jueves, 18 de julio de 2013

LA POLÍTICA NO ES UNA MIERDA, AUNQUE LO PAREZCA





Yo sé que cuesta trabajo creer esto luego de la manera infame cómo los “padrastros de nuestra patria” eligieron a los seis nuevos miembros del Tribunal Constitucional (TC). Los “padrastros” mandaron al carajo la ética, encarpetaron la moral y asesinaron la decencia política a mansalva. Nada de esto importó a la hora de la repartija de cargos, y al puro estilo del capo que distribuye el botín entre sus mafiosos, los asientos en el TC fueron repartidos sin importar otra cosa que no sea la “afiliación política”.

Los “padrastros” tuvieron la oportunidad histórica de conformar un TC de lujo (seis nuevos miembros debían ser nombrados), pero la pequeñez pudo más, la miseria de estos congresistas se impuso, y el Perú ahora lo sufre, lo sufre porque a ninguno de estos representantes del todo vale se le ocurrió, aunque sea por un minuto, pensar en el profundo daño que esta decisión le hacía a la institucionalidad de nuestro país.

Los méritos no importan

La consigna fue muy clara: Mandemos a la mierda los méritos y las calificaciones académicas y profesionales de los candidatos, no importa si el aspirante no sabe absolutamente nada de Derecho, no importa si su trayectoria jurídica se resume en una miserable hoja de papel en blanco, no importa si carecen de credenciales democráticas que los legitimen ante los ciudadanos como auténticos defensores de la constitucionalidad en el país. Acá no importa nada, porque de lo que se trata es que cada pandilla organizada tenga a uno de sus cabecillas como integrante del Tribunal más importante de nuestro país.

El defensor de una dictadura

Y así ocurrió, la banda fujimorista logró imponernos la candidatura de un defensor del golpe de Estado de 1992, un patrocinador de militares acusados por delitos de  violación contra los derechos humanos, un feliz abogado de los narcotraficantes más gordos del país. Recuerden, este es el mismo señor que justificó la destitución de lo tres magistrados constitucionales que se opusieron a la “inconstitucional” tercera reelección de Alberto Fujimori, diciendo que ello no era otra cosa que una anécdota y que todos pueden cometer errores.

Este señor, este ilustre representante de esa mafia que gobernó nuestro país durante 10 años, a punta de coimas, sobornos y asesinatos, es ahora premiado con esta elección, este será uno de los hombres que tendrá la responsabilidad de defender  a nuestra “Constitución”, esa misma Constitución que su ex cliente se encargó de pisotear sistemáticamente.

Pero el apetito (insaciable) de poder de los hijos del fujimontesinismo no podía ser satisfecho con tan sólo un candidato suyo en el TC. El TC estaba en su mira, y como el asalto tenía que ser completo, se tomaron el trabajo de conseguirse a un “fujimorista de corazón” que disfrazado de jurista, pudiera burlar los reflectores de los medios (brutos y achorados) para así conseguir su segundo cupo en esta “repartición de asientos”.

El fujimorista disfrazado de santo

Así ha llegado el señor Decano de la Facultad de Derecho de la UPC a ser magistrado del TC. Este es el mismo que sobre el proceso penal seguido en contra del dictador Alberto Fujimori dijo: “Durante el proceso no hubo testigo que indicara que Fujimori dio la orden de ejecutar las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta”, y que  la sentencia se basó en una reconstrucción parcial de la historia. Como si las órdenes de matar y asesinar a los “enemigos de un régimen dictatorial” se diesen a través de documentos formales (con copia y cargo para los archivos).

Como ven, este señor, al que quieren hacer pasar por un “santo letrado”, será el encargado de contener los apetitos de sus amigos fujimoristas. ¿Cómo puede ser magistrado constitucional un tipo que dice que la dictadura fujimorista, a pesar de sus bemoles, fue positiva porque derrotó al terrorismo y la inflación, y porque privatizó las empresas estatales, y bajó el nivel de los aranceles? ¿Puede un tipo así garantizar la constitucionalidad en nuestro país? Y luego nos hacemos los sorprendidos cuando el pueblo elige a quien ROBA PERO HACE OBRA.

