martes, 2 de abril de 2013

EL PRECIO DE LA DESIGUALDAD




Aproveché esta última Semana Santa para terminar de leer un par de libros que despertaron particularmente mi interés. Uno de estos es el último libro de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, cuyo título he tomado para este artículo. El libro es, como ya otros lo han señalado, una obra fundamental para entender las razones que explican la dinámica de la economía mundial y el impacto de la misma en la política, la sociedad y la cultura contemporánea. Además de ello, y con las limitaciones propias de alguien que no es economista de carrera, debo decir que el libro es también genial por la claridad con la que el autor expone sus ideas, las mismas que en todo momento vienen acompañadas de datos, estadísticas y estudios que las refuerzan y consolidan.

¿Sobré qué temas gira la obra de Stiglitz?

Como todos saben, Stiglitz era ya uno de los economistas más importantes del mundo, mucho antes de recibir el Nobel en 2001. Muchos de sus colegas lo han descrito como “el más grande crítico de los economistas de su época”, esa frase tiene mucho de sustento si tomamos en cuenta que varios de sus trabajos desnudan las falencias de la globalización, en ellos además crítica duramente el fundamentalismo de los defensores del libre mercado, así como el desempeño de algunos organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

¿Por qué leer a Stiglitz?

Stiglitiz es un gran académico, de eso no cabe ninguna duda, pero además, conoce de cerca el modo cómo los gobiernos, presionados por los grandes grupos de poder económico mundial, adoptan decisiones, que lejos de buscar el interés público, terminan beneficiando los intereses privados de estos sectores. Basta decir que ha sido presidente del Consejo de Consejeros Económicos de Bill Clinton (1997-1999), además de primer vicepresidente del Banco Mundial.

Son estas credenciales, que convierten a Stiglitz en una voz autorizada para hablar de economía en el mundo, las que en esta oportunidad me animan a difundir lo que este autor plantea en esta monumental obra, ya que teniendo en cuenta las limitaciones del debate político y académico de nuestro país, la lectura de trabajos como este deberían merecer una atención especial por parte nuestra, pero sobre todo, por quienes siguen pontificando la existencia de un “libre mercado perfecto”.

En la contratapa de este libro se lee la siguiente reflexión: El 1 % de la población disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, los mejores médicos y el mejor nivel de vida, pero hay una cosa que el dinero no puede comprar: la comprensión de que su destino está ligado a cómo vive el otro 99%. A lo largo de la historia esto es algo que esa minoría solo ha logrado entender… cuando ya era demasiado tarde.

¿Cuál es la idea central de este libro?

Este es el panorama que muestra Stiglitz, esta es la foto que grafica la situación económica y social de los Estados Unidos, la misma que se repite, en mayor o menor medida, en muchos países de nuestra región, incluido el nuestro. ¿Qué conclusión extrae el autor a partir de este cuadro gris de la realidad? Para Stiglitz, como para muchos economistas no ideologizados, los mercados por sí solos no son ni eficientes ni estables y tienden siempre a acumular la riqueza en manos de unos pocos más que a promover la competencia. A eso, señala el autor, debemos añadir que en muchos casos las decisiones gubernamentales y las instituciones profundizan esta tendencia, favoreciendo a los más ricos frente al resto.

¿Pretende Stiglitz acabar con el libre mercado cuando hace este tipo de afirmaciones?

No, naturalmente no. Lo que señala el autor es la necesidad de repensar la dinámica del mercado y recuperar la importancia que tiene el Estado, sus instituciones y la política, en el proceso de consolidación de un mercado auténticamente libre. ¿Qué funciones debe cumplir el Estado en el marco de una economía de mercado? Para Stiglitz, cuatro son las tareas que debe cumplir el Estado: 1) Regular de manera eficiente (promoviendo la competencia), 2) Supervisar el cumplimiento de la legislación vigente, 3) Sancionar a quienes incumplen la ley; y 4) Resolver con imparcialidad los conflictos que se puedan presentar entre los diversos agentes económicos.

Para ello, es fundamental recuperar la confianza de los ciudadanos en el Estado y en las entidades públicas. Siendo tan grande la fuerza y el poder de los grandes grupos económicos, únicamente un Estado fuerte y autónomo será capaz de frenar los apetitos de quienes tratarán siempre de poner al Estado al servicio de sus intereses privados. El Estado es un espacio en el cual confluye una diversidad de intereses (públicos y privados) que se encuentran constantemente en pugna. El Estado es el único capaz de emplear las ventajas y beneficios del libre mercado en beneficio de la grandes mayorías, corrigiendo las fallas que un mercado per se imperfecto trae consigo.

