jueves, 3 de septiembre de 2009

El matrimonio en el siglo XXI


Uno de los temas más polémicos en nuestros días, tanto en el Perú como en el mundo, es la posibilidad de ampliar las fronteras de la institución matrimonial y permitir que personas del mismo sexo contraigan nupcias. Hace algunos años a nadie en la ciudad de Lima se le hubiera ocurrido siquiera la posibilidad de que una propuesta de este tipo cobre viabilidad tanto desde el punto de vista social como jurídico. Hoy en día, la sociedad peruana, y en especial la limeña, ha cambiado de manera de pensar, ha sido capaz de ampliar sus horizontes mentales y percibir con una mayor apertura la presencia cada vez más continua de personas que presentando una opción sexual no tradicional (heterosexualidad) tienen el pleno derecho de elegir y desarrollar cabalmente su propio proyecto de vida, el cual incluye, sin lugar a dudas, la posibilidad de elegir una pareja, vivir con ella, establecer lazos de afecto a lo largo del tiempo y gozar, en alguna medida, de la protección legal que las parejas heterosexuales reciben de parte de la Constitución y las leyes de nuestro país.

Una reciente encuesta elaborada por el grupo Apoyo revela cifras que avalan a plenitud el diagnóstico antes descrito. Según este estudio el 80% de entrevistados (de un universo de 1000 personas) respondió que tolera a los homosexuales y más del 60 % señaló estar de acuerdo en que la homosexualidad es una opción sexual distinta pero válida. Estos datos grafican el cambio que la sociedad peruana ha venido experimentando en los últimos años, al parecer, el índice de tolerancia hacia lo diferente y la aceptación de que lo distinto o inusual no es necesariamente malo es una tendencia que no parece menguar y que, de acuerdo a la opinión de analistas y expertos en el tema, en los próximos años tenderá a generalizarse con una mayor fuerza y convicción.

Pero no todas las preguntas de la mencionada encuesta recibieron respuestas tan progresistas y liberales. Tenemos que el 61% considera peligroso para los niños que un homosexual sea profesor escolar y un 51% afirma que no compartiría una habitación con un homosexual. Sin lugar a dudas, el sondeo completo nos habla de una sociedad que se encuentra en permanente cambio de mentalidad, cambio que no puede darse de manera abrupta y gradual, sobre todo cuando este trae consigo la modificación de patrones mentales y condicionamientos sociales que han estado inmersos en el discurso colectivo durante muchísimos años (la homosexualidad es una enfermedad, los homosexuales son más promiscuos que los heterosexuales, los niños no estarán a salvo en manos de una persona homosexual, etc.). Sobre el particular, el psicoanalista Moisés Lemlij afirma: Las cifras nos hablan de una ambiente social que empuja a la gente a ser más liberal” aunque no todos estén convencidos de ellos. Además, no todos los cambios se dan en paralelo, una cosa es la tolerancia en abstracto, y otra cosa es aceptar que sus hijos les confiesen que son homosexuales o dejarlos al cuidado de uno”.

Ahora bien, la polémica sobre la posibilidad de consagrar el matrimonio civil entre personas del mismo sexo sigue siendo el debate que mayores enfrentamientos suscita en los diversos círculos de la sociedad. Debemos tener en cuenta que durante casi 2000 años, la religión ha tenido gran influencia en la manera como las instituciones jurídicas han sido diseñadas y consagradas en los diversos ordenamientos jurídicos del mundo. En ese sentido, en sociedades como la nuestra en las cuales la influencia de los dogmas católicos tiene una presencia muy fuerte, hablar de la posibilidad de un matrimonio civil entre personas del mismo sexo se torna un sacrilegio. Recordemos que para la Iglesia Católica el matrimonio sólo es posible entre personas de diferente sexo, entre un varón y una mujer, ya que la finalidad del mismo es la reproducción humana y la educación de los niños y niñas de acuerdo a los planes que dios ha revelado en las santas escrituras.

