miércoles, 22 de octubre de 2014

EL NUEVO MAPA POLÍTICO REGIONAL Y LOCAL (2015-2018)


El 05 de octubre pasado se llevaron a cabo en nuestro país las Elecciones Regionales y Municipales (ERM 2014). Los resultados de esta jornada electoral confirman lo que ya todo el mundo conoce: la grave crisis de los partidos y el triunfo de los movimientos sub nacionales en el ámbito regional y local.

De todos modos, creemos necesario exponer algunos datos en torno al nuevo mapa político sub nacional que se ha configurado en nuestro país, pues éstos nos ayudarán a comprender la dinámica que las elecciones sub nacionales vienen presentando en el Perú desde hace ya algunos años.

En todo caso, lo que habría que tener presente es que en este proceso electoral los partidos y movimientos sub nacionales se disputaron un total de 25 presidencias regionales, 195 alcaldías provinciales y 1,843 alcaldías distritales. Entonces, para analizar la performance de los actores políticos uno debe superponer los resultados electorales sobre estas jurisdicciones, para luego, determinar cuáles son los colores de este nuevo mapa político.

¿Qué pasó a nivel regional?

Lo primero que habría que decir es que en por lo menos (18) regiones el vencedor de la jornada electoral es un movimiento regional -pueden ser más, dependiendo de los resultados de la segunda vuelta-. Este dato es importante pues en las primeras elecciones regionales del año 2002, fueron los partidos los que lograron imponerse en (17) gobiernos regionales.


Asimismo, tenemos que “únicamente (4) presidentes regionales alcanzaron la reelección en la primera vuelta. Nos referimos específicamente a lo ocurrido en las regiones de Ayacucho, Cajamarca, Callao y Lambayeque. Esto es importante  si recordamos que las autoridades regionales reelectas fueron (6) en 2006 y (2) en 2010, respectivamente.

Cabe señalar que el número de presidentes regionales reelectos puede llegar a seis (6) si tanto en Junín como en Pasco, la autoridad regional que busca reelegirse se alza con el triunfo en la segunda vuelta. Ahora bien, han sido los presidentes regionales de Cajamarca (Gregorio Santos) y Callao (Félix Moreno) los que han logrado su reelección con los más altos porcentajes de votación. Por su parte, Jaime Rodríguez en Moquegua fue el candidato que alcanzó la presidencia regional con la mayor votación (49%).

En esa línea, tenemos que en trece (13) regiones se llevará a cabo la segunda vuelta electoral (fueron (10) en 2010). Cabe anotar que en ese año, de los (10) casos de segunda vuelta, en la mitad de ellos (5) resultaron ganadores quienes habían quedado en segundo lugar en la primera vuelta. Es necesario señalar que la segunda vuelta o ballotage es una figura que no se presenta en elecciones sub nacionales en ningún otro país de América Latina, ya que como se sabe, la segunda vuelta está pensada únicamente para el caso de las elecciones presidenciales.


Finalmente, sobre la participación política regional de la mujer, debemos anotar que Yamila Osorio Delgado podría ser la única presidenta regional de (25) posibles, si logra imponerse a Javier Ísmodes en la segunda vuelta electoral en Arequipa.

¿Qué pasó a nivel provincial?

En las provincias se confirmó la tendencia regional. Decimos ello pues del total de alcaldes de municipios provinciales capitales de departamentos (25), solamente (4) han sido reelegidos.

¿Qué pasó en Lima Metropolitana?

En Lima Metropolitana, tal y cómo se esperaba, no se registró mayor sorpresa ya que el favorito en las encuestas, Luis Castañeda Lossio (Partido Solidaridad Nacional) logró imponerse cómodamente al resto de candidatos alcanzando el (50,73%), seguido por Enrique Cornejo del Partido Aprista Peruano (17,67%), Susana Villarán de Diálogo Vecinal -que tentaba la reelección- (10,58%), y otros (10) candidatos que no registraron porcentajes de votación mayores al (5,94%).


