viernes, 10 de octubre de 2014

MARIO VARGAS LLOSA



Existen momentos en la historia de un país que merecen ser recordados siempre. Este fue uno de ellos. El 7 de octubre de 2010, la Academia sueca, le otorgó a Mario Vargas Llosa (MVLL), el Premio Nobel de Literatura. Hoy, 4 años después de este suceso, creemos importante recordar a MVLL como lo que es: el literato más importante de la historia de nuestro país, autor de una de las obras más prolíficas en lengua castellana.

Yo conocí la obra de MVLL a los 14 años. Cursaba el segundo año de secundaria en un colegio particular de la gran Lima, y para mí las clases de literatura eran las 4 horas más esperadas de toda la semana. Eran, en palabras de MVLL, una puerta de escape a la realidad, una realidad que ya desde ese entonces me empezaba a parecer limitante y limitada. Me preguntaba: ¿Por qué el hombre debe conformarse con la vida que el destino le asignó cuando a través de los libros uno puede, aunque sea por breves instantes, ser uno y mil hombres a la vez, ser un mosquetero, un escapista, un revolucionario, o simplemente un niño que escapa por las azoteas? ¿Por qué no atreverse a vivir en el universo de las ficciones verdaderas?

Debo confesar que gracias a algunos escritores, pero sobre todo a MVLL, comencé a descubrir el efecto mágico que la literatura como campo de la cultura puede tener en los seres humanos. MVLL, con “La ciudad y los perros” -su primera novela-, me convirtió rápidamente en un auténtico devorador de libros, un lector de madrugadas, un joven de libro bajo el brazo, pero sobre todo, en un ser humano capaz de cerrar los ojos y empezar a soñar. Eso también se lo debo a MVLL.


Al cabo de algunos años, y luego de haber leído y releído las aventuras de Alberto Fernández, el poeta de “La Ciudad y los perros”, me encontré con la que a mi gusto es la novela más completa de MVLL, la novela total como él mismo dice: “La Conversación en la catedral”, libro capital en la prolífica obra literaria vargasllosiana. Si alguien ha cometido un deicidio, si alguien ha podido recrear la obra de Dios en algunos cientos de páginas, si alguien puede decir que una novela de su autoría representa la obra sagrada de un creador, ese es MVLL refiriéndose a “La Conversación en la Catedral”. La obra con más de 500 páginas nos transporta a la Lima de la primera mitad del siglo XX.  Y es Zavalita, ese mismo que se atrevió a preguntarse y preguntarnos a todos los lectores en qué momento se jodió el Perú, el protagonista de esta gran novela, cuyas páginas he engullido -cuando menos- una decena de veces.

Zavalita, al inicio de la novela, deambulando por la avenida Tacna, se encuentra con Ambrosio, chofer de su padre y empleado de su familia de toda la vida, a quien luego de unas breves palabras, e impaciente por descubrir la verdad, armado de valor le pregunta si su padre fue quien mandó matar a Queta. Zavalita jamás imaginó que esa pregunta sería la llave que nos abriría la puerta de un camino en el cual las mentiras, las falsas verdades, los negruzcos pasajes de su vida familiar y de la vida nacional, se cruzan y superponen, teniendo como telón de fondo los oscuros años del odriísmo, un gobierno marcado por el abuso y el autoritarismo.

Es así como Zavalita empezará a conocer parte de esas truculentas historias, muy a pesar de su propio dolor y el de todos los que convertimos a Zavalita en el amigo con quien conversar de noche, bajo la lámpara de un escritorio, sufriendo junto a él sus tristezas y celebrando sus victorias, victorias que son las de todo ser humano, de todo hombre de carne y hueso, de todo aquel que venciendo el miedo y el oscurantismo se atreve a cuestionar la realidad y a ir en búsqueda de la verdad.


Ese es el sello de MVLL, los personajes vargasllosianos son seres profundamente humanos, con defectos y virtudes como cualquier mortal, no pretenden convertirse en modelo de nadie, mucho menos de ellos mismos. Tanto Alberto como Zavalita, por citar solo a dos de los personajes más famosos que la pluma de MVLL ha creado, son justamente eso, jóvenes que de una u otra forma representan algo más que un tiempo o una época, o un modo de ser peruano, o un modo de vivir el Perú.

