jueves, 11 de agosto de 2011

Inseguridad ciudadana: la gran herencia de Alan García Pérez








Endurecimiento de las penas, abolición de los beneficios penitenciarios, construcción de penales a lo largo y ancho de nuestra patria, pena de muerte y más dinero para el sector interior, esa es la receta que año a año, solemos escuchar los ciudadanos en momentos en los cuales sentimos que la delincuencia avanza y que las fuerzas del orden no son capaces de cumplir con su rol básico: mantener la tranquilidad, el orden y asegurar la paz social entre todos los peruanos.





La historia se repite, es una escena de nunca acabar, los políticos con cara de indignación salen a los medios de comunicación culpando a jueces y fiscales por la puesta en libertad de feroces delincuentes, los jueces y fiscales devuelven el elogio responsabilizando a los políticos por la promulgación de leyes absurdas que dejan la puerta abierta para que el hampa siga haciendo de las suyas, el gobierno culpa a jueces, fiscales y congresistas por no contribuir con la labor de la Policía Nacional del Perú y por entorpecer la gestión del ministro del interior de turno, los políticos, los de oposición claro está, critican al ministro y lo tildan de incapaz; lo cierto es que al final del día los únicos perjudicados por la incapacidad del gobierno, la torpeza de los parlamentarios y la flexibilidad de jueces y fiscales somos los ciudadanos que vemos como año a año los índices de criminalidad y la sensación de pánico y temor en las calles aumentan exponencialmente.





Hoy en día el tema vuelve a cobrar vigencia, lastimosamente de la mano de un hecho tan lamentable como el atentado a la familia del congresista Renzo Reggiardo (a la que sin lugar a dudas extendemos nuestra solidaridad). Casos como el atentado contra la vida de su pequeña hija son los que movilizan a la opinión pública y abren el camino para un debate que esperemos esta vez no sea utilizado por algunos para robar unos minutos de cámara y cobrar protagonismo ante la ciudadanía a partir de declaraciones populistas como las que hemos escuchado durante los últimos 5 años de parte del Presidente de la República y de sus ayayeros en el Congreso. Hace algunos meses otra niña, Romina, sufrió en carne propia la vesania de unos delincuentes a plena luz del día y en plena vía expresa, aquella vez el discurso fue el mismo, indignación sobreactuada de parte de la mayoría de políticos, ofrecimientos por aquí y por allá, y al final, nada de nada, otras noticias opacaron el caso de Romina, y todo volvió a la terrible normalidad.



Sin lugar a dudas el aumento del presupuesto y el mejoramiento de la legislación penal son medidas que contribuirán con este esfuerzo por combatir la criminalidad en el país. Pero el problema es mucho más complejo, como muestra la experiencia comparada se requiere fortalecer y coordinar la labor de todos los actores e instituciones inmersas en esta problemática: Gobiernos regionales, Gobiernos locales, Policía Nacional del Perú, Ministerio Público, Poder Judicial, Congreso de la República, Instituto Nacional Penitenciario. Más aún, se requiere mejorar la gestión de estas instituciones y combatir la corrupción al interior de las mismas, causante, tantas veces, de impunidad e injusticia. Para ello, como bien señalan los especialistas en la materia, se requiere de una decisión política manifiesta, se requiere de liderazgo, decisión y liderazgo que deben ser asumidos por el gobierno de turno, siendo fundamental para este propósito el nombramiento de personas especializadas en los altos mandos policiales, y sin lugar a dudas, la designación de una persona capacitada, honesta y poseedora de una trayectoria democrática impecable al frente del ministerio del interior, sector encargado específicamente el orden interno y el combate de la criminalidad.





La inseguridad ciudadana, las cifras de criminalidad en aumento, la corrupción en la Policía Nacional del Perú, el retroceso en la lucha contra el narcotráfico en el VRAE y el Huallaga, los problemas en la gestión, la incapacidad para el gasto público, la equivocada política antisubversiva, son la herencia que el gobierno aprista, o mejor dicho, el gobierno de Alan García, le deja al nuevo gobierno. Eso se debe principalmente a la testarudez y poca capacidad de quien gobernó a la hora de elegir con sabiduría, más allá de intereses particulares, favores ofrecidos o pleitos personales, a personas con trayectoria y ascendencia dentro del cuerpo policial capaces de asumir con honestidad y valentía la siempre problemática cartera del interior. El presidente Alan García se esforzó, y vaya que lo cumplió, en nombrar a ministros del interior incapaces, todos ellos cuestionados por su ineficiencia, ineptitud, y lo que es más grave, todos ellos vinculados a malos manejos y corrupción al interior de la institución. A continuación haremos una revisión de los ministros del interior del gobierno aprista, es preciso recordarle al país el descalabro al cual nos condenó García a todos los peruanos con todos y cada uno de estos nombramientos.





