martes, 29 de marzo de 2011

¿Quién es el verdadero candidato antisistema en estas elecciones?


Ahora, luego de los resultados de las encuestas publicados por las empresas CPI e Ipsos Apoyo el último domingo, los mismos que colocan a Ollanta Humala en el primer lugar de las preferencias, todos los demás candidatos parecen haberse declarado los defensores del sistema. Pero a qué nos referimos cuando hablamos de sistema político o sistema económico. De manera sencilla podríamos decir que un sistema es un conjunto de principios o reglas que organizados de manera sistemática (entiéndase coherente) forman un cuerpo o doctrina que marca la conducta o el proceso de toma de decisiones en un determinado espacio y tiempo.

Un sistema político o económico es eso, únicamente eso, los sistemas no son per se buenos o malos, serán positivos o negativos, sus postulados serán válidos o inválidos, en la medida que los mismos contribuyan con el fortalecimiento institucional del Estado que los practica haciendo posible el mejoramiento de la calidad de vida de todos y cada uno de sus ciudadanos, o en todo caso de la gran mayoría. Dicho de otro modo, uno opta por un determinado sistema político o económico pues considera que es este y no otro es que le permitirá alcanzar como sociedad niveles cada vez mayores de desarrollo, y quiero subrayar la palabra desarrollo, pues muchas veces, se suele confundir la palabra a la misma con conveniente término crecimiento económico, identificación que a todas luces resulta errónea.

Durante las últimas décadas, primero en los países de Europa occidental, en los Estados Unidos, y luego en América Latina, se ha ido generando un sano consenso en torno a un conjunto de reglas básicas o principios que deben constituir los fundamentos del sistema político y económico. Hoy en día, la mayor cantidad de países han optado por la democracia como fórmula política, y el libre mercado, con todo lo que ello supone, como principio rector de su sistema económico. Siendo ello así podríamos hacernos una pregunta: ¿Qué político representa o recoge los principios de la democracia liberal (política y económica) en su ideario, en su plan de gobierno, en su propuesta programática en estas elecciones? La respuesta a esta pregunta resulta fundamental ya que solo aquel candidato que represente la negación de esta fórmula podrá ser tildado válidamente de antisistema.

Ahora bien, si tanto los medios de comunicación, la mayoría de ellos para ser más precisos, como el sector mayoritario de la clase política, repite al unísono que es Ollanta Humala, y no otro candidato, quien presenta una propuesta de gobierno que pretende desconocer ese conjunto de reglas básicas que son el pilar de nuestro sistema, habría que preguntarnos justamente por cuáles son esas reglas económicas que el líder del nacionalismo pretende abolir en nuestro país.


El sistema económico actual se sostiene bajo la filosofía de una economía social de mercado, eso quiere decir que el modelo económico asumido por el Estado peruano reposa sobre principios tales como: la promoción de libertades económicas como la libertad de trabajo, empresa, comercio e industria, los principios de subsidiariedad económica del Estado, la libre competencia, la prohibición de monopolios o la proscripción del denominado abuso de posición de dominio o dominante en el mercado, el tratamiento igualitario a la inversión nacional y extranjera, la libre tenencia y disponibilidad de moneda extranjera, el respeto a la intangibilidad de los contratos y la observancia del principio de seguridad jurídica.

Por su parte cuando nos referimos a los principios que inspiran el sistema democrático como fórmula política asumida por nuestro país, hemos recogido una serie de postulados que han hecho posible la consolidación de la institucionalidad democrática en otros lugares del mundo. Dentro de ese conjunto de principios tenemos: el principio de separación de poderes, el principio de alternancia en el ejercicio del poder a través de elecciones libres y periódicas, el respeto por la autonomía e independencia de los órganos del Estado, el sometimiento del ejercicio del poder público a la Constitución y a las leyes, el fomento de la participación ciudadana en la vida política nacional mediante mecanismos de participación, control y fiscalización a las autoridades políticas, el respeto por los derechos y libertades, el respeto irrestricto por la libertad de expresión, el reconocimiento de la importancia del sistema internacional de protección de los derechos humanos, el respeto por los grupos minoritarios, la lucha contra la corrupción y la transparencia en el manejo de los fondos públicos, entre muchos otros.

