viernes, 11 de junio de 2010

El caso de Stephany Flores: reflexiones sobre la criminalidad y la violencia entre los jóvenes


El crimen de la joven Stephany Tatiana Flores Ramírez ha conmocionado a toda la sociedad limeña. La manera como su cuerpo fue encontrado muerto denotan una brutalidad y un ensañamiento espantosos. El dolor que para los padres, familiares y amigos ha significado la pérdida de esta joven de 21 años es indescriptible. Todos, absolutamente todos, de alguna u otra manera hemos visto en la joven la figura de una hermana, prima o amiga que en compañía de otras tantas decide disfrutar de una noche de diversión sabatina sin presagiar que la muerte tocaba a su puerta.


El asesinato de esta joven a manos del presunto homicida, el holandés Joran Andreas Petrus Van Der Sloot, pone en cuestión un tema que a mi parecer es de suma importancia para el análisis de este tipo de penosos sucesos. Un tema vinculado al nivel de violencia al cual se ha llegado en nuestra sociedad, sobre todo en lo referido al comportamiento criminal registrado entre los jóvenes y adolescentes de nuestro país.


Cuando uno revisa las cifras de informes científicos y estadísticos realizados por instituciones dedicadas al estudio e investigación de este tipo de temas, como el “Informe sobre Seguridad Ciudadana y Derechos Humanos” elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, uno llega a la conclusión que América Latina y el Caribe es la región con los mayores índices de criminalidad entre la población joven.


Lo más alarmante, más allá de esta constatación de por sí estremecedora, es que la criminalidad juvenil, lejos de ir disminuyendo, parece haber entrado en una etapa de franco crecimiento a nivel de toda la región. Tal y como se señala en el mencionado trabajo, este es un proceso que se inició hace ya algunas décadas, un fenómeno que no habiendo recibido por parte de los gobiernos un adecuado tratamiento a través de una política social, educativa y de seguridad efectiva, ha convertido al tema de la criminalidad y la violencia en el principal problema de la región, superando, incluso, a otros como el desempleo, la marginalidad o la corrupción. Las cifras demuestran que hoy por hoy nuestro continente atraviesa un problema generalizado de inseguridad, un problema en el cual sus principales actores no superan los 25 años de edad en promedio.


Así, tenemos que mientras en Europa la tasa de homicidios es de 8,9 por cada 100 mil habitantes, o en las regiones del Pacífico Occidental y Oriental ésta asciende a 3,4 y 5,8, respectivamente, América Latina presenta un promedio de 25,6. A estas cifras, de por sí escalofriantes, habría que añadir un apunte adicional. Cuando se desglosan estas cifras, y se toma como referencia los índices de homicidios registrados entre jóvenes entre 19 y 29 años, la tasa de 25, 6 antes señalada experimenta un crecimiento exponencial elevando dicha cifra a 69,8 por cada 100 mil habitantes. Ahora bien, si se toma en cuenta los niveles de ingresos de la población joven tenemos que mientras en el grupo de los jóvenes de mayores ingresos la tasa es de 21,4, en los sectores medios y bajos se eleva hasta 89,7.


Todos estos datos y cifras llevan a la Comisión Interamericana a plantear dos conclusiones generales. La primera de ellas señala que la región registra la tasa de violencia más alta del mundo, como parte de una tendencia que también se verifica a nivel mundial. Y la segunda es que los sectores de la sociedad que estuvieron históricamente excluidos vuelven a ser los más afectados en este tema. Resulta lógico pensar que el comportamiento criminal y violento entre los jóvenes se ve potenciado en aquellas zonas en las cuales la pobreza, la exclusión, la marginalidad condenan a familias enteras a vivir en la miseria generación tras generación. Los jóvenes, señalan otros estudios, a los cuales muchas veces no se les brinda la posibilidad de alcanzar niveles de desarrollo educacional y social que les permitan tener una mayor posibilidad de acceso al mercado laboral, encuentran en la pandilla, la banda o el grupo criminal un vehículo fácil para alcanzar prestigio, dinero y reconocimiento, un reconocimiento que muchas veces les es negado un Estado y una sociedad que los invisibiliza.


¿Qué se ha hecho frente a ello? ¿Qué políticas o medidas se han ensayado durante los últimos años para dar solución a este flagelo social? ¿Qué criterios deberían ser tomados en cuenta al momento de diseñar las nuevas políticas gubernamentales de los próximos años?


Contrario a lo que muchos piensan, contrario a lo que muchos seudo especialistas en materia penal y policial han señalado año tras año, el informe demuestra, mediante la recopilación de datos y opiniones de especialistas de la región, que la denominada política de mano dura, aquella que basa su accionar en el endurecimiento de las penas, en la restricción de beneficios carcelarios, en el tratamiento única y exclusivamente punitivo del derecho penal y penitenciario, o peor aún, en la disminución del número de años (de 18 a 16, por ejemplo) como condición para que una persona sea pasible de recibir una sanción penal efectiva, ha fracasado rotundamente en nuestro continente.


