sábado, 18 de mayo de 2013

A LA MEMORIA DE CLAUDIA FALCONE: JORGE VIDELA HA MUERTO




El 24 de marzo de 1976 marcó el inicio de una de las etapas más terribles de la historia política Argentina. Los militares, comandados por el general Jorge Videla, derrocaban al gobierno democrático de Isabelita Perón, instaurando una sangrienta dictadura que dejó la escalofriante cifra de 30 mil desaparecidos.

En septiembre de ese mismo año, durante los primeros meses de la sangrienta dictadura, siete líderes estudiantiles de la ciudad de la Plata, entre ellos Claudia Falcone, fueron secuestrados, torturados y asesinados. Su delito fue haber protestado  por la implantación del boleto estudiantil secundario. Sólo Pablo Díaz sobrevivió a esa tragedia. El resto de sus compañeros forman parte de la lista de 238 adolescentes argentinos que fueron secuestrados por órdenes de la Junta Militar (Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti) y que hasta el día de hoy siguen desaparecidos.

La barbarie cometida contra estos muchachos fue bautizada por los propios perpetradores de estos crímenes con el nombre de “La noche de los lápices”, bajo esta denominación se conoce a la serie de secuestros llevados a cabo a partir del 16 de septiembre en la Plata. En casi todos estos casos, los jóvenes secuestrados no superaban la edad de 18 años.

La Noche de los lápices muestra lo que en realidad fue ese periodo de horror al que los militares llamaron “Reorganización Nacional”. Este crimen en particular grafica la crueldad con la cual los militares argentinos, apoyados por grupos de poder económico y por algunos miembros de la Iglesia Católica, trataron a los estudiantes a los que acusaron, sin mayor prueba, pero cegados por su odio visceral hacia los militantes de izquierda, de subversivos y terroristas.

En 1985, durante el juicio a los miembros de las juntas militares, Pablo Díaz, el único sobreviviente de la “Noche de los lápices”, brindó su testimonio ante la justicia argentina, el mismo que sirvió de inspiración para que el director gaucho, Héctor Olivera, lleve la historia a la pantalla grande, convirtiendo a este film en una prueba histórica acerca del profundo daño que la dictadura le ocasionó a la democracia argentina, destruyendo para siempre la vida de miles de sus ciudadanos.

Pablo, personaje principal en el film, narra la vida que los estudiantes secundarios llevaban antes del golpe, su militancia en el Frente de Estudiantes Secundarios de la Plata, la lucha por la implantación del boleto estudiantil, y las anécdotas que como jóvenes vivían durante aquellos años en los cuales sus sueños se construían al ritmo de Canción para mi muerte de Sui Generis.

En 1985, luego de recibir el testimonio de decenas de personas y reunir la prueba incriminatoria necesaria que acreditaba la responsabilidad penal de los implicados, la justicia argentina condenó a nueve integrantes de las juntas militares (Jorge Videla era uno de ellos) a cadena perpetua por los delitos de homicidio calificado, secuestro seguido de muerte, desaparición forzada, tortura, entre otros delitos de lesa humanidad.

El proceso y posterior sentencia a los miembros de las juntas militares marcó el inició de la reconstrucción democrática argentina, las organizaciones de derechos humanos, las organizaciones de la sociedad civil, entre ellas las “Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo” vieron en ese juicio el esfuerzo de un país por recobrar su memoria histórica, hacer justicia y sancionar a aquellos que acabaron con la vida de padres, hijos, abuelos, esposos, esposas, nietos y nietas. Sin embargo, y a pesar de la indignación interna e internacional que la medida trajo consigo, todos estos criminales fueron indultados por el presidente Carlos Menen, una decisión que representó una de las más grandes injusticias cometidas por el Estado argentino en perjuicio de los familiares de las víctimas y de la memoria de los desaparecidos. Esta decisión volvió a abrir las heridas que la justicia había empezado a cicatrizar.