Pero detengámonos un momento en este punto para hacer algunas importantes precisiones: 1) De las (13) listas que compitieron sólo (1) –la de la actual alcaldesa, Susana Villarán- era de alcance provincial, el resto eran partidos nacionales; 2) La diferencia porcentual (33%) obtenida entre el ganador (Luis Castañeda Lossio) y el segundo (Enrique Cornejo) es la mayor en la historia de las elecciones limeñas; y 3) Luego de Jorge Del Castillo (Partido Aprista Peruano) en 1989, todos los alcaldes que intentaron la reelección, salvo Susana Villarán, alcanzaron este objetivo.

¿Qué pasó en los distritos de Lima Metropolitana?

En las distritales capitalinas los resultados contrastan con los obtenidos a nivel regional. Así, tenemos que sólo en (3) distritos el ganador fue un movimiento independiente. Nos referimos específicamente a lo ocurrido en los distritos de Chorrillos, Magdalena del Mar y Villa el Salvador. Eso quiere decir que en los (45) distritos restantes, fueron los partidos –algunos de perfil únicamente municipal- los que triunfaron en esta elección.

Pero veamos cómo se repartió el mapa electoral en los distritos limeños. El Partido Solidaridad Nacional se impuso en (18) distritos, seguido del Partido Popular Cristiano (8), Partido Chim Pum Callao (5), Partido Somos Perú (4), Partido Siempre Unidos (4), Partido Perú Patria Segura (3), Partido Alianza para el Progreso (2) y Partido Perú Posible (1).


Estas cifras nos permiten afirmar que el gran vencedor en este proceso electoral fue el Partido Solidaridad Nacional que logró capitalizar el denominado “voto de arrastre” obtenido por su candidato Luis Castañeda Lossio. Esto último pone en evidencia la importancia que tiene la candidatura metropolitana, pues opera como un espaldarazo para las candidaturas distritales. Algo que no ocurrió “únicamente” en 2010, proceso en el cual la agrupación de Susana Villarán (Fuerza Social), a pesar de haber alcanzado la alcaldía metropolitana, no logró vencer en ningún distrito capitalino.

Las cifras del ganador de la jornada contrastan con los magros resultados obtenidos por el Partido Popular Cristiano, más si se tiene en cuenta que en 2010 este partido obtuvo la victoria en (15) distritos. Pero si los resultados de este partido son negativos, peores han sido los que obtuvieron tanto el Partido Aprista Peruano, Fuerza Popular y Acción Popular, respectivamente. Estas tres agrupaciones no ganaron ningún distrito, a pesar de haber presentado candidatos en varios de ellos.

Finalmente, sobre la participación política municipal de la mujer, debemos anotar que Leonor Chumbimune (Partido Solidaridad Nacional) en el distrito de Santa María, ha sido la única mujer elegida como alcaldesa para este periodo municipal.


¿Cómo explicar estos resultados?

A la luz de los datos que arroja este nuevo mapa político, creemos fundamental recordar la opinión vertida por el profesor Steven Levitsky, sobre la manera cómo vota el ciudadano peruano en una elección sub nacional: “La experiencia de crecer y vivir en Huancavelica, Ilave, Yurimaguas, o San Isidro genera distintas identidades, expectativas, e intereses, y, por supuesto, ideas políticas”, señaló el politólogo de Harvard.

Entonces, teniendo en cuenta ello,  si consideramos el alto nivel de desprestigio de los partidos en nuestro país, no debería sorprendernos que a nivel sub nacional, los electores prefieran opciones con las cuales  se sienten mucho más identificados. En otras palabras, podemos no compartir las preferencias del electorado en Cajamarca, Puno, o San Isidro, pero lo que no podemos hacer es negar la legitimidad de estas preferencias.

No obstante lo señalado, lo verdaderamente preocupante de los resultados de este 05 de octubre pasado, es el nivel de fragmentación, desarticulación y desnacionalización de la política peruana. Hecho, que sin lugar a dudas, hace más evidente la falta de capacidad de los partidos para agregar intereses y articular demandas a nivel nacional.



Del mismo modo, podemos constatar que el éxito de estos movimientos sub nacionales, obedece -en muchos casos- a una táctica electoral basada en prácticas caudillistas y clientelistas, que replican un sistema de reproducción endogámica (cacicazgos locales). Si a todo ello le sumamos la debilidad y falta de legitimidad de los partidos, en la medida en que la ciudadanía siente que no participa en la elección de los candidatos que los representan ni de los supuestos beneficios que ellos ofrecen, eso explica por qué los partidos han sido barridos en el ámbito sub nacional.

