sábado, 17 de abril de 2010

El Mientopolitano: una mentira más que importa


Ese ha sido el nombre con el que miles de usurarios de Twitter han bautizado al Corredor de Alta Capacidad (COSAC) más conocido con el nombre de Metropolitano. El nombrecito además de gracioso e irónico da cuenta de una realidad que a todos los ciudadanos de nuestra Lima debe preocuparnos. Nadie que día a día al salir de su casa se enfrente al caótico tráfico de nuestra ciudad podría desconocer la importancia de la elaboración de proyectos viales que paulatinamente descongestionen nuestras calles y avenidas.

Sin embargo, lo que debe a todos invitarnos a la reflexión es la manera como este tipo de proyectos se llevan a cabo, es decir, si los mismos cuentan o no con una plan y diseño de ejecución que nos permita saber con claridad el trazo del mismo, con estudios de impacto ambiental que permitan prever los posibles efectos negativos que la misma obra pueda ocasionar, un programa claro en el cual se señale el plazo de ejecución de la obra y el precio final de la misma, y lo más importante para el vecino, una central de información en la cual todos, absolutamente todos los vecinos de Lima, podamos encontrar respuesta a las innumerables preguntas que día a día nos hacemos en torno a este proyecto, dejando a salvo los principios de honestidad y transparencia necesarios en toda gestión pública democrática.


Como es conocido por todos, nuestro alcalde ha sido bautizado con los apelativos de “El Mudo” o “Castañeda el hombre de las dos palabras”, todo ello debido a su escasa o nula disposición a conversar con los medios de comunicación que no son sino el canal a través de los cuales las autoridades públicas pueden sostener un diálogo con la población. Castañeda demuestra con esa actitud su total falta de consideración con el vecino limeño, a él le interesa poco o nada la opinión de todos aquellos que vivimos en Lima, peor aún, ningunea y menosprecia las miles de críticas que día a día se le hace llegar través de la prensa escrita, radial y televisiva. Castañeda prefiere escudarse tras los pantalones del inefable Marco Parra, su teniente alcalde que de tanto salir a defenderlo durante todos sus años de gestión, seguramente ya se ha asegurado un lugar preferencial en su corazoncito, a salir al frente y dar a la ciudadanía las explicaciones que a lo largo de todo este tiempo se le han pedido.


Que la prensa no me quiere, que yo hablo a través de mis obras, que los medios de comunicación quieren minar mi candidatura presidencial, que los vecinos no se quejen porque nunca se hizo tanta obra como en mi gestión, que las escaleras de la solidaridad cambiaron la vida de miles de limeños, son las frases más usadas por Castañeda y compañía para eludir el afán fiscalizador y crítico de la ciudadanía. En tal sentido, y como estoy seguro que el señor Castañeda, el cual recuérdenlo bien pretende ser presidente de nuestro país, no cambiará su estilo de hacer política, indiferente con la población, soberbio con los medios de comunicación, autoritario al momento de tomar decisiones, me permitiré a través de este espacio hacerle algunas preguntas, que espero ustedes me ayuden a absolver.


Si de acuerdo al proyecto inicial, el trazo del Mientopolitano debía de llegar hasta los distritos de Comas y Carabayllo, ¿Por qué este trazo fue recortado y ahora sólo llegará hasta los Olivos? Yo no sé


Si uno de los proyectos que la Metropolitana de Lima tiene en su cartera como proyecto de ejecución es el de ampliar el trazo de la Vía Expresa e interconectarlo con la Panamericana Sur, ¿Por qué se optó por un proyecto como el Mientopolitano, que resultando ser más oneroso, solo beneficiará al 10% de la población limeña? Yo no sé.


Si el proyecto ha sido tan bien diseñado como se esfuerza en señalar su teniente alcalde, ¿Por qué durante estos últimos tres años (2007-2008-2009) la fecha de inauguración ha tenido que ser pospuesta tres veces? Yo no sé. Mas aún, y en el colmo de la desfachatez, autoridades de la comuna limeña nos dijeron que la obra se inauguraría el día 15 de abril de 2010, lo que no sabíamos, era que días después de hacerse este anuncio, se nos dijera con total frescura que el primer mes de funcionamiento del Mientopolitano se llevaría a cabo sin pasajeros, y que recién en la quincena de mayo los limeños podríamos hacer uso del mismo.


Si el proyecto del metropolitano cumplía con todos los requisitos técnicos que la normativa legal en la materia exige, ¿Por qué el Mientopolitano inició la ejecución de la obra antes de que la autoridad competente aprobara el estudio de impacto ambiental de la misma, tal y como ha sido revelado por el mismísimo Ministerio de Transportes y Comunicaciones? Yo no sé.


Si el proyecto estaba tan bien diseñado y el estudio técnico había sido realizado con total pulcritud, ¿Por qué entonces el precio o el costo del mismo han sufrido un exponencial incremento llegando a costar más del doble de lo que se pensó en un principio? Mas aún ¿Por qué cada kilómetro del Mientopolitano cuesta más que un kilómetro de cualquier obra de este tipo hecha en América Latina? Yo no sé


Finalmente, y para no aburrirlos más con mis preguntas al presidenciable Castañeda, ¿Por qué si la obra que se tomó como referencia en el diseño del Mientopolitano fue el Transmilenio de Colombia, y dicho proyecto fue completando con otros proyectos viales de menor alcance, como la construcción de vías alimentadoras, ciclo vías, paraderos inteligentes, puentes peatonales en las principales arterías de la ciudad, el diseño del Mientopolitano no contempla ninguna de estas iniciativas paralelas? Yo no sé.


Como pueden apreciar, son varias las preguntas que el presidenciable Castañeda debería responder, todo ello en aras de la transparencia y la honestidad q ue en el manejo de los fondos públicos siempre se debe exhibir, fondos que costeamos todos los limeños con nuestros impuestos. Sin embargo, este señor se da el lujo de ignorar la queja y la inquietud de los vecinos, amparado en su inconcebible 80% de aprobación a su gestión. Lo que no entiende el señor Castañeda es que en una democracia, en la cual las autoridades y la clase política guardan un profundo respeto por el vecino, ciudadano y elector, el respaldo de la ciudadanía, la fidelidad del ciudadano, no se castigan, como él lo hace, la fidelidad se premia, con respeto, consideración y transparencia.







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