A pesar de ello, y gracias a la presión ejercida por las organizaciones de derechos humanos, la Cámara Federal en lo Penal y Correccional de la capital argentina, declaró inconstitucionales los indultos que beneficiaron a Videla en 2007, ordenando reabrir los juicios a los dictadores, los cuales también deberían afrontar un proceso por el robo sistemático de recién nacidos.

Conocida es ahora la práctica mediante la cual a las detenidas, que en esos momentos se encontraban en estado de gestación, les arrebataban a sus bebés que habían traído al mundo en la cárcel, para posteriormente, luego de haberles cambiado de identidad, darlos en adopción, o incluso venderlos, hecho que evidencia, una vez más, la violencia insana que la dictadura desató durante esos años en contra de su propio pueblo.

Al igual que en el caso de la “Noche de los lápices”, la historia de estos crímenes también fue llevada a la pantalla grande, en el film “La historia oficial”, película que en el año de 1985 recibiera el Oscar a mejor película extranjera, la cual ha sido estrenada decenas de veces con la finalidad de mostrar a las nuevas generaciones el horror vivido durante aquellos años y el esfuerzo que los argentinos, y todos los pueblos latinoamericanos, víctimas de gobiernos dictatoriales deben hacer en su afán por consolidar su democracia y defender los valores de la libertad y el respeto por la vida de los hombres.

El 22 de diciembre de 2010, luego que el mismísimo Jorge Videla asumiera la responsabilidad por los crímenes políticos cometidos durante la dictadura (1976-1983), entre ellos el fusilamiento de 31 presos en Córdoba, el Tribunal Oral Federal 1 de la ciudad de Córdoba  sentenció  a Jorge Videla por los delitos de imposición de tormentos, homicidio calificado y tormentos seguidos de muerte, condenándolo a prisión perpetua por tan abominables delitos.

En este juicio, como en aquel llevado a cabo en 1985, se logró comprobar que los disidentes asesinados durante la dictadura, la mayoría militantes de partidos de izquierda, incluso jóvenes menores de edad como en el caso de la “Noche de los lápices”, fueron ejecutados a mansalva entre abril y noviembre de 1976, como parte de un operativo de “limpieza cívica”, para utilizar uno de los términos empleados por los propios acusados durante los juicios, con el objetivo de eliminar a los “comunistas” que querían acabar con Argentina.

El juicio al dictador Jorge Videla, al igual que el llevado a cabo en contra  del dictador peruano Alberto Fujimori por violación de derechos humanos, fue una lección de civismo y compromiso ético con la defensa de los valores democráticos y la dignidad del ser humano. Nunca más  los latinoamericanos permitamos que ningún golpista, militar o civil, se atreva a arrebatarnos nuestra vida y nuestra libertad. Nunca más permitamos que las bayonetas, fusiles y botas de militares cobardes, manchen de sangre nuestra tierra, acabando con la vida y los sueños de los hombres y mujeres de nuestra América.

En sus declaraciones el dictador dijo lo siguiente: “reclamo el honor de la victoria y lamento las secuelas”. Creo que ningún hombre con algo de humanidad y amor por la vida hubiera podido proferir una frase tan terrorífica como la del general Videla. Sentir orgullo por haber desaparecido a 30 mil argentinos, asesinado a otros cientos, torturado a mujeres, maltratado a adolescentes, y robado a aproximadamente 400 recién nacidos privándoles de su identidad y del amor de sus familias, es un sentimiento que únicamente puede ser experimentado por una persona con una mente enferma y un alma carcomida por el odio y el deseo de venganza y sangre.

Por estos hechos, en julio del año pasado, el Tribunal Oral Federal 6 condenó al dictador por idear y ejecutar un plan sistemático y generalizado para robar y ocultar bebés nacidos en cautiverio durante la dictadura. El tribunal lo condenó a una pena a 50 años de prisión y unificó las sentencias anteriores en una pena única de reclusión perpetua.