El problema de argumentar en favor o en contra de una propuesta de este tipo a partir de las consideraciones morales o religiosas que el grupo mayoritario de una sociedad profesa (los católicos) radica en el desconocimiento del derecho que tienen los ciudadanos de profesar otras creencias y otros cultos, estableciendo una suerte de preferencia a favor de la mayoría, vulnerando el derecho de un sector de la población que goza del derecho a reclamarle al Estado el reconocimiento de sus derechos y el ejercicio de los mismos en condiciones de igualdad y con plena libertad. El Estado, a través de su legislación, ya sea penal o civil, no puede imponer un modelo de realización personal a seguir, no puede obligarnos o conminarnos a elegir un modelo de vida y una opción que no es la nuestra, no puede hacerlo de manera directa (hay todavía 80 países en los cuales ser homosexual es ilegal) o indirecta (desconociendo el derecho de las personas del mismo sexo a un tipo de unión civil que les garantice derechos como el seguro médico o la herencia), el Estado , en cambio, en una sociedad democrática y plural, debe reconocer, promover y velar por el ejercicio pleno y cabal de los derechos de todos sus ciudadanos, sin distinciones absurdas que traigan consigo conductas discriminatorias entre unos y otros.

Las voces que se oponen a esta iniciativa señalan que resulta antinatural que dos personas del mismo sexo se unan civilmente, me pregunto quién define lo que es natural o antinatural en la sociedad contemporánea, que la homosexualidad es una enfermedad, cuando ya en 1973 la Asociación Psiquiátrica de EE.UU retiró la homosexualidad de su lista de patologías mentales, que resulta peligroso reconocer el matrimonio civil entre dos personas del mismo sexo ya que el paso siguiente será el reconocerles el derecho de adopción, situación que no se ha presentado en ninguno de los 17 países (España, Holanda, Argentina) en los cuales se permite algún tipo de unión civil.

Personalmente creemos que no existen razones jurídicas, y de ningún tipo, que imposibiliten la figura de algún tipo de unión civil entre personas del mismo sexo, ellas tienen derecho a elegir libremente su plan de vida, a compartir su vida con el ser que mejor prefieran, a ejercer sus derechos con tanta libertad como las parejas heterosexuales, y a recibir por parte del Estado y la sociedad un trato que no suponga una discriminación encubierta que entorpezca o menoscabe su derecho al libre desarrollo de su personalidad.

En tal sentido, recomendamos la incorporación de la figura de la unión civil entre parejas del mismo sexo, la modificación del artículo 5º de la Constitución el cual sólo admite la posibilidad de uniones de hecho que originen comunidad de bienes en los casos de las uniones entre un varón y una mujer, ya que entendemos que la finalidad de la unión entre dos seres humanos, la decisión de hacer una vida en común, no pasa por el hecho de traer hijos al mundo o no, sino por el deseo de compartir una vida al lado del ser querido y que esta goce del aval y la protección de la sociedad y del Estado, en temas tan cruciales como la herencia, el seguro médico y todo el conjunto de beneficios y garantías que el matrimonio civil le otorga a la pareja.

Finalmente, no podemos terminar el presente artículo sin hacer mención a la problemática de la adopción en las parejas del mismo sexo, ya que la controversia que se suscita en torno a este tema, y los temores que se desatan en la sociedad merecen una respuesta que va mas allá del ámbito estrictamente jurídico, ya que debemos de tener en cuenta que en este supuesto el bien jurídico y el valor que está en juego es la tutela de los derechos del menor, en ese sentido, deberá de considerarse el impacto psicológico que esta figura tenga en el desarrollo de la personalidad del niño, por ello somos de la idea que si bien se debe de reconocer la posibilidad de legalizar la unión o matrimonio civil entre personas del mismo sexo, la posibilidad de que esta pareja adopte es una tema que merece una mayor discusión ya no en el ámbito jurídico, sino en al ámbito médico, y psicológico particularmente.

Rafael Rodríguez Campos



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