Luz verde para la mediocridad

Hasta aquí, la historia ya era una tragedia, pero siempre las tragedias pueden tener un final de terror. Esta vez la pandilla fujimorista no actuó sola, esta vez la bancada nacionalista (con la luz verde de Nadine Heredia, eso lo doy por sentado) también demostró que es capaz de la mayor bribonería, y como si el lema “honestidad para hacer la diferencia” fuese una broma de mal gusto que sus otrora difusores estuviesen empeñados en desaparecer, contribuyó con sus votos para lograr el nombramiento de otros dos impresentables.

El “planchacamisas”

El primero de ellos es un señor que alcanzó el estrellato mediático luego de que los medios de comunicación lo bautizaran con el apelativo de “planchacamisas” (suficiente motivo para no ejercer ningún cargo público), luego de que este fuera denunciado por uno de sus auxiliares, Isidoro Villa Quispe, de que cuando este señor era parlamentario, tanto él como su familia, lo obligaban a planchar sus camisas. Pero el currículo de este señor no se limita a esta “risueña chapita”, resulta que este nuevo magistrado, que tendrá en sus manos la defensa de los valores de la democracia y el respeto por los derechos humanos, es un ferviente defensor de la dictadura cubana, para este señor la Cuba de los dictadores Castro es un paraíso de libertades en donde los ciudadanos ejercen plenamente todos y cada uno de sus derechos. ¿Cómo puede ser magistrado constitucional un tipo que defiende a un régimen totalitario como el cubano?

El chicheñó

El segundo, que no es ni mejor ni peor que su colega “planchacamisas”, tiene un único mérito: es un incondicional de este Gobierno, un verdadero fans enamorado de Ollanta Humala, un acólito, un áulico, un chicheñó, alguien que cree que su líder es algo así como el Manco Cápac del siglo XXI. En tiempos en los cuales el Perú requiere de una reforma política profunda, destinada a consolidar partidos auténticamente democráticos, los “padrastros” lo eligieron como magistrado, lo eligieron a este señor que ha señalado que el Partido Nacionalista es un partido caudillista, que si al Nacionalismo le quitan a Ollanta Humala, este partido no sería nada, a este señor que afirma que el Gobierno no gasta un sol en apuntalar la campaña política de Nadine Heredia, lo premian con este nombramiento. ¿Cómo puede ser magistrado constitucional un tipo que tiene complejo de lamebotas y vocación de chupamedias?

Defendamos la democracia

La suerte parece estar echada, ninguna de las gavillas congresales (incluyendo al toledismo y al PPC) está dispuesta a dar marcha atrás, a nadie le importa que la población haya rechazado de manera general y contundente esta decisión. Los méritos de los candidatos jamás fueron evaluados, no tiene sentido señalar que ninguno de estos cuatro magistrados es especialista en Derecho Constitucional, no sirve de nada afirmar que ninguno de ellos garantiza un compromiso ético férreo con la defensa de los valores de la democracia republicana que nuestra Constitución recoge.


Ya nada importa, ahora se están organizando movilizaciones y marchas aprovechando las celebraciones de Fiestas Patrias (qué carajo vamos a celebrar), veremos qué pasa en estos días. Tan sólo esperemos que el grito ¡Que se vayan todos! No sea el preludio para la llegada de otro caudillo populista que ofreciendo acabar con la mierda en la que se ha convertido la política en nuestro país, termine imponiendo sobre nuestras cabezas un régimen autoritario como el que ahora vemos en otros países vecinos. Porque deben saber señores, que la política en democracia puede oler y saber a estiércol, pero la política en dictadura, siempre es sinónimo de robo, asesinato, tortura y violación de derechos a gran escala. Sino, basta recordar el gobierno fujimorista de los noventaS. 

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