viernes, 14 de febrero de 2014

EL POPULISMO EN AMÉRICA LATINA


LA DEMOCRATIZACIÓN AUTORITARIA


¿Qué debemos entender por Populismo? Ha sido una pregunta que muchos nos hemos hecho alguna vez, y que por fin ahora, luego de revisar algunos textos, creo estar en condiciones de responder (ojo, toda definición puede ser afinada). Así, de todas las definiciones consultadas creo que la de Germani es la que con mayor precisión desarrolla este concepto: “el Populismo fue un movimiento social e ideológico que se produjo en la transición de la sociedad tradicional a la moderna e industrial”.

Breve concepto

Para este autor, el Populismo fue un fenómeno causado por los profundos cambios estructurales que experimentaron diversos países latinoamericanos, los cuales generaron discontinuidades políticas, sociales y económicas, que se presentaron de manera clara en nuestra región, dependiendo claro está,  del nivel de desarrollo de cada sociedad. Decimos esto último pues como ya se señaló anteriormente, el Populismo en América Latina surgió en un momento histórico en el cual las sociedades tradicionales iniciaban el camino hacia la modernización industrial.

Ahora bien, el Populismo latinoamericano dio lugar a la formación de los denominados “Estados Populistas”, los mismos que a consideración de autores como Guillermo O’Donnell, fueron Estados claramente incorporadores (incluyentes de las grandes mayorías) basados en una coalición multiclasista de intereses urbano-industriales, que buscaron incluir a la élite industrial y a los sectores populares de las urbes.  


El rasgo distintivo del Estado Populista

Uno de los rasgos más importantes del Populismo en la región (sino el más importante) fue su nacionalismo económico, el mismo que se tradujo en la configuración de un Estado promotor de la fase inicial de industrialización de bienes de consumo, que buscó el surgimiento y fortalecimiento de las industrias y la expansión del mercado nacional. En otras palabras, el Populismo en Latinoamérica fue la respuesta política y económica al modelo “hacia afuera” que hasta ese momento había impulsado y tutelado nuestra oligarquía. El peronismo argentino y el velasquismo peruano, a su turno, fueron ejemplos claros de lo que acá acabamos de señalar.

En ambos casos (argentino y peruano), el Estado Populista asumió el compromiso directo de aumentar los ingresos de los sectores populares, y atender otras demandas sociales (seguridad, salud, vivienda, educación, entre otras)  trayendo consigo importantes cambios en la manera de concebir la democracia. Es decir, el Populismo latinoamericano empezó por cuestionar el concepto formal o procedimental de democracia política (Dahl), para luego, confrontarlo a la luz de los principios de la democracia social, los mismos que el Populismo se encargó de transformar en discurso de masas.

Características del Populismo Latinoamericano

Pero, ¿qué características comunes presentó el Populismo en Latinoamérica? Siguiendo a Stepan y Garretón, podemos afirmar que el Populismo latinoamericano presentó (con ciertos matices) las siguientes características:

-       Fue un movimiento social multiclasista que contó con liderazgos de clase media y/o alta y con base popular obrera o campesina (esto último en menor medida).

-       Surgió en una fase histórica de transición de la sociedad tradicional a la sociedad moderna e industrializada.

-       Buscó el paso de un sistema político con participación restringida a otro con amplia participación de los sectores históricamente excluidos.



-       Convirtió al Estado en el protagonista de los cambios sociales, pues es el Estado (a través de sus operadores) el que impulsa el proceso de movilización, integración, inclusión y democratización de la sociedad. Lo que Stepan bautizó con el nombre de Corporativismo Incluyente (el velasquismo fue un claro ejemplo de esto último).

-       Promovió la celebración de acuerdos y/o pactos de compromiso entre el Estado y diferentes sectores de la sociedad (se buscó imitar la experiencia europea del laborismo y la social democracia).

-       Apostó por un modelo de desarrollo estatal – nacional – popular, que privilegió lo nacional por sobre lo extranjero, en contraposición al modelo oligárquico. Siguiendo a Garretón, podríamos decir que en Latinoamérica, como quizá en ningún otro lugar del mundo, el Populismo fue la respuesta social y política impulsada por los sectores que  buscaban acabar con los privilegios creados por el modelo oligárquico (excluyente).

-       Promovió un modelo de desarrollo basado en la industrialización nacional con vocación progresista y un marcado papel estatal. Una de las medidas populistas distintivas de este proceso fue la denominada industrialización por sustitución de importaciones.

