miércoles, 8 de septiembre de 2010

Elecciones municipales 2010: lo bueno y lo malo de esta campaña política


A menos de un mes de celebrarse los comicios municipales del 2011, la campaña electoral se va poniendo cada vez más interesante. Al margen de la crítica que se hace al desempeño de los candidatos en cuanto a su capacidad para diseñar y dar a conocer un plan de gobierno municipal coherente para Lima, creo que nadie puede decir, luego de dar una mirada aguda a los sondeos electorales que esta contienda política nos ofrece, que se trata de una campaña más, que se trata de una típica contienda vecinal que de entretenido tiene poco y que será, como tantas otras veces ha sido, olvidada el mismo 3 de octubre, luego que la autoridad competente de a conocer al país los resultados oficiales de esta jornada.


Mas allá de las preferencias personales que cada uno pueda tener en torno a algún candidato en especial, incluyendo las mías claro está, el mapa electoral y las intenciones de voto nos dejan, en mi modesto modo de ver las cosas, dos puntos que valen la pena resaltar como el saldo positivo de esta campaña municipal 2011. El primero de ellos se encuentra relacionado a las dos personalidades que encabezan las preferencias electorales según los estudios de opinión realizados por diversas empresas encuestadoras. El segundo se encuentra vinculado al talante progresista, moderno y democrático que todos los candidatos, unos en mayor medida que otros, han dejado exhibir en cuanta aparición pública han tenido la oportunidad de figurar.


Con respecto al primer punto, resulta esperanzador y hasta reconfortante, que en un país tan machista y profundamente conservador y sexista como el nuestro, los candidatos que hasta el día de hoy, y parece que esa tendencia no ha de variar, encabezan las preferencias electorales para asumir la alcaldía de la capital de la república sean dos reconocidas mujeres. Más allá de las simpatías que uno pueda tener por tal o cual, más allá de la ideología política que tanto Villarán como Flores presenten, nadie puede poner en duda las bondades personales y el espíritu democrático de ambas. Siendo de izquierda o de derecha, conservadora o liberal, progresista o tradicional, tanto Susana como Lourdes, se han hecho merecedoras del respeto y la consideración de la mayoría de ciudadanos que el día 3 de octubre decidiremos a quién entregarle nuestro voto. Sin ánimo de tomar partido por alguna de ellas, puedo decir a título personal que tanto Susana como Lourdes son, sin lugar a dudas, las mejores candidatas que esta elección nos ofrece. Mención aparte merece el candidato de Acción Popular, Gonzalo Alegría, a quien le reconozco innegables virtudes y talentos personales y profesionales, pero a quien el apoyo orgánico de un partido o agrupación detrás suyo y el carisma que todo hombre o mujer debe de tener para cautivar la confianza de la gente parecen no estar dentro de su larga lista de activos, situación, que sin lugar a dudas, lo pone en desventaja frente a las dos candidatas más fuertes.


Este dato, saber que la persona que asumirá la alcaldía de Lima, salvo ocurra una verdadera catástrofe, será una mujer es sin lugar a dudas un acontecimiento para el aplauso. Digo ello pues si tomamos en cuenta que las mujeres vienen haciendo uso de su derecho al sufragio desde 1955-1956, y que luego de aproximadamente 55 años, la comuna limeña elegirá por vez primera mediante votación directa y universal a una mujer como la conductora de los destinos de la ciudad, este hecho debe, por muchas razones, invitarnos a una reflexión más profunda. Estoy seguro que esta elección marcará un antes y un después en la historia electoral de nuestro país. Sobre todo si esta elección del 3 de octubre, independientemente de quien resulte ser la ganadora, es acompañada por una gestión municipal honesta, eficiente y democrática, en la cual la transparencia y el respeto por el vecino sean la base del trabajo en el municipio capitalino.


Con respecto al segundo punto que considero positivo y necesario resaltar en esta campaña, debo decir que la tendencia electoral y el perfil de los otros candidatos que aparecen detrás de Villarán y Flores, me devuelve la tranquilidad en torno al objetivo primordial de consolidar el Estado de Derecho y la institucionalidad democrática en nuestro país. Tanto Fernando Andrade, el pastor, Humberto Lay, como Luis Iberio, son personas a las cuales uno les puede criticar ciertas posiciones políticas, pero son, al mismo tiempo, personas que a lo largo de su vida han demostrado un compromiso sincero con los valores democráticos. El primero, acompañó al ya desaparecido Albero Andrade en la dura tarea de construir un partido político democrático (Somos Lima y luego Somos Perú) en una época en la cual enfrentarse al régimen fujimorista era todo un acto de valentía y coraje. El segundo, ha sido miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y mediante una prédica en la cual la defensa de ciertos valores éticos y morales ha estado siempre presente, ha contribuido en el proceso de transición democrática de nuestra patria. Finalmente, Luis Iberio, como seguramente lo recordaremos todos, fue quien sacó a la luz el video Kouri-Montesinos, el cual a la postre sería el que motivara la caída de la dictadura fujimontesinista. Atrás quedaron las candidaturas improvisadas, de vena autoritaria, antisistema que de cuando en cuando amenazaban con hacer retroceder al Perú, y en este caso a Lima. Esta elección demuestra que el espacio para los antisistema, para los radicales, para los improvisados, al menos a nivel de Lima metropolitana, se va acortando cada vez más y más.


