viernes, 2 de noviembre de 2012

¿Quién defiende a los policías en el Perú?



Las cartas están jugadas y la pita se volverá a romper por el lado más débil. Las palabras del ministro del Interior y del actual director de la PNP, Raúl Salazar, han sido contundentes: acá el único responsable del desastroso operativo del día jueves 25 de octubre en el ex Mercado Mayorista de Lima (La Parada) será el coronel Hernán Valdivieso Carpio. Una vez más la cobardía se apoderó de quienes en teoría deberían poner el pecho en defensa del personal policial que recibe órdenes del comando y sale a las calles a protegernos de delincuentes y matones.

Pero lo más indignante de todo esto (porque algunos todavía no perdemos esa capacidad), además de la muerte de personas ese día, las pérdidas económicas de los comerciantes de Gamarra o la manera cómo nuestros policías fueron enviados al sacrificio para ser humillados por una turba de criminales a los cuales “no se sabe quién” les pagó 100 soles por agarrar a palos y piedras a la autoridad, ha sido, y ese es el sentir general, la forma cómo las autoridades de nuestro país se encubren entre ellas para terminar diciendo que en realidad ese día ni el ministro del sector, ni mucho menos el director de la PNP, tenían conocimiento del operativo que estaba llevándose a cabo; y que por tanto, no existen razones para relevarlos de sus respectivos cargos.

En el colmo de la desvergüenza y falta de criterio, el señor director de la PNP pretende tomarnos el pelo a todos los peruanos al afirmar que él nunca estuvo informado del operativo pues estaba de viaje en Paramonga. No es necesario ser un especialista en temas policiales para saber que en una institución jerárquicamente organizada como la PNP un operativo de esta envergadura debe contar con el amén del comando. En las instituciones castrenses las cosas funcionan así, las órdenes se acatan y la obediencia al superior es regla santa, nos guste o no. Si lo que dice el director de la PNP es cierto, pues entonces todos los peruanos crucemos los dedos y elevemos una oración, pues eso quiere decir que el jefe de la PNP no es otra cosa que un maniquí o un cuadro colgado en la pared.

Si esto es así, no debe sorprender que la autoridad política del sector, llámese el ministro, haya repetido ese mismo discurso ante la representación nacional sin que se le haya movido un pelo o sonrojado las mejillas. No se supone acaso que un ministro diligente y con alguito de pericia en estos menesteres debería estar al tanto de estos asuntos, sobre todo cuando el operativo se llevaría a cabo en la capital de la República. Esto es sumamente grave, lo que pasó el día jueves no fue un operativo mal diseñado en el VRAEM, sierra central, o algún lugar en el interior del país. El día jueves los ampones organizados pusieron de vuelta y media a una de las zonas con mayor movimiento económico y comercial del país; y los ciudadanos fuimos testigos por televisión de cómo las fuerzas del orden eran maniatadas de la manera más salvaje.

Ahora, ese mismo director de la PNP nos anuncia que siete miembros de su institución han sido relevados de sus cargos por lo sucedido el día jueves en La Parada. Y en el colmo de la desfachatez señala que “tomó esa medida a partir de lo que pudo ver por televisión ese día”. ¿Acaso no era pertinente iniciar una investigación interna profunda para determinar responsabilidades funcionales y administrativas? Al parecer, para el jefe de la PNP, las imágenes televisivas demuestran la responsabilidad de siete generales de su institución. Esa actitud es francamente absurda, y sólo se puede explicar a partir de la necesidad de este señor de culpar y acabar con la carrera policial de todos menos la suya.

El ministro del Interior ha dicho que él asume la responsabilidad política de lo sucedido. Bueno, si ello es así, cómo se traduce esa asunción de responsabilidad en la práctica. Pues en estos casos, cuando un ministro dice ello es porque presentará su carta de renuncia al cargo (no lo creo) o porque removerá del suyo al director de la PNP (tampoco lo creo). 

Ninguno de esos dos escenarios se dará, y ello es así por dos razones fundamentales. Primero, porque todo el mundo sabe (el ministro sobre todo) que Raúl Salazar es el protegido de Ollanta Humala y Nadine Heredia (recordemos el incidente en “Las Brujas de Cachiche”). Segundo, porque para ser ministro del Interior se necesitan dos cosas que los ministros de nuestro Presidente no tienen: conocimiento y compromiso con la institución a la cual representan. Así de cruel y dura es la situación de nuestra PNP.

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