miércoles, 17 de septiembre de 2014

LAS VICTIMAS DEL HORROR


Hablar del Informe Final de la CVR sigue siendo una tarea muy difícil en nuestro país. Quienes están a favor de su contenido son tildados de comunistas, rojos o caviares. Por su parte, quienes están en contra son vistos como fachos, reaccionarios o defensores del terrorismo de Estado. 

Un maniqueísmo absurdo
En nuestra opinión, ambas posiciones son igualmente absurdas y maniqueas. La lógica es muy simple: respaldar el diagnóstico de una investigación no te convierte en defensor de una ideología, así como estar en contra no dice nada sobre la posición política de sus detractores; sobre todo en un país como el nuestro en el cual no se puede hablar de una “sola izquierda” o una “sola derecha”, y menos de una identificación ideológica fuerte.
Nosotros consideramos que el Informe constituye la investigación más importante que se ha hecho en el Perú sobre los años de violencia política que los peruanos padecimos durante más de una década. Eso no quiere decir que este Informe esté exento de errores o imprecisiones. Como toda obra humana, este trabajo siempre será susceptible de ser mejorado con información y enfoques que contribuyan a consolidar su contenido, esclareciendo las dudas que en su momento se hubiesen podido generar en torno a algunas de sus conclusiones.

Muchos críticos no han leído el Informe

No obstante ello, ninguna persona que haya leído (por completo) el Informe, despercudida de los prejuicios y sesgos ideológicos que enturbian el análisis y nublan el juicio, puede desmerecer el valioso trabajo que los Comisionados llevaron a cabo durante todo el tiempo que les tomó la elaboración de esta investigación.


En todo caso, y a pesar de las posibles críticas, insultos o agresiones que seguramente recibiremos de parte de los que a lo largo de los últimos años se han empeñado en atacar de manera virulenta a quienes respaldamos las conclusiones vertidas en el Informe (la gran mayoría), nosotros consideramos fundamental, a 11 años de la presentación del Informe Final de la CVR, recordar el rostro de las víctimas de la demencial violencia desatada por el movimiento terrorista Sendero Luminoso.

Víctimas de la desigualdad
La CVR determinó que la violencia armada no afectó de manera uniforme a todos los ámbitos geográficos ni a los diferentes estratos sociales del país. La violencia se concentró en las zonas marginales de nuestra sociedad, en los pueblos y áreas menos integradas a los centros de poder económico y político de nuestra patria. Los datos encontrados por la CVR permiten afirmar que los actores del conflicto seleccionaron a sus víctimas al interior de los lugares más pobres y olvidados de las regiones y localidades que fueron el escenario de esta delirante violencia.

La sierra se desangraba
Como ya lo hemos señalado, la violencia política afectó con mayor dureza a las zonas más pobres y excluidas de nuestro país. Pero en el Perú, como todos saben, los más desamparados han sido siempre los campesinos del área rural. 
Por eso no debe sorprendernos que Ayacucho sea el departamento que concentra la mayor cantidad de muertos y desaparecidos reportados a la CVR (más del 40%). Adicionalmente, la CVR determinó que en los departamentos de Junín, Huánuco, Huancavelica, Apurímac y San Martín, se registraron cerca del 85% de las víctimas que le fueron reportadas. 

Esto demuestra, aunque algunos todavía insistan en negarlo, que existe una relación directa entre exclusión social e intensidad de la violencia. No es una simple coincidencia que cuatro de los departamentos más afectados por el conflicto armado interno (Huánuco, Apurímac, Ayacucho y Huancavelica) sean considerados dentro de la lista de los cinco departamentos más pobres de nuestro país.

Si el Perú fuese Ayacucho
¿Qué hubiera pasado si la violencia desatada en Ayacucho se replicaba en todo el país? Esta es una pregunta que es importante hacer pues nos permitirá apreciar con claridad la magnitud de la tragedia que le tocó vivir a este departamento. La CVR ha estimado que 26,259 personas murieron o desaparecieron durante los años del conflicto armado interno entre 1980 y 2000 en Ayacucho.
Ahora bien, si esa proporción estimada de víctimas para Ayacucho respecto de su población en 1993 se hubiera replicado en todo el país, el conflicto armado interno habría causado cerca de 1.2 millones de víctimas fatales en todo el Perú, de las cuales 340 mil (aproximadamente) habrían ocurrido en la ciudad de Lima Metropolitana, el equivalente a la proyección al año 2000 de la población total de los distritos capitalinos de San Isidro, Miraflores, San Borja y La Molina.

Se seleccionaron a las víctimas
La CVR afirma que a pesar de que la violencia tuvo un carácter masivo y estuvo concentrada en las zonas más excluidas y marginadas de nuestra sociedad, los principales actores del conflicto desarrollaron una estrategia de selección de víctimas en atención a los objetivos que estos actores buscaron alcanzar. Así pues, a partir de los testimonios recogidos por la CVR, podemos decir que el perfil de las víctimas fue el que mostraremos a continuación.


Los líderes y las autoridades locales
Fueron uno de los blancos del terrorismo de Sendero Luminoso. Eso significó que las personas que tenían responsabilidades importantes o desempeñaban labores de liderazgo social o político en sus respectivas comunidades se convirtieron en potenciales enemigos y víctimas de este movimiento terrorista (es imposible no recordar la figura de María Elena Moyano).
La cifras son tan contundentes que permiten afirmar que después de los campesinos, el segundo grupo ocupacional más golpeado por Sendero Luminoso, estuvo conformado por las diversas autoridades locales y dirigentes sociales que existían en las zonas en las cuales el conflicto se desató (alcaldes, regidores, prefectos, sub prefectos, jueces de paz, dirigentes barriales, etc.).