Pero como no todo en esta vida es felicidad, y de eso sabemos mucho los peruanos. Esta campaña electoral también nos deja elementos negativos que debemos subrayar. Esta campaña nos refriega en la cara la enorme tarea de docencia política, cultura ciudadana y educación cívica que aun resta por hacer a nivel municipal y nacional. En esta campaña todos, absolutamente todos, candidatos, ciudadanos y medios de comunicación hemos vuelto a incurrir en conductas francamente irresponsables, poco serias, agraviantes en muchas casos. Dos son los elementos negativos que estimo necesario apuntar cono el saldo negativo de esta contienda. El primero es el pobre nivel del debate político exhibido por quienes aspiran a alcanzar el sillón municipal. El segundo está relacionado con la labor comunicacional que hacen los medios de prensa, radial, escrita y televisiva en nuestro país, la manera como cubren la noticia y el pobre aporte que estos hacen en el análisis y difusión de las principales propuestas de campaña ofrecidas por los candidatos.


Con respecto al primero debo decir que no he podido percibir ninguna propuesta realmente innovadora e integral capaz de dar solución a los problemas más importantes que hoy en día afronta la capital de nuestro país: transporte, seguridad ciudadana, desarrollo medioambiental y crecimiento planificado. Al parecer, los candidatos creen que dar a conocer un plan de gobierno municipal consiste en lanzar algunas ideas bastante vagas que por lo general se pierden o diluyen con facilidad y no logran calar en el imaginario colectivo o, peor aún, asumen que la mejor forma de obtener el respaldo de la gente es convirtiendo el mensaje de campaña en un verdadero festín de críticas y calificativos dirigidos contra los adversarios, forzando a la gente a votar por el mal menor, de eso también los peruanos sabemos mucho, sino recordemos las elecciones generales del 2006, o instalando el pánico en el elector, que estando expuesto a un comportamiento de este tipo, no sabe si creer en la decencia de la defensora de narcos como Cesar Cataño o en el compromiso de la alidada de los radicales de Patria Roja. No creo pecar de ingenuo, no quiero salir con el cuento que es un acto inmoral lanzar algunos ajos y cebollas durante una campaña. Los epítetos, los calificativos, las denuncias, son parte del debate político aquí, en la China y en la Conchinchina. El problema está cuando los candidatos creen que la única arma de seducción del votante es a través del agravio y la difamación.


Con respecto al segundo punto negativo de esta campaña. Teniendo en cuenta el poco deseo de la clase política de asumir una labor educativa y de docencia política a través del mensaje de campaña ha sido el comportamiento de la prensa capitalina. Es menester hacer un serio llamado de atención a los medios y directores de medios de comunicación de nuestro país. Ellos, y en este punto si me permito generalizar, debieran ser los llamados a dejar de lado los dimes y diretes y el lenguaje de plazuela de algunos candidatos, y dar paso a las preguntas y críticas en torno a las posiciones programáticas de los planes que los candidatos hoy en día le ofrecen a la ciudadanía. ¿Qué hará usted en el tema de la seguridad ciudadana? ¿Cuál será su posición frente a la corrupción en la gestión municipal? ¿Investigará las cuentas y el manejo de recursos de su antecesor? ¿Qué acciones tomará frente a casos como Comunicore? ¿Piensa construir otro corredor vial como el Metropolitano? ¿Cuál es la visión que usted tiene de Lima hacia futuro? Esas son las preguntas que los ciudadanos que vivimos en Lima quisiéramos que los candidatos respondan. Nada de eso hemos tenido en esta campaña. Los tiempos en los cuales nos podíamos jactar de contar con una estirpe de periodistas de investigación y analistas políticos de fuste han quedado atrás. A los medios les interesa el chisme, la menudencia, los decires que se escuchan por aquí, por allá o aculla. El análisis serio no vende, la crítica informada menos, las interrogantes sobre planes de gobierno son una excentricidad. Basta con una buena foto, con una imagen picaresca o, lo que es peor, con un reportaje tendencioso para que los medios sientan que han cumplido su misión informativa. Basta con enlodar algún nombre, lanzar algún puñal venenoso, maquillar alguna información para que algunos personajes se autodenominen periodistas. Esta actitud de los medios es preocupante, en un país como el nuestro en el cual los niveles de lectura son bajísimos, en el cual el interés por los asuntos públicos y por la información política brillan por su ausencia, en un país en el cual la gran mayoría de votantes deciden el voto en la cola, minutos antes de entrar en la cámara secreta, la labor informativa de los medios de prensa es fundamental para que el ciudadano se pueda formar una opinión informada y pueda ejercer su derecho al voto de manera seria y responsable. Ante ello, entristece ver nuestro panorama informativo actual, algunos personajes a los cuales uno les tenía cierto respeto y estima, se han convertido en verdaderos mercenarios de la información, sentados detrás de la pantalla, detrás de un micrófono o desde un sillón en la sala de redacción de algún periódico contribuyen día a día con la banalización de la política y la estupidez del elector.


A pesar de ello, haciendo sumas y restas, frase que se está poniendo de moda últimamente, e incluso algunos la usan para justificar a los que roban, a los que matan, a los que delinquen, a los que hacen obra, y por eso tienen derecho a quedarse con alguito, creo que podemos mirar con optimismo el futuro. Quiero creer eso, debo creer eso, necesito creer eso, de no se así, como reza el viejo dicho popular, apaguemos las luces, bajemos el telón y vámonos todos.

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