miércoles, 22 de septiembre de 2010

Susana Villarán y Lourdes Flores: los miedos y temores del gran capital




Hasta hace algunas semanas doña Susana Villarán era conocida como Villarán la 5%. La candidatura de Susana no pegaba. Ni en el sector A, B, C, D, E o Z asomaba Susana como una candidata de fuerza. Delante de Villarán aparecían dos candidatos fuertes que concentraban a la mayor cantidad del electorado limeño: Lourdes Flores y Alex Kouri. Este último, que durante largo tiempo había encabezado las encuestas de opinión, vio cómo su sueño de convertirse en el próximo alcalde metropolitano de Lima se iba esfumando poco a poco. Lourdes Flores había decidido participar en las elecciones y con ello los temores de enfrentar a una candidata de peso, con un pasivo político mucho menor al suyo, comenzaban a resquebrajar su confianza. Lourdes, cuyas condiciones y habilidades políticas son indiscutibles fue poco a poco escalando posiciones y en pocas semanas le arrebató el cómodo primer lugar. Además, y ese creo fue el punto de quiebre en la contienda Flores-Kouri, el buen Alex fue identificado por el electorado como el candidato de la corrupción, y entre el mote de Alex el corrupto, Alex el fujimontesinista, Alex el cobra peajes, y las apariciones diarias del Francotirador tildándolo de ladrón, asalta caminos, pilluelo, etc., la candidatura de Kouri fue decayendo día a día. El epílogo electoral para Kouri llegó el día en el que el Jurado Nacional de Elecciones tachaba su candidatura y lo dejaba fuera de carrera. Ese mismo día comenzó la pesadilla de Lourdes Flores.

Con Kouri fuera de camino, Lourdes debía esperar con tranquilidad y confianza el 3 de octubre para saborear la miel de la victoria, una miel tantas veces esquiva para ella y para su partido en los últimos años. Lourdes, la candidata que había logrado consolidar un importante 30% de adhesión entre los limeños veía desde lo alto las fugaces apariciones de algunos otros candidatos que a duras penas superaban los dos dígitos. Es importante señalar que la aprobación de Lourdes, incluso luego de las críticas recibidas por sus vínculos con Cesar Cataño y luego de la difusión del audio en el cual nos invita a todos los votantes a meternos la elección municipal por el poto, no sufrió mayor merma, siempre estuvo por encima del 30% o 28%, en su peor momento. Lo que Lourdes jamás imaginó es que Susana iniciaría un vertiginoso repunte en la intención de voto. Susana en menos de un mes pasó de un magro e insignificante 4% a 42%, repunte que es capaz de sacar de quicio a cualquier mortal, sobre todo a una mortal como Lourdes que en las dos últimas elecciones presidenciales vio frustrado su sueño de llegar al sillón de Pizarro por casi nada, casi 60000 votos en la última elección. Lourdes debía de replantear la estrategia y el discurso mediático, contra la Villarán la línea divisoria entre la corrupción y la decencia no funcionaba, más cuando las críticas y los vínculos de Lourdes con Cataño se tornaban mucho más evidentes. Entonces, el ajedrez político exigía un reacomodo de piezas, no era necesariamente Villarán la candidata que era cuestionada por sus juntas y vínculos poco decentes con personajes ciertamente oscuros. Ese reacomodo, esa redefinición y reperfilamiento de campaña, en mi modo de ver las cosas, jamás llegó.

Lo curioso es que el repunte de la Villarán no creo se deba al hecho de contar o no con un mejor plan de gobierno municipal, ni a la presentación de un mejor equipo de campaña, ni a un mensaje o conjunto de propuestas que llegan con mayor facilidad al electorado. Son 9 los candidatos que se presentan en estas elecciones municipales. Evidentemente, con ciertos matices y algunas casi imperceptibles diferencias, el diagnóstico y las soluciones en torno a los problemas que debe afrontar Lima se parecen mucho entre sí. La campaña municipal, al menos esta campaña municipal no da mucho espacio para la imaginación o la propuesta innovadora. Pero si el despegue de la Villarán no se debe a su mejor posicionamiento o mejor capacidad de exposición de su programa de gobierno, pues mucho menos se debe a una corriente ideológica creciente a favor de los valores e ideales de la izquierda en el Perú. Creer que la candidatura de Villarán es el resultado de un reposicionamiento de la izquierda nacional en el escenario político es una ingenuidad. El votante en el Perú, sobre todo el elector municipal o vecinal es el menos ideológico de todos. Nadie vota por afinidades ideológicas o de orden programático. Nadie vota por Lourdes por compartir los valores de la democracia cristiana conservadora. Nadie vota por Villarán por la defensa que ella hace de los principios de la social democracia liberal. Nuestro electorado se mueve en torno a las simpatías, afectos y pasiones que el candidato genere. Como diría el gran Víctor Raúl Haya de la Torre: el candidato debe ser capaz de ganarse el corazón de la gente. Así, el discurso debe moverse en el terreno de las emociones.