Ambos, cada uno en su mundo y sus circunstancias se aproximan y van en búsqueda de lo que está detrás, no se comprometen con autoridad o institución alguna. Alberto, en “La ciudad y los perros”, muerto de miedo por la brutalidad y violencia con que el Jaguar y los miembros del “Círculo” tratan a los compañeros de clase en el Leoncio Prado, decide denunciar ante el teniente Gamboa el asesinato de Arana, del esclavo. Alberto sabe que poner en evidencia aquel suceso, sacar a la luz tremendo episodio no contará con la aprobación de la institución militar, de una institución a la cual él siempre vio como autoritaria, violenta y abusiva.

A pesar de ello, sabedor de todas y cada una de las consecuencias que este acto de coraje individual le acarrearían decide ir al frente e impedir que el asesinato del esclavo, de su amigo Arana, quede impune. Con ese mismo valor se agarra a trompadas en la celda con el Jaguar, él sabe que serán mayores las trompadas que reciba a las que propine, pero sabe también que llega el momento en la vida de un hombre en el que no hay vuelta atrás, llega el momento en el cual es preferible morir magullado que evitar el combate, llega el momento en el que un hombre debe rebelarse ante la adversidad, vencer sus miedos y atreverse a ser libre.


Dicen que los personajes creados por los grandes narradores, por los genios de la literatura, dentro de los cuales -y mucho antes de recibir el premio Nobel ya se encontraba MVLL- llevan en sus entrañas el sello de su genio creador. Quizás no sean altos, bajos, gordos o flacos como el hombre que les dio la vida, pero el lazo de afinidad, la conexión casi sanguínea que Alberto y Zavalita tienen con MVLL, es una relación verificable en el ADN de estos tres hombres. Alberto y Zavalita, son seres que sin quererlo y saberlo comparten una pasión, la pasión por lo imposible, una pasión que también ha acompañado a MVLL a lo largo de toda su vida.

Ambos son hombres que se sacrifican, son hombres que se rebelan ante la adversidad y que cuestionan constantemente el sistema, ambos apuestan por la utopía, ambos saben que son soldados de batallas que desde el inicio estuvieron perdidas, pero a pesar de ello, deciden, libre y voluntariamente ir a la lucha. Dicho de otro modo, el mundo literario de MVLL es el mundo de hombres que instintivamente van en búsqueda de su libertad, hombres que sin importar el camino a recorrer, el obstáculo que sortear, la barrera que traspasar deciden sacrificar sus sueños, su alma, su propia vida para ir al encuentro de esa utopía que los convertirá en seres auténticamente libres.

Alonso Cueto, en un artículo titulado “Mario Vargas Llosa. La aventura moral”, al hablar sobre los personajes vargasllosianos afirma que estos son seres que se mueven, que transitan por el mundo impulsados por dos instintos, el instinto de la libertad y el del sacrificio. Ambos, dice Cueto, son cruciales en la formación de una personalidad, son el tatuaje identificador de los Albertos o los Zavalitas. Ambos son instintos complementarios, es imposible lograr la libertad sin una determinada cuota de sacrifico, y no es posible hablar de un sacrifico si este no se elige libremente.


Por eso los personajes de MVLL, afirma Cueto, se parecen a su creador, pues a pesar de las caretas, de las persecuciones venidas desde lo más alto del poder, de los estereotipos y otros hábitos o costumbres aletargantes o uniformizantes, estos no ceden al chantaje, reclaman y exigen ser libres, deciden no transar con nadie, a ningún precio ni en ninguna circunstancia, son intrínsecamente subversivos, pues tratan de subvertir el orden establecido, lo critican, lo cuestionan, luchando por un mundo, en el cual la verdad prevalezca sobre las apariencias de las instituciones. Inmunes a todo tipo de chantaje, renuentes a ver perdida su individualidad a manos de algún dogma, religión o ideología, los personajes de MVLL se autoproclaman libres, soberanos, dueños de su propio yo y forjadores de su propio destino.