¿Por qué es importante reducir la desigualdad?

Lo que algunos defensores a ultranza del “libre mercado perfecto” (ese que no existe)  no logran entender es que la desigualdad, además de la pobreza, genera altos índices de criminalidad, problemas sanitarios, menores niveles de educación, de cohesión social y de esperanza de vida, afirma Stiglitz. Por eso es necesario que desde el Estado y la política se adopten medidas para corregir esta situación.

El Gobierno, dice Stiglitz, nunca corrige perfectamente los fallos del mercado, pero en algunos países lo hace mejor que en otros. La economía prospera únicamente si el Gobierno consigue corregir razonablemente bien las fallas del mercado más importantes. Por ejemplo, y cita una experiencia  norteamericana, una buena normativa financiera ayudó a que Estados Unidos –y el mundo- evitara una crisis grave durante las cuatro décadas posteriores a la Gran Depresión. En cambio, la desregulación de la década de 1980 dio lugar a docenas de crisis a lo largo de las últimas tres décadas, de las que la crisis estadounidense de 2008-2009 tan solo fue la peor.

¿Por qué los gobiernos no corrigen las fallas del mercado?

La torpeza o falta de voluntad de algunos gobiernos, la mayoría de ellos, si miramos el panorama actual, no es casual ni fortuita, afirma Stiglitz. Por ejemplo, analizando la crisis en los Estados Unidos, llegamos a la conclusión de que durante mucho tiempo, el sector financiero, (que puede ser otro en cualquier otro país de la región), utilizó su enorme influencia política para asegurarse que no se corrigieran los fallos del mercado y de que las recompensas privadas del sector siguieran siendo muchísimo mayores que su contribución social, uno de los factores que contribuyó a generar los altos niveles de desigualdad en lo más alto.

¿Es posible revertir las tendencias de la desigualdad?

Sí, si es posible. Otros países como Brasil lo han conseguido. Brasil tenía uno de los niveles más altos de desigualdad del mundo, pero durante la década de los noventa se dio cuenta de los peligros que esta generaba en términos de división social e inestabilidad política como de crecimiento económico a largo plazo. El resultado de esta reflexión dio a luz un consenso general a nivel de toda la clase política, encabezada en ese momento por el presidente Henrique Cardoso, sobre la necesidad de un aumento masivo del gasto en educación y salud, destinado sobre todo a los más pobres. ¿Ha logrado Brasil acabar con la desigualdad? No, de hecho sigue teniendo índices más altos que los Estados Unidos, pero mientras en este país la brecha entre ricos y pobres se redujo, en Estados Unidos la misma ha aumentado considerablemente en las últimas décadas.

¿Cuál es la receta para luchar contra la desigualdad?

En principio, debe quedar claro que Stilglitz, al igual que Rawls, entre otros, no propone la introducción de recetas económicas y políticas que apunten a una igualdad absoluta. Eso sería imposible, porque el mercado retribuye o recompensa de acuerdo al esfuerzo y al valor del trabajo o servicio que los agentes económicos brindan. La pregunta es: ¿tienen todas las personas la oportunidad de desarrollar esas capacidades en igualdad de condiciones? Todos sabemos que no, por eso la importancia de una política pública que focalice los recursos en educación, salud e infraestructura, pues la inversión eficiente de dinero público en estos sectores eleva la calidad de vida de las personas y promueve progresivamente la igualdad de oportunidades.

¿Cuál es la relación entre educación y pobreza?

El mercado premia la capacidad y la destreza de los profesionales altamente calificados y especializados. El único camino para esa calificación es la educación. Si tomamos en cuenta, dice Stiglitiz, que una buena educación depende cada vez más de los ingresos, de la riqueza y de la educación de los padres, sería estúpido no aumentar el gasto social en este sector, para de ese modo, quebrar ese círculo de pobreza que condena a los hijos de padres pobres y sin educación a repetir su historia de miseria y exclusión.

Conclusión

Podemos decir entonces que el contenido de este libro es importante porque quiebra esa lógica absurda, que durante muchos años nos trataron de imponer los defensores del “libre mercado perfecto”, bajo la cual el Estado no debe hacer nada para corregir las fallas del mercado porque este de manera espontánea alcanzará la perfección, y la otra de que la economía está divorciada de la política, falacia que únicamente sirvió para atar las manos de quienes pudiendo tomar medidas en favor de los más pobres, a partir de la adopción de políticas de distribución eficaces, veían cómo los índices de desigualdad crecían en la sociedad sin que el idolatrado mercado haga nada para reducir la brecha entre ricos y pobres, generando inestabilidad social e ingobernabilidad política en democracias con instituciones débiles como la nuestra.

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