martes, 1 de julio de 2014

¿CÓMO SE HICIERON RICOS LOS PAÍSES RICOS?


Esa es la pregunta que el reconocido economista coreano Ha-Joon-Chang responde en su extraordinario libro titulado “Retirar la escalera”. Lo que hace este autor es brindarnos una mirada distinta a la que comúnmente plantea la ortodoxia económica mundial en torno a la manera cómo los países ricos alcanzaron posicionarse en la cumbre del progreso y desarrollo. Aprovecharé entonces esta columna para exponer brevemente las ideas más importantes de este monumental libro.

La fórmula que “todos debemos seguir”

En nuestros días, señala el autor, los países en desarrollo (PED) sufren importantes presiones por parte de los países actualmente desarrollados (PAD) y de la academia económica y política a la que éstos controlan, para que adopten un conjunto de “buenas políticas” y “buenas instituciones” que impulsen su desarrollo económico: las “buenas recetas”.

En otras palabras, estas “buenas recetas”  no son otras que las prescritas por el llamado Consenso de Washington, las mismas que le fueron impuestas a los PED desde los inicios de la década de los ochenta (en el Perú a partir de los noventa).


¿Cuáles son las “buenas políticas” y las “buenas instituciones”?

En este punto, es importante hacer la siguiente diferencia: cuando hablamos de “buenas políticas” estamos haciendo referencia a: 1) Políticas macroeconómicas restrictivas; 2) Liberalización del comercio internacional; 3) Liberalización de la inversión; y 4)  Privatizaciones y desregulaciones. En cambio, cuando hablamos de “buenas instituciones” estamos aludiendo a:  1) La democracia política; 2) La buena burocracia; 3) Un Poder Judicial Independiente; 4) Derechos de propiedad bien protegidos (también derechos de propiedad intelectual); y 5) Instituciones de gestión gubernamental y financiera transparentes y orientadas hacia el mercado (incluyendo un banco central políticamente independiente).

¿Existen diferencias entre las políticas y las instituciones?

Claro que sí, como se puede apreciar, existe una diferencia entre políticas e instituciones. Según el propio autor, puede decirse que las instituciones son arreglos más permanentes, mientras que las políticas se cambian con mayor facilidad. Por ejemplo, subir los aranceles de ciertas industrias constituiría una “política”, mientras que el propio arancel puede ser considerado una “institución”.

¿Acaso las únicas "buenas recetas" son las que el Consenso de Washington prescribe?

Al parecer no, justamente lo que el autor cuestiona es si todas estas recetas deben ser adoptadas en los PED y la manera cómo se lleva adelante este proceso. Incluso, lo que el autor pone en debate es si en determinados PED los costos en la implementación de las mismas no resultan siendo mayores que los beneficios (ejemplo: las patentes, la privatización o la desregulación ilimitadas).


Al mismo tiempo, lo que el autor hace es lanzar una hipótesis provocativa que básicamente es ésta: Los PAD no se hicieron ricos siguiendo el camino que ahora pretenden imponer a los PED. Y ello a su vez, lo obliga a lanzar una pregunta por demás subversiva que nos debería invitar a una profunda reflexión: ¿Por qué los PAD quieren imponer medidas que ellos no adoptaron cuando empezaron su camino hacia el desarrollo? Para resolver esta interrogante, y corroborar su hipótesis, el autor estudia, como veremos luego, la historia económica de una serie de PAD (nosotros nos referiremos a dos: Estados Unidos e Inglaterra).

La historia económica de los países estudiados

El libro se centra (capítulo 2 y 3) en el estudio del periodo comprendido entre el siglo XIX y principios del XX, aproximadamente entre el fin de las Guerras Napoleónicas (1815) y el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914), periodo en el cual la mayor parte de los PAD estaban pasando por sus revoluciones industriales. Ahora, los países cuya historia económica es estudiada son: Estados Unidos, Inglaterra y Alemania. A ellos, se suman las experiencias posteriores a la Segunda Guerra Mundial de países como Japón y Francia, que consiguieron generar un impresionante crecimiento económico sobre la base de la radical transformación institucional que se produjo tras la guerra y que dio como resultado una política económica que conjugó tesis liberales y proteccionistas.

