lunes, 23 de agosto de 2010

El matrimonio de Abimael Guzmán: el fracaso político de Sendero Luminoso


Abimael y Elena se unieron en matrimonio. No lo hicieron en ningún gran hotel de Lima, no lo hicieron en un salón de recepciones propio para la ocasión. Los ex cabecillas del movimiento terrorista más sanguinario de Latinoamérica, Sendero Luminoso, se dieron el sí en la Base Naval del Callao, centro de reclusión que alberga a la crema y nata de la delincuencia de nuestro país: Abimael Guzmán Reynoso, Víctor Polay Campos, Vladimiro Montesinos Torres, y hasta hace algún tiempo la feliz esposa, Elena Iparraguire Revoredo, entre otros, comparten el recinto.

No hubo brindis, ni música, ni baile, con que festejar. La sola decisión del gobierno aprista de permitir la boda entre los criminales era razón suficiente para la alegría de los novios. Algo que era impensable hasta hace algunos meses, teniendo en cuenta la postura del gobierno de separar a ambos terroristas, disponiendo el traslado de Elena al penal de Santa Mónica, se convirtió en realidad.

Abimael y Elena tienen una relación de larga data. Se dice que su relación se inició hace aproximadamente 20 años. Se dice incluso que el romance entre ellos es anterior a la muerte de la primera esposa de Abimael, Augusta La Torre, la camarada “Nora”, quien, a causa de razones aún poco claras, falleció en el año de 1989 a consecuencia de un paro cardiaco. Al menos, esa fue la versión que se manejo desde adentro de Sendero. Pero las dudas en torno a la verosimilitud de la misma aparecieron el mismo día que esta fue difundida. En su momento, incluso, se llegó a vincular a Elena con la muerte de su rival de afectos. Sin lugar a dudas, un triángulo amoroso que tuvo como personajes a los tres líderes de la cúpula senderista de los ochenta, personajes ocursos que decían no tener tiempo para el amor y las bajas pasiones burguesas, pues su mente, espíritu y convicción estaban de lado del pueblo y de la lucha de clases. Pero ya ven hasta los más desalmados delincuentes y asesinos tienen su corazoncito.

Hoy, casi 20 años luego de la muerte de la otrora esposa de Guzmán, y luego que las autoridades del Poder Judicial declararán oficialmente muerta a la camarada “Nora”, Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre reciben la autorización de un gobierno democrático, al cual alguna vez pretendieron destruir, para celebrar su matrimonio. Resulta por demás curioso el pedido obtenido si tomamos en cuenta que durante mucho tiempo y como parte de su prédica seudo revolucionaria, tanto él como ella lanzaban sus críticas y amenazas contra todas aquellas instituciones pequeño burguesas, que como el matrimonio, eran utilizadas por la clase dominante para seguir embruteciendo y abusando del pueblo.

Un sector mayoritario de la prensa ha mostrado su absoluta disconformidad con la decisión del gobierno de dar luz verde a esta unión. Se preguntan si luego de ello la pareja, con la anuencia del gobierno, también pretenderá recibir la bendición de un sacerdote y darse el sí frente al altar a los pies de Jesucristo. La imagen no deja de ser seductora, por el efecto simbólico de la misma, aunque poco probable. Se imaginan a estos dos asesinos postrados frente a la divinidad, solicitándole su bendición, luego de haberse declarado marxistas y materialistas. Se imaginan el retroceso ideológico sufrido en las mentes de Abimael y Elena para si quiera imaginar un evento de tal naturaleza. No, yo no me lo imagino, por ser poco probable y porque a pesar de todo, de los años de encierro, y la soledad de los personajes, la de Abimael, es sin duda mayor que la de Elena, algún recodo de coherencia ideológica mantienen. Aunque como se dice, en el Perú todo es posible. Cotler dice que en nuestro país sólo falta que llueva para arriba, yo diría que en nuestro país solo falta que Cipriani bendiga a Guzmán. Aunque si de algo estoy seguro, es que el Perú es el lugar donde todo, absolutamente todo es posible.

No obstante lo antes dicho, algunas preguntas han quedado abiertas en el escenario político nacional y en la discusión mediática desatada en torno al tema. ¿Tiene el derecho un recluso de solicitar se le permita contraer nupcias? ¿Una vez casado, el recluso tiene el derecho de solicitar el beneficio de la visita conyugal? Estas son algunas preguntas que creo yo merecen algún tipo de respuesta y que en esta oportunidad trataré de absolver.

Cuando una persona, cualquier que esta sea, por el delito que fuera, es sentenciada a purgar condena, pierde únicamente el derecho a la libertad, a la libertad de tránsito para ser específicos. Se priva a la persona de este derecho recluyéndola en un establecimiento penitenciario, y además se la priva de otros derechos políticos fijados en la misma sentencia. Lejos de estar de acuerdo o no, esta es la razón por la cual los presos no pueden ejercer su derecho de sufragio, tal y como se desprende la lectura del artículo 33º de nuestra Constitución. En ese sentido, no existe prohibición legal, ni razones de fondo creo yo para sostener de manera enfática que una persona que purga condena por 5, 10, 15 o x años, no pueda solicitar se le otorgue este permiso. Es cierto que las limitaciones serán mayores teniendo en cuenta la peligrosidad de la persona quien solicita el permiso y el tipo de delito por el cual fue sancionado. Pero una respuesta absoluta en torno a la improcedencia de tal solicitud creo yo no goza de un aval legal.

