lunes, 2 de agosto de 2010

El discurso de Fiestas Patrias: los silencios del Presidente


Fue ante todo un discurso de salida. El Presidente de la República aprovechó el mensaje de 28 de julio para hacer un recuento y darle a conocer a la población el conjunto de obras y logros alcanzados durante estos 4 años de gobierno aprista. Sin lugar a dudas, el escenario, el clima y la coyuntura social, política y económica de la actualidad distan de lo que acontecía allá por julio de 1989, fecha en la cual el joven Alan García, se dirigía a una nación sin esperanza que día a día convivía con la hiperinflación y la violencia terrorista. Quizá por eso el presidente se haya esforzado en enumerar de manera detallada la totalidad o casi totalidad de obras y objetivos alcanzados durante todo este tiempo. De ese modo, el Presidente vuelve a expiar sus culpas, esperando que la mayoría de peruanos borren de su memoria el desastre de su primer gobierno.


Todos los analistas coinciden en señalar que este fue un discurso sin mayores sobresaltos, el mensaje de 28 de julio no trajo ninguna novedad, ningún anuncio o promesa digna de resaltar, señalan la mayoría de medios. Sin embargo, entre las cosas más importantes que el presidente García señaló me gustaría destacar las siguientes: el aumento salarial para el personal de la Policía Nacional del Perú y las Fuerzas Armadas, la asignación de un bono de apoyo económico mensual a las personas mayores de 75 años que no tengan pensión y vivan en la extrema pobreza, la renegociación del contrato Camisea, la cancelación de la licencia a la minera Doe Run y el compromiso suyo y del sector público de mantener una absoluta neutralidad de cara a las elecciones generales del próximo 10 de abril de 2011.

A pesar de lo soso que resultó este mensaje de Fiestas Patrias y de lo poco que este deja para el comentario, creo importante centrar nuestra atención en las omisiones en las que incurrió el Presidente, en aquellos temas que deliberadamente prefirió no tocar, en los asuntos que a lo largo del último año se convirtieron en su permanente dolor de cabeza. A continuación un breve recuento de lo que en mi modesta opinión se debió decir y se prefirió callar en todos los idiomas posibles.

Un primer tema que debió ser abordado por el Presidente, con la claridad y energía de la cual hace gala en otras ocasiones, fue el de la lucha contra la corrupción. Más allá de una referencia bastante somera al escándalo de los famosos Petroaudios y de culpar por el retraso en el esclarecimiento de estos hechos al Poder Judicial, el Presidente fue incapaz de hacer un mea culpa por este bochornoso suceso que alcanzó a las esferas más altas de su gobierno, escándalo que ocasionó la caída del gabinete liderado por su gran amigo y compañero Jorge Del Castillo. Tampoco reconoció mayor responsabilidad por la manera escandalosa como algunos altos dirigentes de su partido, incluido Omar Quesada, actual Secretario General del APRA, se han visto involucrados en una serie de negociados y corruptelas en el manejo de una institución tan importante como COFOPRI. Al parecer, para el Presidente estos no son sino hechos aislados que ya se encuentran en manos del Poder Judicial y es allí donde deberán resueltos. Es decir, la iniciativa como la Oficina Nacional Anticorrupción anunciada con bombos y platillos en otro tiempo, y el interés que este generó en sus primeros meses de funcionamiento, no fueron sino disparos al aire, luces bengala, fuegos artificiales a los cuales nos tiene acostumbrados este gobierno cuando se trata de voltear la página con el menor daño político posible y enterrar un problema que les resulta incómoda.

Un segundo tema, convenientemente omitido, es el vinculado al creciente y al parecer irresoluble, al menos por este gobierno, problema de la seguridad ciudadana. La percepción de inseguridad que es experimenta la gente en Lima y en las diferentes ciudades del país es cada vez más preocupante. Asaltos, secuestros, robos, homicidios y otros delitos más, están a la orden del día en nuestro país. Lima se ha convertido en una de las capitales más peligrosas de América Latina. Frente a este flagelo ¿Qué ha hecho el gobierno durante estos 4 años de gestión? Nada, absolutamente nada. Y si lo hizo, pues los ciudadanos no lo hemos percibido. Más allá de nombrar a Ministros del Interior mediocres como Luis Alva Castro (recordemos el escándalo de la compra de patrulleros chinos sobrevaluados), Mercedes Cabinillas (la responsable política directa del Baguazo), o el actual Octavio Salazar (cuyo única virtud en el campo político es lamerle con beneplácito los zapatos al Presidente y a los dirigentes de la cúpula aprista), este gobierno ha fracasado en el diseño de una política de seguridad ciudadana seria, elaborada por personas formadas técnicamente en este campo. El gobierno cree que el problema de la Policía Nacional del Perú y su desempeño se circunscribe a la compra de nuevos vehículos y el aumento de sueldos. El gobierno olvidó que el principal objetivo en el sector interior era implementar una política de reforma institucional profunda que haga del servicio policial un ejemplo de eficicienca, honestidad y modernidad, en donde la carta para el ascenso de un oficial sea la meritocracia y no sus lazos con el poder de turno. Pero para ello es necesario compromiso y voluntad política, valores de los cuales este gobierno siempre careció.

