lunes, 16 de agosto de 2010

Legalización de la marihuana y lucha contra el narcotráfico


Con motivo del inicio de los Diálogos por la Seguridad llevado a cabo en México, una vez más el tema de la legalización de la marihuana y otras drogas ha vuelto a captar el interés de la opinión pública mexicana y latinoamericana. En esta oportunidad, el representante del movimiento “México unido contra la delincuencia” interpeló al presidente mexicano, Felipe Calderón, en los siguientes términos: ¿Legalizar las drogas no debiera ser un PLAN B para combatir el crimen organizado y el narcotráfico? Contra todo pronóstico, dada las características políticas e ideológicas de Calderón (es un hombre reconocido no necesariamente por su vena libertaria), el actual presidente, lejos de centrar su respuesta en el miedo que le produce el eventual incremento del consumo de drogas a partir de una hipotética legalización de las mismas, señaló estar dispuesto a escuchar críticas con toda libertad y apertura, con el propósito de reperfilar y perfeccionar la estrategia de seguridad aplicada a la lucha contra el narcotráfico.

Si uno revisa la información llegada desde México sobre la política desarrollada por el actual gobierno en materia de seguridad y lucha antinarcóticos podrá apreciar que nunca, como en el actualidad, el gobierno mexicano ha destinado tantos recursos económicos y número de agentes del orden en tender un cerco sobre las cúpulas y los principales cabecillas de las mafias dedicadas al comercio de estupefacientes. Esta política ha desatado una ola de violencia jamás vista en ese país. El número de muertos y de homicidios que día a día se registran en ciudades como Juárez o Tijuana, ha convertido a este país en una de las regiones más peligrosas del mundo. Decenas de policías y agentes del orden han perdido la vida producto del enfrentamiento contra los sicarios de los cárteles de Juárez, Tijuana o Sinaloa (se dice que desde el año 2006 a la fecha son 28000 las personas que han muerto a raíz de estos enfrentamientos). A pesar de ello, de la enorme pérdida de vidas humanas y de recursos del Estado, los resultados de esta lucha no son los que el gobierno esperaba, basta con leer las cifras en torno a la cantidad de toneladas de cocaína que se exporta desde México a los Estados Unidos, para darse cuenta que esta, lejos de disminuir, ha logrado consolidarse durante los últimos años, a pesar de la muerte de varios de los líderes o cabecillas de estas organizaciones criminales.

Es en medio de este escenario que una iniciativa como la de legalizar la marihuana y otras drogas viene adquiriendo mayor fuerza en la opinión pública mexicana. Prueba de ello es que hace algunos días, el ex presidente de México, Vicente Fox (2000-2006) declaró estar a favor de la legalización de la producción, venta y distribución de las drogas como parte de una estrategia innovadora para golpear y romper la estructura económica de los cárteles en la región.

En opinión de Fox y de otros analistas, es justamente la naturaleza ilegal de este negocio la que hace que este resulte enormemente rentable y le permita generar niveles astronómicos de ingreso. La ilegalidad de las drogas, el mercado negro, la enorme corrupción que este negocio genera, es justamente lo que pone en jaque a la seguridad de la región, señalan los expertos. Lo mismo ocurrió durante los años de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos señalan. En aquel tiempo el poder para corromper y comprar conciencias de agentes del Estado por parte de las mafias dedicadas al comercio ilegal de alcohol llegó a ser de tal proporción que en muchos casos estuvo a punto de hacer implosionar al sistema. Ciudades como Chicago se convirtieron en verdaderos campos de batalla para los contrabandistas y los servicios de seguridad. La tasa de homicidios, la de delitos vinculados a este negocio y de soborno al interior de las entidades del Estado sólo descendió luego de que el comercio de alcohol se tornara legal, así lo recuerdan aquellos que están a favor de la citada medida.

Este mismo escenario se repite, con algunas diferencias claro está, en nuestro país. El Perú en el último año se ha convertido, según un informe publicado por Naciones Unidas, en el principal productor de cocaína, y en uno de los países con el menor índice de incautación de drogas (eso si tomamos como referencia lo que ocurre en otros países de la región como Colombia o Bolivia), convirtiendo al problema del narcotráfico en la principal amenaza para la seguridad del Estado. Para nadie es un secreto que el tema de la seguridad ciudadana y el combate contra el narcoterrorismo ha sido, sin lugar a dudas, el campo en el cual el actual gobierno ha demostrado la mayor incapacidad a lo largo de sus 4 últimos años de gestión. Quizás ha llegado la hora de redefinir la política de lucha antinarcóticos, quebrar ciertos paradigmas en torno a aquello que el Estado considera bueno o malo para los ciudadanos y definir una política integral contra el narcotráfico.