Siendo ello así, la respuesta a la segunda interrogante parece resultar más que obvia. Si el Estado ya concedió el permiso para contraer matrimonio, no puede luego negarle el beneficio de la denominada “visita conyugal o visita íntima”. Ello no es posible pues de hacerlo se podía incurrir en una medida que en algún modo podría resultar discriminatoria. Ello no quiere decir que la visita se llevará a cabo todos los días, por largas horas, y en el mejor recinto del penal. Una vez más, son las autoridades las que deberán tomar todas las medidas correspondientes a fin de hacer viable el beneficio, salvaguardando, al mismo tiempo, la seguridad, el orden y la tranquilidad, de todos los peruanos.

Esto que para algunos nos queda claro y nos parece razonable, al parecer no lo era para el gobierno y sus voceros hace apenas algunos meses. Esa indecisión, esta falta de coherencia en los principales funcionarios y autoridades allegadas a Palacio de Gobierno, hace que las dudas y especulaciones en torno al porqué de la decisión cobren mayor fuerza día a día, generando inestabilidad y confusión en la ciudadanía. Resulta, por lo menos extraño, que el Vicepresidente de la República, Luis Giampietri, para quien las ONG´s dedicadas a la defensa de los derechos humanos en el Perú son algo así como la encarnación de la quinta espada del marxismo, leninismo, maoísmo, Pensamiento Gonzalo, salga ahora a decirle al país que no encuentra mayor problema en otorgarle el permiso a Abimael y Elena para contraer matrimonio. Lo mismo ocurre con el premier, Javier Velásquez Quesquén, quien en agosto del año pasado señalaba que era una necesidad impostergable la separación de los líderes senderistas de la Base Naval del Callao, por razones de seguridad, para evitar que compartiesen información y sigan adoctrinando a sus huestes desde la cárcel, justificando de ese modo, el traslado de Elena del mencionado establecimiento al penal de Santa Mónica, muestre hoy en día una actitud más tolerante con el ruego de Guzmán y compañía, sabiendo, como sin duda lo sabe, que una vez concedido el pedido, el siguiente paso es el de las visitas conyugales. ¿Qué ocurrió en el camino, qué pasó entre agosto del 2009 y este mes para que el gobierno cambiase abruptamente de opinión en este tema? ¿Cortina de humo acaso? ¿Ayudita electoral al partido color naranja?

Pero volviendo al tema de la boda, ya que creo que todos, o la mayoría de peruanos, somos inteligentes y sabemos cuáles han sido las motivaciones de este vuelco de timón en el aprismo, debemos decir que la boda, según informan los periódicos duró aproximadamente 15 minutos, tiempo suficiente para recibir la felicitación, o en todo caso, la anuencia tácita de las personas que oficiaron de testigos en la boda. Sobre este punto me quiero detener un momento. Según declaraciones de Alfredo Crespo, abogado de ambos cabecillas terroristas, se sabe que el mismísimo Alcalde de Chorrillos, Augusto Miyashiro, fue quien ofició la boda. Ahora, en cuanto a los testigos, Elena tuvo de su lado a su hermana Cecilia; y por parte de Guzmán, los testigos fueron el presidente del INPE, Rubén Rodríguez Rabanal y el jefe de prisión de la Base Naval del Callao. En otras palabras, y eso es lo que resulta por demás paradójico, Guzmán no sólo tuvo que ponerse en cuclillas ante el gobierno, rogándoles a los representantes del Estado, de ese Estado al cual tildaban de burgués, de opresor, de genocida y caduco, al cual petardearon desde sus más profundas entrañas, para obtener el permiso para la boda, sino que peor aún, tuvo como testigos de matrimonio a sus perpetuos captores, al Jefe del INPE y al encargado de la seguridad del establecimiento donde seguirá purgando condena.

Díganme entonces ahora si eso no es la muestra más evidente del fracaso, de la derrota política de Sendero Luminoso, de su ocaso y final en todos los terrenos. Si se sabía, si sus propios militantes, porque algunos orates todavía deben quedar regados por algún rincón de nuestra patria, ya habían tomado nota de su derrota militar, este matrimonio, no hace sino tornar más evidente el fracaso político e ideológico del discurso que en su momento enarboló Guzmán y que trajo como consecuencia, la desgarradora cifra de más de 30000 peruanos muertos ha causa de su violencia fratricida. En nuestros días, Sendero se aparta de sus principios ideológicos, sus líderes, en cárcel o no, vuelven sobre sus pasos, se someten a los principios del Estado de Derecho y de la Democracia, utilizan las instituciones burguesas que tanto aborrecían. Por eso no resulta extraño que el Sendero que hoy enfrenta el Estado, en las zonas del VRAE o el Huallaga, no sea sino una pandilla de asesinos y sicarios pagados por el dinero del narcotráfico. Atrás quedó la idea de hacer del Perú la cuna de la revolución campesina y proletaria mundial, atrás quedaron las consignas afiebradas que calificaban a Guzmán como el genio creador de un mundo nuevo, la materialización de la evolución de la materia cósmica, y todas esas huachafadas que jamás lograron fundamentar racionalmente. Hoy Sendero, y lo digo con el cuidado de no caer en triunfalismos que nos hagan bajar la guardia frente a los rezagos todavía presentes en la selva de nuestro país, no es sino un terrible recuerdo en la historia de nuestro país, Sendero es eso y nada más, el pasaje más triste de la historia peruana del siglo XX, una historia que todos nos debemos esforzar en no volver a repetir.

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