La receta que impone Washington no es el único camino hacia el desarrollo

El autor afirma  lo siguiente: Los PAD no llegaron a donde ahora están mediante las políticas y las instituciones que recomiendan actualmente a los PED. En su mayor parte, pusieron en práctica políticas comerciales e industriales “malas”, tales como políticas de protección a la industria naciente y subsidios a la exportación, prácticas que hoy en día son desaprobadas, cuando no activamente rechazadas, por la OMC (Organización Mundial del Comercio).

¿Qué se hizo en los Estados Unidos?

El autor nos recuerda que en la obra de Smith “La riqueza de las Naciones” se señaló que los estadounidenses cometerían un grave error si buscaban la promoción de su industria naciente a partir de medidas proteccionistas contrarias al “libre cambismo”.


Afortunadamente (lo dice irónicamente el autor), los estadounidenses rechazaron con firmeza el análisis de Smith a favor del “sentido común” y “del instinto de lo que realmente era necesario hacer para su nación”, procediendo a proteger sus industrias nacientes con gran éxito a partir de 1816, para luego, y después de casi 100 años, convertirse recién, en parte gracias a estas medidas, en el líder industrial y en el centro intelectual a nivel global.

En otras palabras, antes de que los Estados Unidos se convirtiera en el gran difusor, promotor y guardián del libre cambismo a nivel mundial, tuvo 100 años de políticas proteccionistas, las mismas que ahora condena y combate ferozmente a nivel global. ¿No es acaso eso una gran contradicción?

¿Qué se hizo en Inglaterra?

El autor nos demuestra que Inglaterra fue en realidad el primer país en perfeccionar el arte de la promoción de su industria naciente (el denominado fortalecimiento hacia adentro), que según este autor, fue (y es) el camino hacia la prosperidad de la mayor parte de los países. Por eso, quienquiera que no esté convencido de la validez del argumento de la industria naciente y de su importancia para el desarrollo, debería estudiar primero la historia de la industria inglesa, sentencia. ¿Y cómo lo hicieron? Simple, implementando medidas proteccionistas que para el caso de los PED los PAD satanizan. ¿No es acaso eso una gran contradicción?

Los PAD (Estados Unidos a la cabeza) son quienes nos “retiran la escalera”

Como ya lo señalamos, recién cuando los Estados Unidos logró consolidar su supremacía industrial de manera absoluta a nivel mundial tras la Segunda Guerra Mundial, empezó, al igual que lo hizo Inglaterra en el siglo XIX, a promover decididamente el libre comercio, pese al hecho de que adquirió esa supremacía mediante el uso nacionalista de un fuerte proteccionismo. Eso quiere decir “retirar la escalera”: condenar a los otros por hacer lo que uno hizo en beneficio propio.  ¿No es acaso una actitud cínica e interesada defender un liberalismo radical que ellos no practicaron? Por tanto, impedir que los PED adopten estas políticas constituye una seria limitación a su capacidad de desarrollarse económicamente; y además, un fraude histórico monumental.


Apunte final

Luego de revisar este libro, cuya lectura y compra recomiendo, no me queda sino formular algunas preguntas que espero sirvan para abrir un debate profundo y serio sobre esta materia, incentivando a los lectores a cuestionar algunas ideas que cierto sector nos ha querido imponer como si se tratasen de verdades bíblicas y dogmas divinos.

 Pensemos

¿Lograrán los PED fortalecer sus industrias y consolidar sus economías siguiendo las recetas impuestas por el monocorde discurso del Consenso de Washington? ¿Tendrán los PED la convicción y fuerza necesarias para cambiar la historia? ¿Seremos capaces los latinoamericanos de implementar un plan coherente para el desarrollo de nuestras industrias nacionales sin esperar el permiso de los grandes grupos de poder económico transnacional? ¿Será capaz la gran prensa de darle tribuna a quien cuestiona el modelo impuesto por Washington? ¿Se atreverán los señores de la CONFIEP a mirar sin complejos la historia económica mundial?


Estas son las preguntas que nuestros gobernantes han preferido no responder (desde Fujimori en adelante). Estas son las preguntas que tanto la derecha como la izquierda en el Perú (y en la mayoría de países de la región) deben plantearse y no lo hacen. Estas son las preguntas que el conglomerado mediático de nuestro país (El Comercio) ha preferido “convenientemente” no hacer, pues no quiere enojar y perder a sus anunciantes, tan simple como eso.

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