jueves, 2 de mayo de 2013

Repsol y La Gran Transformación




La derecha se reagrupa y ha saltado hasta el techo al conocer el interés del Gobierno de comprar los activos de Repsol. Para este sector esto constituye el inicio de un viraje económico hacia la izquierda y la vuelta a “La Gran Transformación”. Además, aprovechando las críticas que el Gobierno ha sufrido por dos temas puntuales: 1) Su posición frente a las elecciones en Venezuela; y 2) La candidatura de Nadine Heredia en el 2016. La derecha no ha perdido la oportunidad para pronosticarnos el inicio de una nueva pesadilla: estatismo económico y autoritarismo político.

Vayamos por partes. Si tomamos en cuenta que durante casi dos décadas se nos ha hecho creer que el Estado es el responsable de todos nuestros males y que el mercado es el verdadero artífice de nuestro desarrollo (yo diría crecimiento y nada más), entonces a nadie le debe sorprender la reacción de la derecha. No obstante ello, creo que los ciudadanos no podemos perder esta oportunidad para exigir en el país un debate serio en torno a dos temas: 1) El rol del Estado en el marco de una economía “social” de mercado como la nuestra; y 2) La redefinición de la idea de subsidiariedad económica del Estado que se impuso en nuestro país hace dos décadas.

En mi concepto, la posición de la derecha es absolutamente maniquea y cínica. Digo esto por dos razones: 1) No es cierto que el Estado y sus empresas sean siempre ineficientes; y 2) No es cierto que las empresas privadas sean siempre el modelo de eficiencia que la Confiep nos pretende hacer creer. Nadie duda de que el Estado haya sido muchas veces ineficiente y corrupto al momento de gerenciar las empresas públicas. Esa ha sido la performance del Estado empresario en nuestro país. Ahora, eso no quiere decir que no podamos cambiar esa historia siguiendo el modelo de otros países que son propietarios de empresas públicas exitosas. Es justamente este debate el que la derecha no quiere abrir y que los medios esconden.

Pero hablemos del caso de Repsol. Si de lo que se trata es de comprar los activos de una empresa, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿La compra de Repsol tiene sustento técnico-económico? En otras palabras, lo que el Gobierno debe hacer es analizar si será rentable invertir el “dinero de todos” en un negocio que puede resultar siendo un desastre (como tantos otros “negocios” en los que trató de ser empresario). ¿Cómo aclaramos esa duda? Muy simple, que el Gobierno contrate a un banco de inversión de prestigio mundial para que este le haga un estudio de costo-beneficio en el que se señale si comprar los activos de Repsol es una decisión económicamente inteligente o no.

Creo que los ciudadanos debemos preguntarle al Gobierno lo siguiente: ¿Por qué ningún grupo empresarial privado ha mostrado interés en comprar los activos de Repsol? Esta es una pregunta válida que todos los contribuyentes, los que al final seremos los que financiaremos esta “aventura” económica, tenemos el derecho de hacer. En lo personal, creo que no contamos (ahora) con el sustento técnico- económico necesario que permita justificar y apoyar la medida. Ahora, sobre este mismo asunto podríamos hacernos otra pregunta: ¿Por qué si el Estado no ha sido capaz de gestionar con eficiencia la refinería de Talara debemos creer que si lo será cuando se convierta en propietario de Repsol? En realidad, no tenemos ninguna garantía de ello, sobre todo porque el Gobierno no se ha tomado el trabajo de elaborar un plan que aclare este tipo de dudas.

Pero, más allá del caso de Repsol, permítanme preguntarles lo siguiente: ¿Podemos afirmar que este anuncio marca el inicio de una cubanización del Gobierno en el Perú? Nosotros creemos que no existen elementos de juicio suficientes que nos permitan hacer tamaña aseveración. Lo que sí nos queda claro es que la derecha (conservadora, no liberal) se opondrá siempre a toda iniciativa que ponga en cuestión el discurso monocorde que ellos, apoyados por el Gobierno de Alberto Fujimori y con la ayuda de sus medios asalariados, impusieron con éxito en nuestro país desde los noventa. Es decir, para la derecha las únicas medidas que merecen debatirse son las que refuerzan o consolidan su posición. Así es nuestra derecha. Autoritaria en sus formas y  huérfana en ideas. ¿Eso les sorprende? A mí no.

Sobre este mismo asunto algunos “analistas” han señalado que lo que ha pretendido el Gobierno con este anuncio ha sido “tomarle el pulso” a la población para ver si en un hipotético escenario este tipo de medidas recibirían el respaldo de la opinión pública. El Gobierno ha hecho esto basado en su importante nivel de aprobación que registran las encuestas. Bueno, si esa fue la intención creemos que el Gobierno ha sido bastante torpe pues no se necesita ser muy “observador” para darse cuenta que una medida de este tipo iba a generar un rechazo general entre casi todas las agrupaciones del espectro político nacional (incluyendo a sus aliados de Perú Posible). ¿Despertó la oposición de su largo sueño? Eso está por verse.

Lo problemático para el Gobierno es que por querer tomarle el pulso a la población con el planteamiento de una medida improvisada como la que comentamos, lo único que ha logrado es que el empresariado y la clase política hagan causa común en contra suya y por primera vez le digan contundentemente no. Algo que no había ocurrido durante todo lo que va del Gobierno. Algo que en mi opinión no volverá a ocurrir si Ollanta Humala termina por olvidarse de “La Gran Transformación” (cosa que hizo desde el primer día de su Gobierno)  y sigue el libreto que sus amigos de la Confiep le dictan. Esos amigos que financiaron una campaña mediática de demolición infame en contra suya, y que al poco tiempo de ganar las elecciones salieron a decir que Ollanta Humala era todo un “estadista”. Otra Infamia de la que ahora ya nadie habla.

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