Siendo ello así, habiendo definido con cierta precisión y claridad, los principios que forman el sustrato de nuestro sistema político y económico, recién podemos identificar qué candidato o candidatos son antisistema. Para ello debemos analizar y cotejar los planteamientos que ellos hacen en sus planes de gobierno, esos planes o propuestas que en realidad muy pocos leen y toman en cuenta al momento de decidir su preferencia política, sobre todo en países como el nuestro carentes de una educación política y ciudadana si quiera básica, para una vez hecho este análisis poder afirmar, con mayores elementos de juicio si el ideario de tal o cual postulante fortalece los lineamientos de la democracia y el libre mercado, o si por el contrario actúa como una especie de Némesis del sistema.

Pues bien, luego de hacer ese ejercicio, no tengo la menor duda en afirmar que en estas elecciones, nuestro país cuenta no con uno, sino con dos candidatos a los cuales se los puede catalogar, con el mayor respeto y rigor intelectual, como verdaderos antisistema. Son verdaderos antisistema no sólo por ofrecer en su plan de gobierno propuestas que desconocen los lineamientos básicos del libre mercado y del sistema democrático, sino porque centrando la mirada en la hoja de vida que estos le ofrecen al país, las dudas sobre su verdadera vocación democrática y su apuesta por una economía libre, sin restricciones o intervenciones arbitrarias del Estado, se acrecientan y fortalecen cuando haciendo uso de la tan frágil memoria uno recuerda pasajes de su vida pasada, y los relaciona con sus ideas más importantes a medida que uno avanza en la lectura de su oferta electoral.

El primero de ellos, de los antisistema de la política nacional en estas elecciones 2011, es sin lugar a dudas, el señor ex comandante y ex defensor de dictadores y jefes de Estado autoritarios como Hugo Chávez, Fidel Castro, Evo Morales, Rafael Correa o Daniel Ortega; estamos hablando claro está de Ollanta Humala. El señor Humala, quien hoy viste de terno, hace uso de un lenguaje menos confrontacional y radical, se presenta como el modelo de padre de la familia peruana, e incluso, besa las manos y recibe la bendición de Monseñor Cipriani, a quien otrora tildó de defensor del dictador Fujimori, es sin lugar a dudas, un candidato antisistema. Lo es pues más allá de su hoja de compromisos leída oportunamente al día siguiente de conocerse las últimas encuestas, en la que se muestra frente a la ciudadanía como un manso cordero, ello no es más que una treta electoral, una artimaña politiquera, una trampa aconsejada por su dictador caribeño preferido, o por su asesor de campaña brasileño generosamente remunerado. Digo todo ello pues presenta en su plan de gobierno una serie de propuestas trasnochadas en materia económica que pretenden traer de vuelta a fantasmas del pasado tan conocidos para los que tenemos memoria de nombre: intervencionismo, populismo, estatismo, centralización de la economía, expropiación, entre otras perlas.

El señor Humala, a pesar del fracaso y la corrupción exhibida por la burocracia de este país al momento de gerenciar las empresas estatales, sigue creyendo en las denominadas empresas estratégicas, las aerolíneas de bandera, los sectores de la economía capturados por el Estado, la mayor intervención del Estado en sectores en los cuales lo que debiera de primar es el juego y la concurrencia libre de los agentes económicos, la modificación de la Constitución económica, la revisión de los Tratados de Libre Comercio ya negociados, etc. Por todas estas razones creo que lo que le ofrece el señor Humala al país es la vuelta al pasado, el regreso a épocas que se creían superadas, el retorno a aquellos años en los cuales lo único que gerenciaba y producía el ineficiente Estado peruano, capturado por la burocracia corrupta que sigue campeando en las instituciones públicas, era hambre, pobreza y exclusión. A pesar de ello, el discurso radical de Humala sigue generando entusiasmo entre un buen grupo de peruanos, debido a la falta de capacidad Estatal, de los grupos de poder económico y de los partidos políticos para hacer que ese crecimiento económico alcanzado a partir de una manejo fiscal y macroeconómico responsable exhibido durante los últimos años logre distribuirse de manera más equitativa entre todos los peruanos. Mientras en el Perú los niveles de pobreza, exclusión y marginalidad sigan siendo los mismos, siempre habrá terreno fértil para los discursos incendiarios como los de Humala.