El informe señala que más allá de consideraciones criminalísticas o jurídicas debemos partir por reconocer que el tema de la violencia y la criminalidad encuentran su raíz en la manera como la sociedad se ha configurado y en la respuesta que a esa dinámica ha venido dándose por parte de los diferentes grupos de individuos. Siendo un problema social, denota ciertamente la fractura estructural que muchos de los países de la región experimentamos, una fractura que nos impide consolidarnos como sociedades auténticamente democráticas, en las cuales los índices de marginalidad y pobreza se vayan disminuyendo paulatinamente, cerrando la enorme brecha existente entre ricos y pobres que se registra en nuestras tierras, cifras que hacen de América Latina el continente con la mayor desigualdad entre aquellos a los cuales la vida les sonríe económicamente y aquellos otros que llevan los bolsillos únicamente cargados de miseria.


Para ello es necesario ensayar una propuesta integradora, que abarque el campo sociológico, psicológico, jurídico, antropológico y educativo. Es necesario que esa propuesta que se elabore goce del apoyo político necesario para que pueda permanecer vigente en el tiempo. Se requiere de un consenso de largo plazo entre las fuerzas políticas de todos los países en el cual todos los actores se comprometan a mantener los lineamientos de la misma independientemente de la persona o partido que asuma el gobierno de los diferentes Estados de nuestra América Latina.


Así mismo, se torna imprescindible la participación de la sociedad civil y de instituciones de alcance regional para la verificación y supervisión del avance en la implementación de estas políticas gubernamentales. Si algo nos ha demostrado la historia más reciente de nuestros pueblos, es que ninguna política a corto, mediano o largo plazo alcanza sus objetivos sino cuenta con una legitimidad social que le permita instalarse en el imaginario de la sociedad generando un cambio de actitud y una reformulación de paradigmas a nivel cultural que permitan afrontar con éxito los desafíos de los nuevos tiempos.


En ese sentido, y tomando, tristemente como referencia, el penoso caso de Stephany Tatiana Flores Ramírez, es necesario replantearnos como sociedad, el rol que a los padres de familia les toca asumir en la conducción y educación de los hijos y los patrones de conducta y estilos de vida que los jóvenes de Lima y de todo el Perú han ido adoptando en los últimos años.


Sería por demás injusto e inhumando culpar, como lo han hecho algunos medios de comunicación conservadores y machistas, a la propia víctima de tan triste final. Decir que una mujercita de bien, que una joven honesta y decente no debería andar sola por las calles de Lima, y muchos menos, sentarse a las mesas del póker en horas no adecuadas, es francamente una afirmación cavernaria a estas alturas del desarrollo de la humanidad. Decir que ella se buscó su final, que mi hija o la hija de mi hermano no irían jamás al cuarto de hotel de un hombre al que recién conocen es mirar la realidad con una venda en los ojos, que seguramente el padre no la supo educar, o que en casa no encontró los modelos adecuados a seguir, son todas ellas afirmaciones delirantes e indignantes si tomamos por un momento en cuenta el dolor que solo una madre y un padre puede experimentar por la pérdida del hijo que en adelante estará eternamente ausente. Nadie, por más cuidadoso que este sea, está libre de toparse en la calle con algún loco, algún criminal que por 10000, 1000, 100 o 10 dólares esté dispuesto a arrebatarnos la vida. Ello, no quiere decir sin embargo, que en la medida de lo posible los jóvenes, sin importar el sexo, hombres o mujeres, veamos en este caso una oportunidad para reflexionar, para repensar la manera como vivimos o creemos vivir. Porque la vida solo tiene sentido en la medida que los momentos de placer y alegría superen a los de pesar y tristeza, porque la ilusión de todos es prolongar esa alegría por largos años.


Esperemos, finalmente, que la justicia se encargue de encontrar y sancionar al culpable. Esperemos que la justicia le devuelva, en la medida de lo posible, la tranquilidad y reconforte a la familia Flores. Esperemos que los medios de comunicación sean respetuosos del dolor ajeno y no se esfuercen en detallar y mostrar las imágenes de familiares llorando o resquebrajándose con el único afán de vender más titulares. Esperemos, que la cobertura mediática que este caso está recibiendo, exagerada muchas veces creo yo, no sea utilizada por los mismos politicastros de siempre capaces de usar el dolor ajeno como cortina de humo para tapar sus pillajes, sus bribonadas y corruptelas.

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2 comentarios:

A las 13 de junio de 2010, 19:07 , Blogger Franklin Edison Castro Farro ha dicho...

Muy atinado tu comentario. Hay diferentes aristas desde donde se puede analizar el caso y me parece que lo has hecho con profundidad. Sin embargo creo que debiste incidir en el papel que les toca a asumir a los padres en estas circunstancias y en estos tiempos. Poco podemos esperar de los políticos, razón por la que es urgente trabajar con los padres y con los chicos. Hay que advertirles con urgencia, con firmeza y hasta con exageración. Por el nivel de análisis y las conclusiones a las que llegas, las cosas están muy difíciles y, si algo podemos hacer es precisamente en los medios más cercanos a nuestro entorno: el hogar y la escuela.

 
A las 14 de junio de 2010, 14:00 , Blogger RAFAEL ha dicho...

gracias por tu generoso comentario. Espero puedas leer y seguir revisando el blog..me ayuda mucho recibir las opiniones y sugerencias de los lectores.Es cierto, quedan temas por profundizar, pero creéme que la disponibilidad de espacio no es la mejor. Los artículos no pueden ser de mucha extensión. Pero vale tu apunte.
rafael rodriguez

 

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