miércoles, 15 de agosto de 2012

Señor Ministro de Defensa: la política es así



“El que se pica pierde”, dice un dicho popular, que en cristiano quiere decir que quien se embarca en una polémica o discusión y pisa el palito de la provocación seguramente terminará magullado y con muchos hematomas por curar. Al parecer, ello le ha ocurrido al actual ministro de Defensa, Pedro Cateriano, otrora militante del Movimiento Libertad, amigo de nuestro premio Nobel Mario Vargas Llosa y nuevo colaborador de Ollanta Humala.


El citado ministro ha salido a los medios a denunciar un supuesto plan para desestabilizar y petardear su gestión. En palabras del ministro: “existe un inusual comportamiento de algunos políticos, militares y medios de prensa que desde el momento en que recibió la confianza del Presidente de la República han enfilado sus baterías contra su persona”. Dicho de otro modo, el ministro cree que es capaz de desatar la furia y la ira de los que siempre pierden pero que en realidad ganan.


Creo que el ministro equivoca el camino, no tiene ni siquiera un mes al frente de una cartera tan importante y compleja como la de Defensa y ya se ha ganado varios adversarios, tanto fuera como dentro de las instituciones castrenses (eso es lo más preocupante). Salir a decir en los medios de comunicación que no necesita del respaldo de los miembros del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, o arremeter contra aquellos que habiendo ejercido el cargo que hoy en día él ostenta, lanzan críticas o cuestionan algunas de sus decisiones, es la actitud más torpe que un político puede asumir.


Sorprende el comportamiento del ministro, tipo experimentado y con trayectoria política, pues él mejor que nadie sabe que quien asume un cargo público en una democracia se coloca en el ojo de la tormenta, se somete al escrutinio público y debe aceptar las críticas, ataques o llamados de atención que otros líderes de opinión puedan hacerle. Así es la dinámica política en una democracia, es el juego lógico del poder. Unos asumen cargos o funciones públicas de ejecución, otros fiscalizan y supervisan esta labor, y los ciudadanos, a través de los medios de comunicación, toman nota de la información vertida sobre estas personalidades para formarse su propia opinión.


El ministro debe ser consciente de la fragilidad política del Gobierno para el que ahora trabaja. Debe tener presente que el Presidente Ollanta Humala no tiene la fuerza, ni el peso político de algunos de sus antecesores. En ese sentido, y teniendo en consideración que en el partido de Gobierno existe una carencia de líderes y operadores con la suficiente capacidad para polemizar con sus detractores, el ministro no puede caer en las provocaciones de aquellos que ya se han dado cuenta que este Gobierno no tiene un rumbo definido.


Ser ministro de Estado exige, en mi opinión, tres requisitos mínimos: experiencia política, conocimiento del sector y capacidad para generar consensos y puentes de diálogo con todos los actores políticos, especialmente con la oposición. No basta con ser un tecnócrata calificado, ni un político entusiasta. Quien asume una cartera ministerial debe tener siempre presente que las críticas y los embates de la oposición serán el pan de cada día. Si ello es así, un ministro de Estado no puede perder el tiempo, agotar energías, invertir esfuerzo y recursos en atacar a todo aquel que no comparte su posición o su visión política.


Lo que los ciudadanos desean saber con respecto a este ministro, o al menos quien escribe, es cómo implementará la tan anunciada reforma de las Fuerzas Armadas, cuáles serán las principales medidas que impulsará su sector, cómo enfrentará el problema salarial y pensionario, o cuál será la estrategia que piensa poner en práctica para convencer al intransigente Luis Castilla de que es necesario elevar las remuneraciones del personal militar que les permita vivir con dignidad y cubrir con decoro todas y cada una de sus necesidades. No se olviden que luego son ellos, policías y militares, quienes salen a poner el pecho y a resguardar el orden público cuando la torpeza de los políticos impide resolver los conflictos sociales de manera pacífica e institucional.


La llegada de Pedro Cateriano al Ministerio de Defensa generó ilusión. Sin lugar a dudas, es una persona profesional y académicamente superior a su antecesor. En realidad, cualquier peruano lo sería. Sin embargo, parece que le está costando más de lo esperado adaptarse a esta nueva faceta de ministro de Estado. Pedro Cateriano es un hombre capaz y honesto, nadie podría discutir ello. Pero creo que se equivocó al creer que los medios de comunicación serían más condescendientes con él y lo tratarían con guantes blancos. Se equivocó de medio a medio si creía que los enemigos del pasado (en su mayoría fujimoristas a los cuales él combatió férreamente) no le cobrarían las cuentas pendientes.


La luna de miel ya pasó. De ahora en adelante al Gobierno le pedirán resultados y le pasarán la factura de todos los ofrecimientos que el Presidente de la República hizo durante la campaña. Los tiempos se acortan, y la impaciencia comienza a apoderarse de la población. Los medios de comunicación solo capitalizan ese descontento y buscan el menor error o traspié gubernamental para fabricar una portada o un titular. Las cosas son así en todas partes del mundo, en Estados Unidos, Francia, Alemania, España, etc. ¿Por qué en el Perú la cosa tendría que ser diferente señor ministro?

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