-       Basó su fortaleza en la relación entre el líder y la masa. La figura del líder populista es fundamental en este proceso (Perón y Velasco, por ejemplo), pues será él quien se encargue de movilizar al pueblo para salir en búsqueda de sus reivindicaciones.


-       Creyó en el predominio de la política y el Estado por encima de los intereses económicos. Por eso buscó que el pueblo participe directamente en el proceso de toma de decisiones, mediante organizaciones, y a través del voto directo. De allí la necesidad de adoptar medidas tendientes a garantizar el sufragio universal y derechos sociales tales como la libertad sindical, la huelga o la negociación colectiva (obrera).

La importancia del Populismo en América Latina

Pero quizá la pregunta más importante que ahora debemos responder en torno al Populismo es si este fenómeno tuvo o no alguna importancia para Latinoamérica, y si el resultado del mismo arrojó un saldo positivo o negativo para nuestra región. Veamos algo de eso a continuación.

Para nosotros, como para Lynch, el Populismo ha sido un proceso vital para la formación de la ciudadanía en América Latina. Decimos ello, pues lejos de los apasionamientos que genera la polémica en torno al Populismo, este fenómeno ha sido el principal factor democratizador en nuestra región, impulsando el reconocimiento y generalización de derechos (políticos y sociales, básicamente), o la adopación de otras medidas inclusivas  en favor de los de abajo.

El Populismo, y no creo exagerar al decirlo, abrió una nueva etapa en la historia política de América Latina, no sólo por haber puesto fin al poder hegemónico de la oligarquía, sino porque a partir del discurso que este promovió, se implementaron importantes políticas distributivas que integraron a las economías nacionales, sentando las bases del proceso de industrialización, lo que a la larga se convertiría en el principal medio para generar empleo a favor de población más necesitada.


Además, como ya lo anotado, debemos reconocer al Populismo como el movimiento que logró incorporar a los más amplios sectores sociales al proceso político formal a través de políticas democratizadoras como la universalización y generalización de derechos civiles, políticos y sociales.

Otra mirada sobre el Populismo

Ahora bien, no deja de ser interesante la mirada que Laclau tiene sobre el Populismo latinoamericano cuando señala que la nota que lo identificó fue el énfasis que este puso en la revalorización de la categoría “pueblo”, entendido como una categoría política con demandas específicas, permitiendo la construcción de una fuerte identidad colectiva.

Sin embargo, y como también lo refiere este autor, en Latinoamérica, los movimientos populistas fueron básicamente populismos de Estado, que intentaron, por todos los medios, reforzar el rol y la presencia estatal en diversos espacios como parte de una estrategia de lucha antioligárquica, la misma que en la mayoría de los casos supuso la violación de las libertades individuales y políticas (sobre toda las de la oposición).


No obstante lo antes señalado, es justo decir que cuando los movimientos populistas accedieron al poder, impulsando programas y políticas de redistribución económicas y reformas democráticas, lo hicieron bajo regímenes marcadamente antiliberales, e incluso, abiertamente autoritarios y dictatoriales (peronismo y velasquismo, son claros ejemplos de lo que acabamos de afirmar).

Populismo y democracia

En todo caso, la pregunta que politólogos e investigadores sociales aún no logran resolver es si es posible armonizar la prédica populista con los principios y valores de la democracia liberal En otras palabras, ¿es posible alcanzar mayores niveles de justicia social, distribución del ingreso, e inclusión de sectores mayoritarios, en un clima de respeto pleno por las libertades fundamentales y las instituciones constitucionales?

Dicho de otro modo, ¿es posible ser populista (en lo sustantivo), y al mismo tiempo, respetar el orden constitucional democrático? Esta interrogante ha abierto en América Latina un debate que hoy en día está más presente que nunca, más si consideramos que en los últimos tiempos la región ha visto la llegada de líderes populistas - autoritarios, tal y como lo afirma Levitsky al señalar que “en América Latina, los líderes populistas tienden siempre a consolidar regímenes que podemos calificar como Autoritarismos Competitivos, debido, entre otras cosas, a la carencia de una cultura democrática cívica y a la debilidad de las instituciones político-constitucionales” (dicho sea de paso, el Populismo latinoamericano nunca se caracterizó precisamente por su compromiso con éstas). Veremos qué pasa en la región en los próximos años. El debate recién comienza.


Nota: Este artículo toma como base un ensayo elaborado por mi persona para el curso “Procesos Políticos en el Perú y América Latina siglo XX”, a cargo del profesor Piero Corvetto Salinas, en la maestría en Ciencia Política en la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la PUCP. Para Piero mi personal agradecimiento, pues sin sus notas, apuntes, lecturas y comentarios, este artículo no hubiera sido escrito.

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