Sobre este punto, otro dato a tomar en consideración es que el partido del presidente Ollanta Humala, haya decidido no participar en estas elecciones. Eso quiere decir que en el nuevo mapa político, el partido de Gobierno no cuenta con ningún gobierno regional. Esto hace que la posibilidad de articular un discurso político nacional sea nula. Situación que a su vez genera graves problemas de gobernabilidad y estabilidad ya que el partido Oficial, responsable de viabilizar la adopción de decisiones políticas de alto nivel, carece de autoridades a nivel sub nacional.

Si a eso le sumamos que los otros partidos (algunos con participación en el Congreso) tampoco han alcanzado éxito electoral a nivel regional, queda claro que la posibilidad de impulsar reformas políticas a nivel nacional o proyectos de desarrollo a gran escala, que no generen resistencia como Conga (Cajamarca), también se ve seriamente limitada, y ello porque como hemos podido apreciar: los partidos han colapsado en el ámbito sub nacional.


Pero además de lo ya señalado, retomando lo dicho en torno al tipo de estrategia electoral utilizada por muchos de los movimientos sub nacionales, que se caracteriza por el comportamiento caudillista y clientelista de la élite regional y local, debemos señalar categóricamente que en el ámbito sub nacional también se reproduce la misma falta de vocación institucional exhibida por los partidos a escala nacional. Eso quiere decir que para los movimientos sub nacionales, al igual que lo que ocurre a nivel de los partidos,  el interés radica exclusivamente en el poder, con el principal objetivo del reparto de prebendas estatales extraídas de la Administración Pública.

Esto último es sumamente peligroso ya que hace pensar a la ciudadanía que las instituciones políticas no son otra cosa que realidades carentes de sentido, que no van más allá de la pugna de los partidos por coparlas en beneficio de sus líderes y dirigentes.


Es por ello que cuando a nivel sub nacional se presentan movimientos verdaderamente preocupados por la institucionalización de la política, éstos tienen que luchar primero contra sus propias prácticas y con el descrédito de las propias instituciones que ellos alimentaron. En este proceso estamos actualmente, tanto a nivel nacional, regional y local. Por lo que dependerá de los líderes políticos de todos los niveles revertir o afianzar esta perniciosa manera de entender la política. ¿Podrán hacerlo? Esa es la gran pregunta que los políticos deben resolver.

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viernes, 8 de agosto de 2014

LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y LA DEMOCRACIA


Escribo esta columna luego de revisar el portal web del Jurado Nacional de Elecciones. Resulta que hasta el momento, son 13 los “partidos” que han presentado su solicitud de inscripción para participar en las próximas elecciones para la Municipalidad Metropolitana de Lima. Así como lo leen, en nuestro país, tenemos 13  “partidos” que competirán por el Municipio Metropolitano. Una cifra de escándalo, ya que salvo se trate de un lector absolutamente desinformado, todos los peruanos sabemos que la mayoría de estos grupos son cualquier cosa menos auténticos partidos políticos. Digo la mayoría, pues a pesar de las distancias ideológicas que me separan de estas agrupaciones, debo reconocer que tanto el APRA (sobre todo) como el PPC, con sus limitaciones, son los únicos partidos que merecen esa denominación.

¿Qué es un Partido Político?

Según la definición de Sartori, un partido es “cualquier grupo político que se presenta a elecciones y es capaz, por medio de las mismas, de colocar candidatos para cargos públicos”. Si ello es así, entonces, efectivamente, en Lima competirán 13 partidos. Sin embargo, el problema con esta acepción, consiste en decir que un partido que quisiera presentar candidatos a cargos públicos, pero no pudiera hacerlo, sea porque está proscrito o porque no se celebran elecciones, es también un partido. Como se puede apreciar, esta perspectiva -electorera- termina excluyendo a grupos que no compiten en elecciones, y que, sin embargo, se autodenominan y reconocen como partidos (Mainwaring y Scully: 1996).

