentró el mayor número de víctimas, no sólo a escala nacional, sino dentro de los mismos departamentos. Así por ejemplo, Ayacucho es el departamento que concentra la mayor cantidad de muertos y desaparecidos reportados a la CVR (más del 40%). Lo mismo ocurre con los departamentos de Junín, Huánuco, Huancavelica, Apurímac y San Martín, en estos departamentos la CVR ha registrado cerca del 85 % de las víctimas que le fueron reportadas. Podemos afirmar entonces, que a la luz de los resultados obtenidos por la CVR, existe una relación directa entre exclusión social e intensidad de la violencia. No es coincidencia que cuatro de los departamentos más afectados por el conflicto (Huancavelica, Ayacucho, Apurímac y Huánuco) sean considerados en la lista de los cinco departamentos más pobres del Perú.


La CVR llega también a la conclusión de que la violencia no afectó a hombres y mujeres por igual ni estuvo distribuida uniformemente entre todos los grupos. Fueron los hombres entre 20 y 49 años los que engrosaron la lista de víctimas fatales (más del 55%), mientras que las mujeres suman poco menos del 20%, respectivamente.


La CVR también revela que en el caso de las mujeres y niños ellos aparecen como las víctimas fatales con mayor frecuencia en situaciones de violencia indiscriminada, como son las masacres o arrasamientos. Así, conforme aumentaba el tamaño del grupo de asesinados en un mismo operativo o incursión, también aumenta ligeramente la proporción de mujeres y niños menores de 15 años.


Estos son sólo algunos de los datos más saltantes que el informe arroja y que al parecer el grueso de la sociedad peruana parece haber olvidado. Han transcurrido cerca de 9 años desde la entrega del Informe Final de la CVR, y el Estado, los partidos políticos, la clase política parecen no haber hecho una revisión exhaustiva del mismo, una evaluación que les permita entender la complejidad y magnitud del conflicto, revisión que posibilite una real y cabal adopción de una política de reparaciones individuales y colectivas que en alguna medida ayuden a cerrar las heridas aún abiertas en los corazones de miles de peruanos víctimas directas o indirectas de esta barbarie fratricida.


Queda claro que la búsqueda y conocimiento de la verdad abre el camino hacia la reconciliación nacional, pero ella no será posible sino va acompañada de una clara y decidida voluntad política del Estado y de la sociedad por corregir aquello que, so pretexto de una transformación social a gran escala, fue utilizado por los movimientos subversivos para desatar su insana conducta. Son muchas las reformas e iniciativas que el Estado debe emprender para convertir al Perú en un país mucho más inclusivo, democrático y justo, muchas de esas reformas están contempladas en las recomendaciones hechas por la CVR, la pregunta es: ¿Cuántas de ellas han sido tomadas en cuenta por los gobiernos de turno?


Hoy en día, esta pregunta: ¿Cuántas recomendaciones han sido implementadas por los gobiernos? Cobra mayor vigencia. Ello es así, pues en los últimos comicios generales, fue el actual Presidente de la República, Ollanta Humala, el único candidato que respaldó, junto a su agrupación política, la totalidad de las conclusiones y recomendaciones planteadas en el Informe Final de la CVR. Yo me comprometo, señaló el entonces candidato, a implementar una política de reparaciones que materialice las recomendaciones del informe. Por eso, nos ha sorprendido a todos los que tenemos memoria, las declaraciones vertidas hace algunos días por el actual Primer Ministro, Óscar Valdez, cuando al referirse a los testimonios vertidos por las víctimas en las audiencias públicas organizadas por la CVR, señaló que en ellas había una dosis exagerada de “teatralización”.


Cuánta indignación ha generado esta alocución entre las víctimas del horror, y entre los que no lo somos, de cuánta desidia e indolencia puede ser capaz el ser humano, cuánta hipocresía revela esta frase, cuánta falta de memoria y conocimiento histórico revela en la persona del Primer Ministro esta intervención pública. Seguramente, y eso no debe sorprender, esta frase recibirá el apoyo y respaldo de quienes creen que las víctimas, los asesinados, torturados y desaparecidos no son sino el costo humano que toda lucha contra el terror genera. Seguramente, y ahora con el apoyo del Primer Ministro, saldrán a los medios los verdaderos cómplices de la impunidad a decir con el mayor desparpajo que en el Perú no se vulneraron los derechos humanos, que lo que ocurrió en el país fueron simples excesos de algunos militares, y que lo mejor para el país es enterrar el pasado junto a los más de 60 mil muertos, para evitar que las heridas abiertas por la violencia terrorista de Sendero Luminoso y avivadas por la respuesta criminal de algunos agentes del Estado sigan supurando.


Tenemos una vez más la oportunidad de volver tras nuestros pasos para poner en discusión los temas abordados en este documento histórico, tenemos la posibilidad de reencontrarnos con nuestra memoria colectiva, de recordar a aquellos que estuvieron y que hoy ya no están, pero sobre todo, tenemos, seguimos teniendo la oportunidad de volver a mirar como sociedad el rostro de un Perú aún adolescente, que lucha por alcanzar el desarrollo y el progreso y que olvida, muchas veces, en ese duro camino, al sin número de ciudadanos que aún reclaman justicia.


Tener presente aquello que como sociedad nos tocó vivir durante dos décadas, incorporarlo en nuestra memoria histórica para evitar que se vuelvan a repetir los hechos que enlutaron a la familia peruana, es una obligación moral y ética que todos deberíamos asumir. Porque creer en la defensa de los valores democráticos, en la justicia, en los derechos humanos, no nos convierte en izquierdistas, rojos o caviares. Dejemos de lado toda esa retahíla de estupideces con las que los medios de comunicación desinforman día a día. Creer en los derechos humanos no es sino reconocer la importancia de estas libertades fundamentales que forman parte de nuestra propia naturaleza. Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con las afirmaciones hechas en el Informe Final, lo que no podemos hacer es mentir y tergiversar lo dicho, difamar y ofender a los comisionados, descalificar a quien no piensa como uno. El compromiso nacional debe ser con la verdad, pues sin verdad no habrá jamás justicia, y sin justicia es imposible caminar hacia la reconciliación.

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