jueves, 10 de diciembre de 2009

Las elecciones en Bolivia


Como era de esperarse el presidente de Bolivia, Evo morales, fue reelecto en los comicios electorales celebrados el último domingo en el hermano país del altiplano. Tal y como lo habían pronosticado las encuestas durante los últimos días, el Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por el actual presidente, recibió una arrollador respaldo, de acuerdo a los sondeos a boca de urna, Morales fue reelecto con más del 60% de los votos, frente a un 23% de su más cercano perseguidor, el líder de la derecha Manfred Reyes Villa y un 10% del empresario Samuel Doria Medina.


Pero más allá del categórico triunfo alcanzado en la carrera hacia la presidencia de Bolivia, tanto Morales como los partidarios del MAS aun esperan los resultados oficiales para saber si en esta oportunidad el respaldo electoral les permitirá asegurar una mayoría en el legislativo, ya que para alcanzar dicho objetivo en el Senado, el partido oficialista requiere obtener dos tercios de los escaños de la cámara, algo que hasta este momento aun no se puede establecer, teniendo en cuenta que los resultados oficiales aun se darán a conocer en los próximos días.


Sin embargo, y aun cuando no estemos en condiciones de determinar si Morales alcanzará la mayoría en el parlamento o no, es preciso reflexionar en torno a cuáles son los factores que han jugado a favor de Morales en estas elecciones, ya que independientemente de las diferencias políticas y económicas que se puedan tener respecto al denominado socialismo de siglo XXI asumido como estandarte por Evo y otros presidentes de la región, nadie puede desconocer el espaldarazo popular que Evo ha recibido de parte de la mayoría del pueblo boliviano.


Señalan los más importantes analistas políticos bolivianos, que Morales ha logrado granjearse el apoyo del cual hoy en día goza partir de medidas o políticas dirigidas básicamente a aliviar el malestar económico y social por el cual atraviesa la mayoría de ciudadanos bolivianos (debemos tener en cuenta que Bolivia es el país en Sudamérica que registra la mayor tasa de pobreza en la región). Así, para muchos, tanto la estatización de la economía, como la creación de bonos para estudiantes, madres y ancianos, y la política de subsidios emprendida por Morales desde que asumiera la presidencia de su país, han sido factores fundamentales para asegurar la reelección presidencial.


Sin lugar a dudas, las políticas asumidas por Morales gozan de un notable respaldo, no obstante ello, las principales críticas que la oposición le ha hecho a lo largo de toda la campaña han estado vinculadas a la permanente campaña de desprestigio y desacreditación que sus partidarios emprendieron contra la clase empresarial y la mal llamada nacionalización de los hidrocarburos (la cual no es otra cosa que una arbitraria expropiación o estatización de corte Velasquista, para poner un ejemplo más cercano a la realidad nuestra), que ha traído como consecuencia el distanciamiento de la inversión extranjera en grandes proyectos vinculados a los sectores mineros, hidroeléctricos y de litio., proyectos que sin el concurso del capital extranjero no podrán ser llevados a cabo, debido a la enorme inversión que estos exigen, inversión que dadas las condiciones económicas de Bolivia no podrá ser costeada por el Estado únicamente.


Otro dato que es importante destacar ha sido el clima de tranquilidad y paz que se ha vivido durante los comicios y la masiva participación del electorado boliviano, cabe destacar que esta ha sido la primera elección en la cual bolivianos residentes en el extranjero han podido emitir su voto, se estima que en esta oportunidad fueron cerca de 170 000 los que ejercieron su derecho de sufragio desde países como Argentina, Brasil y los Estados Unidos.


Ahora bien, y a pesar de los temores que pudieron haber surgido en las últimas semanas en cuanto a las garantías de transparencia que el proceso electoral boliviano ofrecía, y a pesar de la presencia de uno que otro hecho aislado de enfrentamiento entre partidarios del oficialismo y militantes de la oposición, tanto la misión de observadores de la Organización de Estados Americanos como su par en la Comunidad Europea, han señalado que la jornada electoral fue llevada sin mayores sobresaltos en un clima de paz y armonía, hecho que sin lugar a dudas le otorga una mayor credibilidad y legitimidad al sistema político boliviano y fortalece su institucionalidad democrática.


Lo preocupante en todo caso, fueron las declaraciones que el reelecto presidente de Bolivia hiciera en Cochabamba luego de conocidos los resultados extraoficiales, declaraciones en las cuales deja abierta la posibilidad de postular a un tercer periodo presidencial, es decir lanzarse a la re-reelección, al señalar que de conformidad con la nueva Constitución que fuera promulgada en febrero de este año, su actual reelección podría ser entendida como la primera, y en ese sentido, el camino hacia un nuevo periodo de gobierno queda abierto, teniendo en cuenta que la nueva Constitución solo admite la reelección por una sola vez (para los desmemoriados en nuestro país cabe recordarles que este fue el mismo argumento utilizado por Fujimori para lanzar su candidatura en el año 2000 a pesar de haber ejercido el cargo de presidente durante dos periodos anteriores de manera consecutiva 1990-1995 y 1995- 2000).


En todo caso, la presente reelección de Morales en Bolivia, marca el inicio de una nueva etapa en el proceso político del hermano país altiplánico, un proceso que definitivamente está marcado por una reconfiguración de las fuerzas políticas en el parlamento. Todo parece indicar que en esta oportunidad, la mayoría parlamentaria le dará a Morales una mayor capacidad de acción en su intención de realizar reformas profundas a nivel constitucional, reformas vinculadas a la explotación de los recursos naturales, el fortalecimiento de las autonomías, la reelección presidencial o la reestructuración de los organismos constitucionales como el Tribunal Constitucional boliviano (el mismo que durante estos últimos tiempos no se ha caracterizado precisamente por su independencia e imparcialidad frente al régimen de turno). Esperemos que los temores de la oposición, vinculados al establecimiento de un gobierno autoritario en suelo boliviano, no se concreticen en la realidad, esperemos que aún cuando el pueblo boliviano le haya otorgado a Morales un mayoritario respaldo, este sea respetuoso de las instituciones democráticas y del Estado de Derecho.


Solo para finalizar, resta decir que en esta ocasión, la historia le ha dado a Morales la inmejorable oportunidad para construir una sociedad mucho más justa e inclusiva, para ello deberá tener la capacidad de convocar y tender puentes de diálogo con los representantes de la oposición y de los sectores industriales y empresariales a los cuales tantas veces ha puesto contra las cuerdas, dejando de lado su ya conocido discurso confrontacional, mediante el cual, apelando a las diferencias étnicas, raciales o sociales presentes en su país, acrecienta el nivel de fragmentación y desajuste estructural que hace una buena cantidad de años le impiden a Bolivia consolidar su sistema político y su institucionalidad democrática, en esa labor resultará fundamental el nivel de participación y apertura que el gobierno tenga al momento de enfrentar las críticas que tanto partidos opositores como medios de comunicación le propinen, en un clima de respeto absoluto por los derechos civiles y las libertades políticas como la libertad de expresión, piedra fundamental en la construcción de una sociedad más libre y democrática.

Rafael Rodríguez Campos.

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