lunes, 10 de junio de 2013

OLLANTA HUMALA LE DIJO NO A ALBERTO FUJIMORI




La decisión del presidente Ollanta Humala (OH) de no concederle el indulto humanitario a Alberto Fujimori (AF) pone punto final (al menos, hasta nuevo aviso) a una novela que ya se había prolongado más de lo debido. Este asunto, se había convertido en una piedra en el zapato para este Gobierno. El país, como suele ocurrir en este tipo de casos, se había polarizado desatándose un constante enfrentamiento entre los que estaban a favor y los que estaban en contra de este perdón presidencial. Por eso, y pensando ya en el futuro del Perú, es saludable que esta decisión presidencial, por fin haya llegado.

La molestia y la frustración en la familia de AF son comprensibles. Las críticas a esta negativa presidencial se veían venir. Más aún, muchos pensamos que las declaraciones públicas serían más ácidas; no obstante ello, nos parece que la sangre no llegará al río y que las calles no serán tomadas por miles de fujimorista dispuestos a todo por la liberación de AF. ¿Dónde están los millones de peruanos que tomarían las ciudades de todo el país para exigirle al Gobierno que le conceda a AF el indulto? Esa es una pregunta que los fujimoristas más fanáticos (Kenyi es uno de ellos) deben estar tratando de responderse sin mucho éxito.

Lo que no deja de llamarnos la atención es la testarudez de aquellos que han salido a decir que esta decisión presidencial marca el inicio de una batalla jurídica que el fujimorismo emprenderá con la finalidad de buscar la libertad de su líder. Lo sentimos mucho, pero a esas personas debemos decirles que los sueños no se convierten en realidad por mucho que uno así lo desee.

Decimos esto porque la negativa presidencial sepulta por completo la estrategia jurídica con la cual contaban los fujimoristas para obtener la excarcelación de AF. Salvo, y esa es la única salida que ahora se nos ocurre, el fujimorismo (quién lo creyera) decida someter este caso a consideración de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, primero; y luego, en caso corresponda, elevarlo a la Corte de San José de Costa Rica. Y pensar que durante la autocracia fujimorista el propio AF ordenó la presentación de una solicitud para que el Perú se retirase de la competencia contenciosa de la Corte. Como algunos dicen, estas son las ironías que la vida suele presentar.

Pero, ¿Qué ocurrirá ahora con el fujimorismo? Como muchos lo han señalado, el fujimorismo puede terminar explotando el martirologio que una decisión de este tipo siempre genera, y apelando a la compasión de la gente, claro está, luego de una campaña mediática inteligente de victimización, lograr capitalizar el sentimiento de un importante sector de peruanos, para así terminar convirtiendo en victoria política una decisión presidencial que en el plano jurídico los ha herido de muerte.

Keiko Fujimori (KF) sabe eso, y sabe además que el futuro de su agrupación  de cara a las presidenciales del 2016 depende básicamente de la posición que ella asuma con relación a este asunto. Por eso no debe sorprendernos el hecho de que en sus primeras declaraciones haya señalado que el fujimorismo buscará fortalecerse, y seguir creciendo en presencia y militancia a lo largo de todo el país. Habría que ser muy ingenuo para creer que el fujimorismo no tratará de usar la permanencia de AF en la cárcel para generar adhesiones políticas al interior de ese casi 60% que según las encuestadoras estaba de acuerdo con el indulto.

Esto no quiere decir que KF no sienta tristeza y dolor en estos momentos. No creemos que su desazón y desconcierto sean parte de una vil campaña mediática que desde ahora apunta a la consolidación de su figura como única y verdadera sucesora de AF al interior de su movimiento. Creo que todos, incluso los más antifujimoristas, reconocen la relación cercana y de mutuo afecto que ella ha tenido siempre con su padre.