Entonces, ¿qué es un Partido Político?

Una definición mucho más sustantiva -que no se limita al plano electoral- y que consideramos mucho más certera, es la expuesta por Antonio García Calderón (Weber; Friedrich; Duverger y otros), para este autor, un partido es “una organización estable que tiene como objetivo principal la conquista y el ejercicio del poder político, con el fin de organizar la sociedad y el Estado, de acuerdo con las ideologías e intereses que representa. Ello supone, como señala Duverger, la presencia de 4 elementos constitutivos: 1) Ideología; 2) Organización; 3) Militancia; y 4) Programa.


Ahora bien, queda claro que si aplicamos esta segunda definición al caso de las próximas elecciones ediles, resulta que sólo el APRA y el PPC (ni siquiera el fujimorismo) pueden ser reconocidos como auténticos partidos. Si ello es así, entonces, ¿qué cosa son el resto de agrupaciones que buscan competir en las próximas elecciones? Justamente eso, agrupaciones y/o  grupos de interés -la mayoría de vida efímera- que buscan acceder al poder a través de las elecciones. Bajo esas condiciones, resulta claro que si bien en el Perú los procesos electorales cuentan con la participación de numerosas agrupaciones, estamos muy lejos de contar con un sistema de partidos institucionalizado. Lo más preocupante de todo esto, es que hasta el momento no hemos tomado conciencia de la importancia que tienen los partidos para una democracia, y el riesgo que esta corre cuando los partidos no la sostienen.

¿Por qué son importantes los Partidos Políticos?

Los partidos son importantes pues son los principales agentes de representación política y son virtualmente los únicos actores con acceso a cargos de elección popular en la política democrática. En otras palabras, los partidos dominan la política electoral ya que los gobiernos democráticos son elegidos a través de ellos. Pero los partidos, no solo constituyen el medio a través del cual los gobiernos se forman, sino que su presencia alienta a grupos para organizarse en términos políticos. Así, la manera en que los partidos se organizan para competir en la arena electoral, pero también para hacer política partidaria, terminan por estructurar la forma en que los actores políticos -en general- interactúan.

Por tanto, no es posible reducir el campo de acción de los partidos al momento electoral (si fuese así, en el Perú tendríamos el mayor número de partidos de América Latina), ya que como hemos visto, además de competir en elecciones, cuando los partidos son movimientos estructurados y estables, con una organización que los articula, una ideología que los identifica, un programa que los alienta, y una militancia que les asegura su vigencia social, los partidos logran canalizar y expresar los diversos intereses de la sociedad (políticos, económicos, culturales, etcétera), configurando la agenda política -dándole voz a ciertos intereses y conflictos mientras simultáneamente acallan otros- aumentando o disminuyendo las perspectivas para un gobierno efectivo y una democracia estable (Mainwaring y Scully: 1996).


¿Por qué decimos que el Perú no cuenta con un sistema institucionalizado de partidos?

A pesar de que, como hemos podido apreciar, en el Perú muchos partidos hayan sido reconocidos formalmente como tales, eso no quiere decir que nuestro país cuente con un sistema de partidos institucionalizado -algo que debería preocuparnos a todos-. Sostenemos ello pues en general la institucionalización se refiere a un proceso por el cual una práctica o una organización se hace bien establecida y ampliamente conocida, sino necesariamente aceptada por todos.

En un sistema institucionalizado, los partidos desarrollan expectativas, orientaciones y conductas basadas en la premisa de que esta práctica u organización han de prevalecer en el futuro previsible. Eso quiere decir, como sostiene Samuel Huntington, que la institucionalización es el proceso mediante el cual estas organizaciones adquieren valor, estabilidad y predictibilidad.

En un sistema de partidos institucionalizado no tienen cabida las agrupaciones “vientres de alquiler”, las que “cambian de nombre” como si de ropa interior se tratara (90, 95, 2000 o 2011) o las que “modifican su orientación política sin ningún reparo” (son de centro, derecha, izquierda, arriba o abajo, dependiendo del cliente). En pocas palabras, en un sistema de partidos institucionalizado, la lista de 13 a la que hemos hecho referencia, quedaría reducida a menos de la mitad, sin mayor problema.