La sentencia impuesta al dictador abrió una nueva etapa en Argentina. Gracias  a este fallo, Claudia Falcone puede ahora descansar en paz. Luego de 36 años podrá cerrar los ojos y volverá a conciliar el sueño, ya no tendrá pesadillas, ya no sentirá vergüenza de la justicia y de la clase política de su país que tantas veces le dieron la espalda, sentirá que su Argentina a la que tanto amó, le hizo justicia, y con ella, le ha devuelto la fe a todo un país, un país que siempre estuvo en contra de las amnistías e indultos para sus asesinos, de las leyes de punto final y de los recursos dilatorios que durante años fueron presentados por los militares asesinos. Esta sentencia debe llenar de orgullo a todos los argentinos pues aunque sea por unos instantes les ha devuelto la vida a sus hijos a los cuales pensó haber perdido para siempre en la “Noche de los lápices”.

Hoy, 17 de mayo de 2013, el dictador ha muerto. ¿Cuántos secretos de horror y violencia se habrá llevado este asesino a la tumba? ¿Se habrá arrepentido de sus crímenes? ¿Habrá sentido remordimiento por los jóvenes a los que les arrebató la vida? Eso nadie lo sabrá jamás. Lo único que les puedo decir, como demócrata y defensor de los derechos humanos, es que el día de hoy la muerte ha ganado para siempre a uno de sus hijos predilectos. Porque Jorge Videla, el asesino y dictador, fue uno de los más insignes ángeles de la muerte en la historia reciente de nuestra América Latina. 

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jueves, 14 de marzo de 2013

Jorge Mario Bergoglio: la vida pública del nuevo Papa




El mundo está feliz. Los 1200 millones de católicos celebran el nombramiento del nuevo Papa, el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien será llamado por sus fieles con el nombre de Francisco I. La algarabía ha sido general, pero ese júbilo, sin lugar a dudas, es mucho mayor en América Latina, en especial, en su natal Argentina. Cientos de argentinos tomaron las calles de Buenos Aires para celebrar dicha designación y desearle al nuevo Papa el mayor de los éxitos. Pero no todos comparten esa misma felicidad, algunos medios en ese país recuerdan el papel que la Iglesia, y en especial Bergoglio, cumplió durante los años de la dictadura argentina (1976-1983).

Cuando los curas jesuitas decidieron denunciar los abusos del régimen militar, el nuevo Papa optó por asumir una posición timorata y permisiva frente a los atroces crímenes que la Junta Militar cometía a diario en este país. Bergoglio guardó silencio, y se mantuvo alejado de los asuntos políticos, para luego alegar desconocimiento de lo que ocurría durante los años oscuros del régimen de facto. La frase que marcó la conducta de Bergoglio en esos años fue: “el lugar de los sacerdotes eran las iglesias”.

Bergoglio y la dictadura

El 15 de noviembre de 1976 se llevó a cabo una reunión entre la Junta Militar y la Conferencia Episcopal argentina, en ella los representantes del clero dejaron sentada su posición frente al proceso iniciado por los militares luego del golpe de Estado de 1976. La posición de la Iglesia fue la siguiente: “de ninguna manera pretendemos plantear una posición crítica a la acción del gobierno  dado que un fracaso llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo, por lo cual acompañamos al actual proceso de re-organización del país”.

Es decir, en forma clara y explícita se menciona la adhesión y aceptación episcopal de la dictadura que acabó con la vida de miles de argentinos so pretexto de librar al continente de los peligros que el ateísmo marxista traía consigo. Así consta en los archivos del episcopado de la calle Suipacha en Buenos Aires. Esta es la verdad que Bergoglio pretendió encubrir con la publicación del libro “Iglesia y Democracia en la Argentina”, que él editó en 2006.

Bergoglio, en el libro antes citado, señala que la Iglesia “fue conociendo de a poco el proceder de la Junta Militar”. Esto que pudiera parecer cierto, contrasta con lo que miembros de la propia Iglesia argentina como el cardenal Raúl Primatesta y los obispos Vicente Zazpe, Miguel Hesayne y Enrique Angelelli, informaron el 10 de mayo de 1976 en la Asamblea Plenaria del Episcopado. En esta reunión los sacerdotes dijeron: “se han producido numerosos despidos en las fábricas, secuestros, ejecuciones llevadas a cabo por grupos parapoliciales y desapariciones forzadas”. También hablaron de corrupción, torturas policiales y una numerosa cantidad de personas detenidas injustamente.