Sin embargo, no podemos olvidar, y ella al parecer no lo hará, que el futuro de su partido, depende exclusivamente de su desempeño. Salvo algún fanático crea que Kenyi, su hermano menor, está en condiciones de disputarle el liderazgo de la agrupación, o más aún, de llevar a este movimiento a la victoria en las próximas elecciones. KF será candidata del fujimorismo el 2016, y su padre, desde la cárcel, le ayudará en esta aventura, como lo ha hecho antes, y como lo seguirá haciendo mientras viva. No lo dudemos.

Con respecto a OH, sus voceros han señalado que el presidente se limitó únicamente a refrendar la opinión vertida por la Comisión de Gracias Presidenciales en su informe (34 páginas). Siendo esto es así, su negativa con respecto al indulto goza de total respaldo legal y constitucional. Porque como bien se ha señalado, a diferencia del “indulto clásico”, para conceder un indulto humanitario, el solicitante debe acreditar fehacientemente el cumplimiento de determinados requisitos, los mismos que no fueron cumplidos de acuerdo a lo afirmado por esta comisión de técnicos.

En esa línea, no queda sino aceptar la decisión presidencial, en todos sus extremos, incluso aquel en el que se señaló que si en un futuro las condiciones personales del sentenciado AF son otras, y este logra acreditar el cumplimiento de los requisitos legales para este tipo de beneficio, este mismo presidente no dudaría en otorgarle el perdón solicitado.

Pero como ya dijimos anteriormente, la telenovela Fujimori se ha cerrado. No sabemos si habrá una segunda temporada, o si más temprano que tarde un pedido similar se vuelva a presentar. Por ahora, llegó el momento de voltear la página, los medios y la clase política deben hacer ello. Esa es la única manera de desfujimorizar la agenda política nacional y pasar a ocuparnos de los temas realmente importantes para el Perú. Quizá los políticos puedan empezar haciéndolo, preguntándole al actual ministro del Interior de este gobierno por los graves indicios de chuponeo y reglaje de los que al parecer son víctimas algunos personajes incómodos para la administración del esposo de Nadie Heredia.

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jueves, 22 de noviembre de 2012

¿Es posible un fujimorismo sin Fujimori?



Yo creo que no. Tal y como están las cosas, la suerte del fujimorismo está echada, pues salvo ocurra algún suceso extraordinario, el destino final de esta agrupación (no es posible llamarla partido) no será otro que el que hace algunas décadas le tocó vivir al odriismo. Eso responde a una razón muy sencilla: los movimientos y agrupaciones políticas ultra-personalistas como el fujimorismo están condenadas a recibir la muerte al lado de la persona a la cual consideran su líder natural.


Dicho sea de paso, debemos tener presente que el líder de esta agrupación, el hoy sentenciado por corrupción y violación contra los derechos humanos, Alberto Fujimori, nunca fue un hombre que apostara por los partidos políticos, más aún, podríamos decir que en las últimas décadas ha sido el político peruano (a pesar de su candidatura al senado japonés) más “antipartido” de todos. Basta recordar la manera como trató de desprestigiar a todas estas agrupaciones frente a la opinión pública (lo cual no fue muy difícil) en su afán por legitimar su golpe de estado del 5 de abril de 1992.


Con esa historia y ese pasado no resulta extraño ver cómo el fujimorismo jamás se ha ocupado por organizar un partido político serio que más allá de la voluntad de su líder y las aspiraciones personales de sus hijos, a los cuales este considera sus herederos naturales, busque consolidarse como una fuerza política nacional con vocación de permanencia. Digo todo ello, pues la única manera de que un movimiento trascienda la historia es formando cuadros y líderes que permitan la renovación de los viejos dirigentes. Esa es una tarea que el fujimorismo no ha hecho ni parece querer hacer.