Un día como hoy (07/10), MVLL recibió el nobel que tantas veces le fue esquivo. La Academia, al explicar las razones por las cuales decidió concederle el premio dijo: "Por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. Yo creo que MVLL recibió este premio por algo más, por muchas otras cosas más. Yo creo que MVLL recibió el Nobel también por su genuina voluntad e indesmayable lucha a favor de los valores de la libertad y la democracia, pues a pesar de sus detractores, MVLL ha sido, desde hace mucho, un acérrimo defensor de los valores individuales, de los derechos y libertades de hombres y mujeres a nivel mundial, opositor tenaz de dictaduras y gobiernos autoritarios, crítico feroz de caudillos totalitarios que hicieron del atropello, el abuso y la arbitrariedad sus mejores armas. MVLL, creo yo, puede hoy mirar atrás con orgullo, y ver una vida llena de batallas afrontadas, unas ganadas, tantas otras pérdidas, pero batallas en las cuales jamás se permitió flaquear en cuanto a la defensa de sus más firmes convicciones.

MVLL dijo alguna vez que la vida de los hombres lleva el sello de los libros, de los grandes libros que alguna vez leyeron, de esas obras que quedarán grabadas por siempre en lo más profundo de la memoria. Si fuera el Perú un hombre, si nuestro país tuviese una identidad corpórea, si fuese de carne y hueso, estoy seguro que llevaría en ese rincón todas y cada una de las obras de MVLL. 

Digo todo ello, pues MVLL nos ofrece en cada cuento, en cada novela, en cada artículo periodístico, múltiples razones por las cuales seguir luchando y no ceder ante el miedo, el chantaje, la adversidad, el abuso o el autoritarismo. Siempre es posible quebrar la realidad, ya que la vida no es una suma de sucesos fortuitos, la realidad no responde a leyes metafísicas que organizan de manera inamovible la vida del hombre, la realidad es un espacio abierto para la transformación y el permanente cambio. La realidad es un espacio para la libertad.



MVLL ha sido y es justamente eso. Un hombre rebelde por naturaleza, un amante y defensor a ultranza de la autonomía individual. MVLL, ya sea desde sus novelas, sus apariciones públicas o su fugaz paso por la política activa ha mostrado siempre su rechazo a todo tipo de imposición irracional, ya sea religiosa, política, económica o cultural. MVLL ha hecho de la defensa de la libertad y la democracia, el elemento identificador por excelencia de su pensamiento político y ético. Esa será la contribución de MVLL a la vida cívica de nuestra patria.

Él que ha sido capaz de romper el pacto infame de hablar en voz baja, de criticar y enfrentarse al poder más atemorizante, capaz, incluso, de decir aquello que nadie quiere escuchar pero que todos prefieren olvidar, de llamar dictador a quien lo merece, de llamar cleptócrata -cuando nadie lo hacía- a un presidente que hoy purga condena por delitos de corrupción y violación de derechos humanos, nos abre los ojos a través de sus obras, y pone en evidencia la enorme tarea que aun resta por hacer en nuestro país, y en toda nuestra América Latina.


Por todas estas razones, quise hoy recordar aquel 7 de octubre de 2010, fecha en la cual MVLL recibió el máximo galardón literario de la humanidad. Permítanme, entonces, terminar esta columna con las palabras de un admirador de la obra vargasllosiana, permítanme finalizar este escrito diciendo: “Muchas gracias don MVLL, gracias por sus obras, gracias por despertar en mí esa pasión incandescente por la literatura, gracias por encender en mi juventud la llama de la libertad, gracias por hacerme saber que no existe otra forma de gobierno capaz de salvaguardar los derechos y las libertades de los seres humanos que no sea la democracia. Gracias por eso y por mucho más. Gracias por permitirme decir con orgullo y soberbia de fanático lector que en mi biblioteca descansan dos libros dedicados de puño y letra por un premio Nobel.

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