El obispo Hesayne, con una mayor firmeza que los demás, señaló que la “Iglesia debía apoyar a los familiares de las personas detenidas-desaparecidas, y lamentaba que el Episcopado estuviera dividido y los militares pudieran valerse de unos obispos en contra de otros”. Entonces, siguiendo a Bergoglio: ¿podemos creer que la Iglesia argentina no sabía de los actos de violación contra los derechos humanos cometidos por la dictadura a la cual ella decidió apoyar? ¿Él no sabía sobre los crímenes que a diario eran cometidos por los militares en contra del pueblo argentino?

Pero las acusaciones más duras contra Bergoglio llegaron luego de la publicación de su libro “El Jesuita”. En este texto, Bergoglio explicó que su misión como provincial de la Compañía de Jesús entre 1973 y 1979 fue la de ayudar a los más pobres y necesitados. Sin embargo, Emilio Mignone, fundador del CELS, recuerda que ese periodo estuvo manchado por las denuncias de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, quienes afirmaron que fue Bergoglio quien los entregó a los militares. Ambos estuvieron secuestrados durante cinco meses.

En ese operativo también fueron detenidos cuatro catequistas y dos de sus esposos. Estos no tuvieron la misma suerte de los obispos pues hasta el día de hoy permanecen desaparecidos. Entre estas víctimas se cuentan a Candelaria Mignone, hija de Emilio, y María Vásquez Ocampo, hija de Martha Ocampo, presidenta de Madres de Plaza de Mayo. Estas denuncias, hasta el día de hoy, no han sido esclarecidas.

Bergoglio y la libertad de los hombres

Pretender que alguno de los cardenales “papables” tenga una posición mucho más flexible y tolerante sobre temas como la unión homosexual, el aborto o la eutanasia, es una ingenuidad. En este tipo de controversias la jerarquía eclesial tiene un discurso monocorde que no admite prueba en contrario. No importa si el mundo cambió, si la realidad se impone sobre los dogmas o si las sociedades han empezado a reconocer que todas las personas, sin distinción de ningún tipo, tienen derecho a ser felices. Nada de eso importa. Para las autoridades eclesiásticas las verdades divinas no admiten discusión. “Existen modos de vida que simplemente no están dentro del plan que Dios quiere que los hombres sigan”. ¿Quién sabe qué cosa Dios quiso para los hombres? Pues ellos mismos, y así será por los siguientes dos mil años.

Más allá de ello, resulta interesante hacer referencia a la manera cómo Bergoglio ha encarado estos temas durante sus años como Cardenal en Argentina. Dicen que el lenguaje de los hombres es el mundo que ellos conocen, por eso es importante recordar algunas de sus más polémicas intervenciones en torno a estos temas.

Bergoglio es reconocido como un opositor tenaz y acérrimo al matrimonio igualitario y al aborto no punible. Hace algún tiempo, durante el debate que generó el proyecto de ley impulsado por el oficialismo argentino que buscaba legalizar el matrimonio homosexual, Bergoglio redactó una carta de rechazo dirigida a los cuatro monasterios de Buenos Aires. En esta comunicación Bergoglio dijo lo siguiente: “no seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios”. Es decir, en la filosofía del nuevo Papa, las luchas por el reconocimiento de derechos civiles en países como Argentina no son otra cosa que planes diseñados por el demonio para acabar con la obra perfecta de Dios.