Entonces, si la explicación de este fenómeno no tiene un trasfondo ideológico o programático, cuál es la razón del mismo. Comparto la opinión de analistas como Carlos Basombrío cuando preguntado por el particular señala que el electorado peruano, elección a elección, suele identificarse con rostros nuevos, con caras nuevas, con figuras nuevas que doten de una bocanada de aire fresco a nuestro escenario político nacional. Lourdes creyó que el electorado limeño premiaría con su voto al candidato que le asegurase una continuidad en torno a los lineamientos y proyectos iniciados durante la gestión de Castañeda. Es cierto esa percepción inicial no resultaba ser descabellada, sobre todo si se tiene en cuenta que el actual alcalde, a pesar del escándalo desatado por el caso Comunicore y las irregularidades en la construcción del Metropolitano, mantuvo siempre una aprobación mayor al 60%. El problema es que a pesar de la nota aprobatoria con la que los electores evalúan la gestión del actual alcalde, estos mismos electores están deseosos de algo nuevo. Susana llegó con ese mensaje, ofrece dar continuidad a lo positivo de la gestión de Castañeda, pero a su discurso le agrega la prédica de la gestión sin corrupción, de transparencia y mayor comunicación en torno a las obras que se hacen y al gasto público. Susana no tuvo mayor reparo en denunciar las irregularidades del caso Comunicore, prometió fiscalizar y auditar la gestión de Castañeda y denunciar todo aquello que tenga contenido delictivo. Lo mismo ha prometido Lourdes Flores, pero al parecer el electorado no le cree, o no en la misma medida que a Susana, sobre todo si tomamos en consideración que Lourdes lleva en su lista de regidores a uno de los hijos de Castañeda.

A pesar de ello, la figura de Susana aún no lograba el posicionamiento mediático necesario para despertar mayores simpatías entre el electorado. O incluso, para muchos el nombre de Susana Villarán era aún desconocido. En muchos sectores de la gran Lima, nadie hablaba de la Villarán, para bien o para mal, ya sea para criticar o defender su candidatura, para muchos la Villarán seguía siendo una perfecta desconocida. Pero con el repunte llegaron los ataques mediáticos. Periodistas como Aldo Mariátegui, diarios como Correo, le dedicaron una serie sucesiva de portadas agraviantes y difamatorias, estoy siendo bastante cauto en el uso de los calificativos, porque la frase que mejor grafica el proceder de Aldo es: la quería hacer mierda a la terruca Villarán. Pero contra todo pronóstico, el impacto de esta brutal campaña fue absolutamente inverso al pensado por sus promotores. Los insultos de Mariátegui, ya sea en su periódico o en el noticiero en el cual juega a ser conductor, contribuyeron con Villarán y su persona comenzó a hacerse notablemente conocida. Si a ello le sumamos el caso Cataño, los audios, los minutos que Jaime Bayli dedica en su programa a criticar a Lourdes, dicho sea de paso mientras Jaime le profesaba su respaldo personal y su simpatía política a Lourdes nadie puso en duda la objetividad y neutralidad de Jaimito, pero esa es harina de otro costal, y la innegable simpatía que Susana, la mamá de los rojitos, la terruca, la tía bacán, la tía marimba, despierta entre los limeños, no resulta descabellado pensar en que la respuesta al porqué del repunte de Villarán y al estancamiento de Lourdes gire en torno a estas consideraciones y nada tenga que ver con lo ideológico, lo político o lo programático.

Por todo ello resulta casi un chiste, una broma de mal gusto pensar que a razón de la publicación del reporte de Barclays Capital titulado “Ruido político acercándose”, se hayan despertado los temores entre los inversionistas nacionales y extranjeros, por el posible triunfo de la izquierda en las municipales, triunfo que podría ser la antesala de la victoria de un antisistema en las presidenciales del próximo año. Como ya señalé anteriormente, si los señores inversionistas, los cuales muchas veces se han comportado como simples mercantilistas en nuestro país, creen que esta elección municipal supone el inicio de un giro hacia la izquierda en el electorado peruano están incurriendo en un tremendo, en un monumental, en un gigantesco error. A pesar de ello, estoy seguro que muchos de estos grandes señores se apresuraron y acudieron a la farmacia más cercana en búsqueda de agüita de azahar para calmar sus nervios. Para tranquilidad de ellos, y mejor que la agüita de azahar, han sido los resultados de la última encuesta de Apoyo en la cual el señor Humala, es decir el más antisistema de los candidatos presidenciales, aparece en cuarta ubicación detrás de Alberto Fujimori, perdón de Keiko Fujimori, de Castañeda y de Alejandro Toledo.

Entonces señores inversionistas, señores empresarios, no tienen porqué alarmarse cuando el suelo está parejo y sin sobresaltos. Estas elecciones no marcan un reacomodo o la consolidación de un bloque de izquierda radical sólido capaz de ser gobierno el 2011. Señores mercantilistas, perdón inversionistas, estén tranquilos, Keiko va primera en las encuestas, y ella y su familia saben mejor que nadie como cuidarle el dinero al empresariado, y cómo hacer que ese dinero sea invertido en beneficio de todos los peruanos. Aunque si los señores inversionistas tuviesen una mirada política mucho más aguda deberían saber que no solo el señor Humala es un antisistema, los Fujimori son los antisistema por excelencia, acaso siempre no han estado fuera del sistema democrático, acaso no se trajeron abajo el sistema democrático de nuestro país durante una década.

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