Agricultores y ganaderos
La CVR señaló también que las personas dedicadas a actividades agropecuarias representan el 57% de las víctimas causadas por Sendero Luminoso; sin embargo, existen diferencias al interior de ese mismo grupo, entre los campesinos medianamente prósperos y los más pobres, entre aquellos que contaban con la posibilidad de acceder a centros de poder (económico y político) local o regional y los más excluidos.
Esto hizo que los campesinos más prósperos fueran perseguidos y maltratados con mucha mayor violencia por parte de Sendero Luminoso. Para este movimiento terrorista, todos aquéllos agricultores o ganaderos que tuvieran contactos con el mercado, las instituciones formales o las redes de poder económico y político, eran considerados “enemigos de la clase del proletariado y del campesinado” o “agentes del Estado feudal y burocrático” que debían ser aniquilados.


Las víctimas de los agentes del Estado
Las fuerzas del orden seleccionaron a sus víctimas de acuerdo con el perfil general de quienes podían ser proclives a integrarse a los grupos terroristas. ¿Quiénes eran y qué características tenían? Eran los jóvenes con educación secundaria y superior que habiendo generado expectativas de ascenso social y progreso económico que no fueron satisfechas por las escasas oportunidades locales y regionales, fueron seducidos por el discurso de cambio social y político de Sendero Luminoso, en el cual los jóvenes “serían los verdaderos artífices del mundo nuevo”.
Al mismo tiempo, es posible hacer una diferencia en cuanto a la edad de las víctimas. Así, la proporción de personas menores de 30 años es mayor entre las víctimas del Estado, mientras que las víctimas mayores de 40 años se cuentan en mayor proporción entre las víctimas de Sendero Luminoso. Además, de acuerdo a los testimonios recogidos, se sabe que dentro de los detenidos por delito de terrorismo, más de la mitad de ellos tenían entre 20 y 29 años al momento de ser detenidos por los agentes del Estado y 45% de ellas tenían algún nivel de instrucción superior.
Esto hace que una estrategia de selección de víctimas basada en categorías tan generales (edad, grado de instrucción, lugar de nacimiento), aplicada de manera general y sistemática, conduje inexorablemente a la comisión de graves violaciones contra los derechos humanos, y eso no quiere decir, de ninguna manera, que el Informe tenga un sesgo en contra de los militares o policías, son los datos y testimonios los que arrojan esta terrible conclusión.

El sexo y la edad de las víctimas
Se sabe que la violencia no afectó del mismo modo a mujeres y hombres por igual ni estuvo distribuida uniformemente entre todos los grupos de edad. ¿Qué sexo y edad tenía el grueso de las víctimas? Fueron los hombres entre 20 y 49 años quienes conformaron el mayor grupo de víctimas fatales reportadas a la CVR (más del 50%) mientras que las mujeres de todas las edades suman cerca del 20% del total de víctimas. En otras palabras, el conflicto afectó sobre todo a hombres jefes de hogar, es decir, el grupo de la población con mayor cantidad de hijos dependientes, responsables económicos y políticos en sus localidades.

 Asimismo, se sabe que fueron las mujeres y los niños las víctimas que con mayor frecuencia aparecen en situaciones de violencia indiscriminada como son las masacres. La CVR ha señalado que conforme aumentaba el tamaño del grupo de personas asesinadas, también aumentaba la proporción de mujeres y niños menores de 15 años. Y claro, fueron los niños las víctimas menos identificadas en estas matanzas (los sobrevivientes no los reconocían).

Memoria para construir un mejor país

Fueron los desposeídos y olvidados de nuestra patria los que sufrieron los mayores horrores de esta barbarie. El problema es que luego de años de vida republicana, el panorama y las condiciones estructurales de atraso y postergación de gran parte de nuestro país aún siguen vigentes. Nuestro deber es acabar con esta situación que indigna y subleva el corazón de la mayoría de peruanos. Por eso ahora, a 11 años del Informe Final de la CVR es importante mirar atrás, observar la tragedia que nos tocó vivir, mirar lo que fuimos y lo que debemos dejar de ser, pues esa será la única manera de construir un país menos injusto y más solidario para todos los peruanos.

Para que casos como el de Giorgina Gamboa no se repitan
Todo ello debemos hacer como sociedad para que en un futuro, casos como los descritos, crímenes terribles e infames como el de Giogiana Gamboa, mujer violada por 7 sinchis (policías) en 1980, a la edad de 15 años, jamás se vuelvan a repetir en nuestra patria. Hemos querido recordar el caso de Giorgina Gamboa, pues hace pocos días, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha aceptado la petición para esclarecer estos hechos, por lo que el Estado peruano tendrá que explicar, entre muchas otras cosas, por qué, a pesar del tiempo transcurrido y de las pruebas contundentes que acreditan la responsabilidad de los sinchis, el caso se archivó -dos veces- absolviendo a todos los implicados.

Finalmente, lo que los peruanos debemos tener claro, es que si aspiramos a construir una sociedad civilizada, debemos primero hacer justicia, buscar la verdad, luchar contra la impunidad, pues ese es el único camino para alcanzar la auténtica reconciliación nacional, es la única fórmula para dejar atrás nuestro pasado vergonzante, enterrar a nuestros demonios, y dejar que el alma de nuestros muertos descanse en paz. Creo que la mejor forma de terminar esta columna es citando las palabras que Giogina Gamboa pronunció en una entrevista: “Yo solo quiero que me pidan perdón”.

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