El problema en todo caso, creo pasa por dejar de lado ciertos tabúes y romper ciertos mitos y medias verdades que más tienen de concepciones medievales que certezas objetivamente comprobadas. Creo que los que se oponen ferozmente a la legalización de la marihuana (creo que en todo caso el proceso debe ser paulatino y debe saber discriminar entre las drogas duras y blandas) parten de un presupuesto equivocado. Ellos creen que, como en el caso del aborto por ejemplo, la legalización o liberalización de la marihuana trae consigo el aumento o disminución del consumo al interior de la sociedad. Ello no es cierto, no existe ningún estudio ni investigación que refuerce tal hipótesis. Todo lo contrario, en lugares como Holanda en donde el consumo y la venta controlada de la marihuana son legales, la tasa de consumo no ha visto mayor aumento. En todo caso, lo que sí ha ocurrido es un descenso en el número crímenes cometidos en torno a este negocio, que mal que bien, nos guste o no forma parte del día a día de ciudades latinoamericanas y europeas.

Debe quedar claro también que abogar por la legalización de la marihuana no es lo mismo que fomentar o promover su consumo masivo. En el Perú, en Lima, en distritos como Breña, Surquillo, Cercado de Lima, San Miguel entre otros, conseguir puntos de venta de marihuana es tan fácil como encontrar cabinas de internet. Todos los vecinos saben dónde, cómo, quién y a qué precio se comercializa. La pregunta es ¿Si todos saben quiénes son los que la comercializan por qué la policía no actúa? La respuesta es muy simple. Por el enorme poder que este negocio tiene para comprar conciencias y quebrar instituciones. En ese sentido, no creo que resulte descabellado pensar en cambiar un sistema de prohibición absoluta, que a todos luces ha fracasado, y que sin caer en el pesimismo, no creo que mejore, por una de venta o comercialización controlada y supervisada. Ahora bien, es cierto que la legalización no basta, a ello se debe sumar una política integral de educación e información ciudadana mediante la cual se den a conocer los riesgos y el daño que el consumo de las drogas en general producen a la salud del ser humano.


Creo que el tema de la educación e información es vital en estos casos ya que si luego de recibir toda la información necesaria una persona, adulta, mayor de 18 años, decide libre y voluntariamente consumir un porro de marihuana, será ella y no la sociedad o el Estado, la que deba asumir la responsabilidad de la decisión. ¿Por qué entonces el Estado debería suplantar la decisión autónoma de aquel individuo en aras a una serie de concepciones de moral mal entendidas? ¿Por qué el Estado debería seguir utilizando el argumento de la moral, de la vida digna, de la necesidad de promover la virtud de los ciudadanos para prohibir el acceso a una droga que como la marihuana que siendo legal o ilegal es fácil de obtener? Creo sobre este punto que cualquier ciudadano debería poder acceder a la venta libre de un producto como la marihuana, pues entiendo que esta es una decisión absolutamente libre y autorreferente que no lesiona el derecho de ninguna otra persona. Lo otro es, como ocurre hasta hoy, poner obstáculos que son fácilmente sorteados por aquellos que para conseguir lo que buscan se internan al mundo del mercado negro de la microcomercialziación de marihuana, arriesgando su vida, su salud y su integridad, pues para nadie es una novedad que todo mercado negro, ilegal, informal o paralelo es caldo de cultivo para la criminalidad y otros vicios.


No consumo drogas, ni promuevo el consumo de las mismas, pero no puedo pretender que esa decisión personal que yo hago en absoluta libertad les venga impuesta a otros que a diferencia mía si consumen, y seguirán consumiendo ese porrito de marihuana que tanto placer les produce, ese mismo placer que algunos encontramos en un buen vaso de licor o en una pitada de cigarrillo. Solo como dato final, resulta interesante destacar que el número de víctimas mortales que año a año registra nuestro país por el consumo directo de marihuana es mucho menor al que produce el alcohol o el cigarrillo, dos productos que a pesar de ello son legales.

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2 comentarios:

A las 16 de agosto de 2010, 18:35 , Blogger Marvin Marvin Marvin ha dicho...

Hola, Rafael.
Pienso que, si se llegan a legalizar ciertas drogas en nuestro país, será como consecuencia de que esta medida haya sido aplicada en otros países. No creo que nuestros legisladores ni el aparato estatal tengan la capacidad de llevarlo a cabo como iniciativa propia, sino más bien como un efecto de resonancia frente a lo que hagan otros estados de la región (y teniendo a estos hipotéticos casos como modelos).

Un gran saludo; no dejes de escribir.

 
A las 18 de agosto de 2010, 8:58 , Blogger RAFAEL ha dicho...

Gracias, por el comentario, y a pesar del poco tiempo del cual uno a veces dispone, no dejaré de escribir, te invito a revisar otros artículos del blog, creo que podrás encontrar algunos otros temas interesantes, me gusta recibir la opinión, sugerencia y crítica de todos, un abrazo.

 

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