¿Qué condiciones debería tener un sistema de partidos para que se le considere institucionalizado?

Para nosotros, siguiendo a los autores ya referidos, para que un sistema de partidos pueda ser considerado institucionalizado, al menos debería cumplir cuatro condiciones:

La primera, y la más importante, es la estabilidad en las reglas y en la naturaleza de la competencia entre partidos. Por tanto, una situación en la que partidos importantes aparecen con regularidad y con la misma rapidez se evaporan (“vientres de alquiler” y/o “aventuras electorales”), no es característica de un sistema institucionalizado de partidos. Donde no existe la estabilidad, la institucionalización es limitada. ¿Cumple nuestro sistema de partidos con esta condición? No.

La segunda, los partidos importantes deben tener raíces más o menos estables en la sociedad; de otro modo, no estructuran las preferencias políticas a lo largo del tiempo, y hay una regularidad limitada en la manera en que la gente vota. Esto se refiere al apego de los ciudadanos a los partidos y a la importancia que cobran las etiquetas partidarias, generando vínculos entre el elector y la organización que terminan por regularizar el sistema político. ¿Cumple nuestro sistema de partidos con esta condición? No.


La tercera, en un sistema de partidos institucionalizado, los actores políticos importantes conceden legitimidad al proceso electoral y a los partidos. Las elites políticas basan su conducta sobre la expectativa de que las elecciones serán la ruta principal que conduce al gobierno. Si esta expectativa se erosiona, entonces la institucionalización se desmorona, ya que los actores políticos empiezan a percibir que las elecciones abiertas no son el proceso real para determinar quién gobierna. ¿Cumple nuestro sistema de partidos con esta condición? No.

Finalmente, en un sistema de partidos institucionalizado, las organizaciones partidarias tienen importancia. Los partidos no están subordinados a los intereses de líderes o caudillos ambiciosos, pues adquieren un valor propio. Constituye un signo de institucionalización la firme implantación de estructuras partidarias, su extensión a un territorio amplio, la estabilidad de su organización, y la observancia de su normativa interna, inclusive por parte de los líderes del partido. Además, los procedimientos del partido se hacen rutinarios, inclusive aquellos vinculados a la elección y al control del partido, como la celebración de elecciones primarias en las cuales se eligen a los candidatos del partido. ¿Cumple nuestro sistema de partidos con esta condición? No.

Estos apuntes nos llevan a afirmar que nuestro país carece de un sistema de partidos institucionalizado, que contribuya a la consolidación de nuestro sistema democrático y del Estado de Derecho. Ahora bien, llegando al término de esta columna queda por hacernos una última pregunta.


¿Por qué es importante institucionalizar un sistema de partidos en el Perú?

La razón parece bastante obvia: Allá donde el sistema de partidos está más institucionalizado, los partidos son actores claves que estructuran el proceso político, donde está menos institucionalizado, los partidos no son tan dominantes, no estructuran tanto el proceso político, y por ende, la política tiende a ser más impredecible. Además, cuando un sistema de partidos no está institucionalizado, la política se torna más errática, y gobernar es también más complicado (el desorden, caos e inestabilidad distinguen a estos sistemas).

De hecho, apuntan Mainwaring y Scully, cuando las instituciones políticas son débiles, las poderosas elites económicas tienden a tener acceso privilegiado a los elaboradores de políticas. Es decir, en ausencia de controles y equilibrios institucionales bien desarrollados, a menudo prevalecen prácticas patrimoniales, las legislaturas se cierran, y los gobiernos terminan doblegándose ante los intereses de los grandes grupos de poder. Entonces, si queremos que el proceso democrático electoral en el Perú recupere su sentido, garantizando que quien resulte ganador será quien verdaderamente ejerza el poder político que la ciudadanía le ha conferido, la única salida es apostar por la institucionalización de nuestro sistema de partidos. Una apuesta de la que muchos hablan, pero que a pocos realmente les interesa hacer.


Nota: los interesados en el tema pueden consultar el libro de Mainwaring y Scully titulado: “La construcción de instituciones democráticas: Sistema de Partidos en América Latina”.

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