Un tercer tema que el Presidente ha preferido omitir convenientemente ha sido el de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en las zonas del VRAE y el Huallaga. La lucha contra el terrorismo, tema que volviera a ponerse en el centro del debate público con la liberación de la sentenciada por terrorismo Lori Berenson y la marcha llevada a cabo por un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos solicitando la amnistía para el líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, ha sido uno de los campos en los cual este gobierno ha evidenciado una incompetencia absoluta. La falta de un liderazgo claro en materia de lucha antisubversiva, debido como ya hemos dicho anteriormente, a la impericia de quienes asumieron la dirección del Ministerio del Interior y de la Dirección General de la Policía Nacional del Perú (basta recordar que el actual Director General de la PNP nos quiso vender el cuento de haber capturado a una banda de PISHTACOS de siglo XXI), sumado a una falta de claridad en la comprensión del fenómeno terrorista, son razones que explican el fracaso de este gobierno en este ámbito. A ello se le suma la falta de capacidad del Estado al momento de diseñar, aplicar y ejecutar una política de lucha contra el narcotráfico verdaderamente eficaz. Para muestra de ello sólo debemos recordar los informes y cifras dadas a conocer por organismos internacionales en los cuales se dan cuenta del aumento de exportación de Clorohidrato de Cocaína en nuestro país, cifras que nos colocan en un penoso segundo lugar en el ranking internacional, sólo después de Colombia.

Un cuarto tema sobre el cual el Presidente prefirió guardar silencio, a pesar del impacto mediático que este recibió a nivel nacional e internacional, ha sido el de Bagua. A más de un año de la tragedia ocurrida en esa región de nuestro país; tragedia que ocasionó la muerte de 24 policías y un centenar de heridos, entre mujeres, niños y personas mayores, el gobierno no hizo, no hace, ni hará nada por investigar y sancionar políticamente a los responsables. El Primer Ministro de ese entonces, Yehude Simon, fue el único sancionado políticamente, luego de los sucesos se vio obligado a dar el paso al costado. La Ministra de Comercio Exterior, Mercedes Araoz, acusada de ser una de las causantes del enfrentamiento por su necedad al momento de reconocer la ilegalidad de los decretos legislativos 1090 y 1064, aprobados sin la previa consulta ordenada por ley a las comunidades nativas, es hoy en día ministra de Economía, y por si fuera poco, es una de las voceadas para asumir la candidatura del partido de gobierno en las elecciones presidenciales. Por último, la otrora Ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, a pesar de las enormes críticas que le llovieran desde todos los sectores de la sociedad, no tuvo mejor idea que culpar al Director de la Policía Nacional por todo lo ocurrido, así salió bien librada de tremendo escándalo, y hoy en día vuelve a gozar de la comodidad de su curul en el Parlamento, mientras se alista y recarga energías para los próximos comicios electorales, en los cuales seguramente la volveremos a ver como candidata, y esta vez exhibirá entre sus honores la medalla que recibiera de la propia Dirección General de la Policía Nacional por su magnífica gestión realizada en el Ministerio del Interior. ¿Qué irónica es la vida no? Su gestión fue un desastre, culpó a la institución por todo lo ocurrido, no asumió ninguna responsabilidad, tachó de ineptos a varios generales. Y a pesar de ello, el comando policial la condecora. ¿Por qué esto ocurre en nuestro país?

Estos han sido tan sólo alguno de los temas que los ciudadanos esperábamos que fueran abordados en el discurso presidencial de 28 de julio. El mensaje a la nación de Fiestas Patrias es una ocasión que debe ser aprovechada por el jefe de Estado para hacer una lectura desapasionada de la problemática social, económica, política y de lo ocurrido en el país en el último año. La ciudadanía espera que el jefe de Estado asuma su responsabilidad por los errores cometidos. Más, si se tiene en cuenta, tal y como he tratado de hacerles recordar, la magnitud de los desaciertos en los cuales incurrió el actual gobierno. Dedicar casi dos horas a enumerar las casi 130000 obras que el gobierno dice haber ejecutado o estar ejecutando, saltándose olímpicamente la responsabilidad de poner el pecho y marcar el norte del Estado en temas como la reforma de la Policía Nacional, la lucha contra la corrupción, la lucha contra el narcotráfico y terrorismo, el manejo de los conflictos sociales o el malestar ocasionado en las comunidades nativas y campesinas por la manera como se vienen desarrollando las actividades extractivas en nuestro país, como la explotación del gas o la actividad minera, muestran a un Presidente que vencido por la soberbia y la falta de humildad, prefiere el autobombo y la campaña política encubierta, a la labor de Estado. Me temo que tal y cómo dicen algunos, García nunca dejará de ser el político que en vez de pensar en la historia y el futuro del país, está más pendiente de sus posibilidades en la elección próxima. Estoy seguro que lo veremos el 2016.

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