Si esta afirmación no fuera cierta, cómo se podría explicar uno el hecho de que ante la ausencia del líder (procesado por una pluralidad de delitos cometidos) haya sido su hija, una muchacha inexperta en la arena política, la llamada a encabezar la lista congresal en el año 2006. Para cinco años más tarde convertirse en candidata presidencial, secundada por su hermano menor sobre quien recayó la responsabilidad de jalar la locomotora electoral a nivel parlamentario. Nadie puede negar el enorme respaldo que ambas personas recibieron, pero acá cabe hacernos una pregunta: ¿Habrían obtenido el mismo número de votos si no llevaran el apellido Fujimori? Yo estoy seguro que no.


Pero al mismo tiempo, la vocación “antipartido” del fujimorismo y de los Fujimori se puede apreciar en la ausencia de un programa y una agenda que vaya más allá de la defensa judicial y política del sentenciado Alberto Fujimori. Desde la caída de la dictadura en el año 2001, la única bandera de lucha enarbolada por los fujimoristas fue justificar todos y cada uno de los actos ilegales cometidos por su líder, independientemente de la existencia de pruebas contundentes que acreditaban su responsabilidad penal en la comisión de varios delitos.


Como todos recordamos, durante esos años la agenda del fujimorismo fue mutando de acuerdo a las necesidades particulares de Alberto Fujimori. Primero, pretendieron justificar todos los delitos cometidos por él señalando como único responsable de los mismos a Vladimiro Montesinos. Segundo, pretendieron decir que Alberto Fujimori no era un cobarde al renunciar por fax a la presidencia de la República de nuestro país sino un verdadero héroe que tuvo que salir huyendo pues su vida corría peligro. Tercero, a pesar del ridículo protagonizado, señalaron que el reo decidió postular al senado japonés para desde allí fortalecer la posición peruana en el mundo. Cuarto, una vez capturado en Chile, trataron de evitar por todos los medios posibles su extradición. Quinto, concedida la extradición, buscaron deslegitimar todos y cada uno de los juicios que se llevaron en su contra en nuestro país en los cuales quedó acreditada su responsabilidad criminal. Finalmente, y luego de haber fracasado en todas y cada una de estas empresas, ahora pretenden generar el clima político perfecto para obtener un indulto humanitario que saque de la cárcel a Alberto Fujimori, a pesar de que todos sabemos que el sentenciado no cumple con los requisitos legales para obtener este beneficio.


Como podemos apreciar, el fujimorismo ha sido incapaz (yo creo que no le interesa en realidad) de presentar un programa de gobierno al país que no base su diseño en la búsqueda de la impunidad o el perdón para su líder máximo. Uno recuerda el comportamiento de esta agrupación durante el periodo 2006-2011 y queda claro que su agenda política buscaba únicamente: conseguir la no extradición del líder, evitar sentencias condenatorias en su contra o conseguir condiciones de reclusión favorables para el sentenciado.


Hace algunos días, el politólogo norteamericano Levitsky, afirmó que el fujimorismo que surgió a partir de la caída de la dictadura tenía ideología y mística. Señaló también que esa identidad y mística colectiva que los une se forjó en los años que ellos denominan como “los años de la persecución”, en los cuales hicieron de todo para salvar el nombre y honor del patriarca de los Fujimori. Nos llevaría horas de discusión definir si la ideología y la mística de un partido pueden reducirse a la defensa judicial de una persona. Lo que a muchos nos queda claro es que si esto es cierto, entonces: ¿Qué ocurrirá cuando el fujimorismo ya no tenga a quién defender? ¿Qué ocurrirá con Keiko o Kenyi cuando su padre ya no esté entre nosotros y no tengan ese caballito de batalla que les garantiza presencia mediática?


Muchos, entre los que me incluyo, creemos que cuando llegue ese día, el fujimorismo apelará al recuerdo del líder desaparecido, buscarán reivindicarlo históricamente en las urnas, pero siempre con un Fujimori como candidato presidencial, y con los mismos rostros que todos conocemos, pues el fujimorismo es una agrupación en donde la palabra meritocracia nunca nació y en donde las decisiones se toman y se seguirán tomando en función de los intereses del clan familiar.

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