Sobre este mismo asunto, Bergoglio también afirmó que el proyecto de ley presentado constituía una “movida” del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios. Para Bergoglio, todos aquellos que apoyamos la adopción de medidas igualitarias por parte de los gobiernos de nuestro continente en favor de minorías sexuales históricamente discriminadas y perseguidas, hemos sido engañados por el Demonio y hemos sucumbido ante los artilugios de sus promotores en la tierra. Es decir, los movimientos de derechos humanos que han enarbolado las banderas del igualitarismo son para el nuevo Papa algo así como los “jinetes del apocalipsis del siglo XXI”.

Bergoglio y la política

Estas declaraciones y su posición militante en contra de la propuesta (la cual al final terminó por imponerse), motivaron una dura respuesta por parte del gobierno argentino. Dicho sea de paso, la relación de Bergoglio con la pareja Kirchner no ha sido de las mejores. En alguna oportunidad, Néstor Kirchner llegó a decir que los obispos, con Bergoglio a la cabeza, eran un factor de cuestionamiento a su gestión. ¿No era acaso que el papel de los obispos está en las Iglesias y no en la política? Para Néstor, Bergoglio, así lo señaló públicamente, era el verdadero representante de la oposición.

Luego llegó Cristina a la presidencia, y la polémica por el matrimonio homosexual agudizó la tirante relación que siempre existió entre ellos. Bergoglio afirmó que quienes apoyaban esta propuesta se ponían al servicio del demonio, pues arteramente atentaban contra la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la tierra. La respuesta de Cristina no se haría esperar: “me preocupa el tono que ha adquirido el discurso, se plantea como una cuestión de moral religiosa y atentatoria del orden natural, cuando en realidad lo que se está haciendo es mirar una realidad que ya está”, señaló. Al poco tiempo, la presidenta calificaría a este tipo de discurso como desfasado y lo comparó con el que se tenía en la época medieval e Inquisitorial.

Bergoglio y los derechos de la mujer

A pesar de haber invocado  a Dios muchas veces, Bergoglio no pudo impedir la promulgación del matrimonio igualitario en Argentina. Pero los encontronazos con el Gobierno de su país no acabaron allí. De hecho, Bergoglio siguió criticando duramente las decisiones que el Gobierno de Cristina adoptó con relación a temas vinculados a los derechos sexuales y reproductivos de la mujer.

Todos recuerdan su oposición a que el Estado promoviera campañas de educación sexual, planificación familiar y entrega de anticonceptivos para las mujeres a nivel nacional. Esa misma actitud de rechazo presentó cuando Cristina decidió dar luz verde a la promoción de programas de inseminación artificial gratuitos. No hace falta señalar que Bergoglio se opuso ferozmente a debatir la posibilidad de que las parejas homosexuales puedan adoptar niños como ocurre en otras partes del mundo.

Pero el repertorio de declaraciones de Bergoglio sobre los derechos de las mujeres llegó a su clímax el 4 de junio de 2007. En plena campaña presidencial, refiriéndose a la candidatura de Cristina, el nuevo Papa dijo (tomen nota): "las mujeres son naturalmente ineptas para ejercer cargos políticos. El orden natural y los hechos nos enseñan que el hombre es el ser político por excelencia; las Escrituras nos demuestran que la mujer siempre es el apoyo del hombre pensador y hacedor, pero nada más que eso”. Y finalizó diciendo: “hay que tener memoria; tuvimos una mujer como Presidente de la Nación y todos sabemos qué pasó”, en clara alusión a la viuda de Perón, Estela María Martínez. 

A modo de conclusión

Los argentinos parecen tener una muy buena memoria, y le recordaron a Bergoglio que el gobierno de Estela fue interrumpido de manera violenta por las armas de los militares golpistas a los cuales la Iglesia y él con su silencio cómplice apoyaron.

Esta es también la historia del nuevo Papa. Historia que seguramente muchos prefieren no recordar. Los hombres somos esclavos de nuestras palabras. Nuestra conducta es consecuencia de la personalidad que nosotros tenemos. Por ello, quienes asumen que la llegada de Jorge Mario Bergoglio a Roma abrirá una nueva etapa en la historia de la Iglesia están profundamente equivocados. Nada cambiará, y así será, por los siglos de los siglos. Amén.

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