El segundo candidato antisistema, a pesar de las simpatías que genera dentro de los grupos de poder empresarial de nuestro país, mejor dicho dentro del círculo de mercantilistas y ayayeros del poder de turno de siempre, es Keiko Fujimori, la hija, y otrora primera dama, del dictador, asesino y ladrón Alberto Fujimori. Keiko Fujimori, al igual que Ollanta Humala, no cree en las formas democráticas no cree en el respeto por el orden constitucional, no cree en la libertad de expresión. La señora Keiko, para los desmemoriados, siempre justificó medidas tan antidemocráticas como el golpe de Estado del 5 de abril, la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional que se opusieron a la tercera reelección de su padre, el retiro de la nacionalidad a Baruv Ivcher, el retiro del Perú de la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. A la señora Keiko Fujimori nunca le causó preocupación el saber que durante el gobierno de su padre, se compraban las conciencias de los altos mandos militares o policiales, se compraban las líneas editoriales de los medios de comunicación, se compraban a los congresistas tránsfugas. La señora Keiko Fujimori no le ha explicado al país cual es su posición frente a estos temas. Tampoco nos ha aclarado el origen del dinero que fue utilizado para pagar sus estudios y el de todos sus hermanos en el extranjero. La señora Keiko Fujimori, al igual que el señor Humala, apela a la estupidez y arterosclerosis prematura de la cual sufren muchos adultos y jóvenes votantes, para burlarse de la inteligencia del peruano promedio, nos pretende hacer creer que es una gran demócrata, cuando en realidad no es más que un remedo, una títere del asesino que habita en la DINOES, acompañada, interesadamente, por todos aquellos que durante más de una década contribuyeron al envilecimiento de la política nacional, con ellos nacieron los diarios chicha, con ellos nacieron los psicosociales protagonizados por Laura Bozzo, los cómicos ambulantes, y tantas artimañas más tramadas desde la salita del SIN, donde Vladimiro Montesinos, su padre, y su hermanito Kenyi, jugaban a grabar videítos para la posteridad. La señora Keiko Fujimori, se esfuerza, esperemos sin éxito en estas elecciones, por hacernos creer que el fujimorismo cambió, sin embargo, lleva consigo, bajo sus faldas, a los mismos defensores de corruptelas o violaciones a los derechos humanos que votaron a favor de las leyes de amnistía para el grupo Colina, y entorpecían cualquier investigación propuesta por la oposición política de aquel tiempo. Hagámonos una pregunta entonces ¿Cómo creerle a Keiko Fujimori si detrás de ella están los mismos amigos del dictador y de Vladimiro Montesinos? Está bien, en un acto de fe asumamos que Keiko es todo lo que dice ser, pero de qué nos sirve Keiko como presidenta del Perú, si detrás de ella está la misma pandilla que enmierdo nuestro país durante diez años, una pandilla a la cual se tuvo que sacar a empujones, porque recuérdenlo bien, ya se alistaban para 5 años más de purita cleptocracia.

Por estas razones es que a mi modo de entender la política y el sistema económico no podemos afirmar con razones objetivas que en la hora actual, el único candidato antisistema es el señor Ollanta Humala, tan antisistema cómo Humala es Keiko Fujimori, uno por desconocer los principios de una economía libre, y la otra por haberse encargado, durante todos estos años de defender la manera cómo su padre se trajo abajo al Estado de Derecho de nuestro país, destruyendo la institucionalidad democrática. La señora Keiko Fujimori es muy valiente cuando llama al señor Hugo Chávez dictador, cosa que Humala no hace, también cuando hace lo mismo con Fidel Castro, cosa que Humala rehúye, los llama así pues cambiaron la Constitución, pues no creen en las elecciones libres, pues restringen la libertad de expresión, y persiguen a los opositores de su régimen. Yo, luego de escucharla me pregunto: ¿Keiko, acaso eso no hizo también tu padre?

Para mí tanto Ollanta Humala como Keiko suponen un serio retroceso para el país. Pero tal parece que la figura de Humala genera mayores temores y resistencias entre los medios y los grupos de poder en el Perú. Me pregunto ingenuamente porqué en mi país la gente está dispuesta a canjear su libertad y sus derechos por la tan promocionada estabilidad económica. La respuesta es una, no es la gente, no es la gran mayoría, son los mercantilistas de siempre, que buscan y se aproximan al poder de turno, se trate de un dictador o no, todo ello a cambio que este les cuide el bolsillo y sus intereses. Tal parece entonces, que para algunos uno deja de ser antisistema cuando asume como suyos los principios del libre mercado, aun cuando se esté dispuesto a conculcar todas las libertades y hacer trizas la institucionalidad democrática. ¿No les parece una doble moral absurda?

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