Primer error: el gobierno inauguró esta práctica de nombrar a ministros fallidos con la designación de Pilar Mazzetti Soler (28-07-06 a 24-2-2007) como ministra de este sector. García Pérez daba cumplimiento a una de sus propuestas y ofrecimientos de campaña, convocaría a un número paritario de hombres y mujeres en su primer gabinete ministerial. A pesar de ser una persona que carecía del más mínimo conocimiento del sector, y en contra de los propios consejeros y partidarios del presidente, la testarudez del jefe de estado se impuso y Mazetti se colocó el fajín ministerial. Mazetti sería la primera mujer en asumir dicho cargo, había ya tenido un desempeño interesante en el ministerio de salud en la gestión del presidente Alejandro Toledo, pero eso no garantizaba una nota aprobatoria al frente del sector interior. Al poco tiempo de su gestión enfrentaría una dura crisis que pondría punto final a su carrera política, los medios daban cuenta de la compra de 469 camionetas sobrevaluadas para la Policía. Las denuncias de corrupción no tardaron en llegar, los medios volvieron a cuestionar su desempeño, esta vez era la compra de ambulancias en mal estado. Todo ello sumado al poco liderazgo y el escaso apoyo que recibiera de parte de los mandos policiales desde su nombramiento motivó su renuncia. ¿Qué méritos tenía Mazzetti para ser nombrada ministra del interior? Ninguno.





Segundo error: a la salida de Mazzetti le sucedió el nombramiento de un conocido aprista, Luis Alva Castro (26-02-07 a 14-10-08), amigo cercano al presidente, militante aprista de toda la vida, ex candidato presidencial, responsable, entre muchos otros, del descalabro del primer gobierno de García en el periodo 85-90. Una vez más el presidente decidió nombrar a una persona incapaz, con escasos conocimientos en temas de seguridad y orden interno, de una absoluta impericia para la gestión y escaso liderazgo. Luis Alva, dada su dilatada trayectoria, poco feliz y de triste recuerdo, generaba muchos anticuerpos, su figura carecía de credibilidad al interior de la institución policial. Al poco tiempo, nuevamente los fantasmas de la corrupción comenzaron a rondar la sede del ministerio del interior. El periodismo dio a conocer las irregularidades en la compra de patrulleros, una vez más la sobrevaluación en la compra era el tema central, lo mismo ocurrió con la adquisición del material antimotín y otros pertrechos policiales. Alguien se estaba favoreciendo con este despilfarro y el ministro parecía no saber nada, o al menos eso pretendía hacer creer a la ciudadanía. A pesar de todo ello, el presidente en reiteradas oportunidades salió a los medios a respaldar la gestión del cuestionado Alva Castro. Los errores del ministro eran tan evidentes y su torpeza tan consuetudinaria que la renuncia llegó, tardó en llegar debido al blindaje que el aprismo con su aliado el fujimorismo le prodigaron desde el Congreso, pero al final llegó. ¿Qué mérito tenía Alva Castro para ser ministro del interior? Ninguno.





Tercer error: el gobierno sabía que debía oxigenar el ministerio, que los errores de un aprista como Alva Castro le habían generado al partido de gobierno un enorme pasivo, en ese escenario el presidente no tuvo mejor idea que convocar para el puesto a Remigio Hernani Meloni. Nadie podía cuestionar la capacidad policial de Hernani, era un alto mando policial con una hoja de servicio impecable, con un muy buen desempeño en el campo operacional, sin embargo, los malos augurios de algunos especialistas en el tema terminaron por hacerse realidad. Ser un buen policía, no supone, necesariamente, ser un buen ministro. A Hernani le faltó desde el minuto uno de su gestión la suficiente muñeca política para lidiar con una institución que necesitaba recuperar la moral y la capacidad para hacer frente a los enormes retos que la realidad le imponía. Un mes antes de su renuncia, la oposición y los medios de comunicación pedían su cabeza, dos policías muertos en el desalojo del Bosque de Pómac, los cuestionamientos a la labor de inteligencia desplegada en el mismo, la poca capacidad logística puesta de manifiesto en aquella oportunidad, el descontento del personal policial que trabajó directamente en el operativo filtrado a la prensa determinaron su suerte. Hernani era el tercer ministro del interior en casi dos años de gobierno. ¿Qué méritos tenía Hernani para ser ministro del interior? Ninguno.





Cuarto error: el gobierno necesitaba de una persona con capacidad y con credibilidad ante la ciudadanía y la institución policial para enfrentar su segundo periodo de gestión. Contra todo pronóstico, y a pesar del rechazo que su nombre generaba, Mercedes Cabanillas, educadora de profesión, ex ministra de educación, y fiel defensora del presidente García, era nombrada ministra del interior (19-2-09 a 11-07-09). Los comentarios y las palabras sobran para hacer referencia a la mediocridad con la cual la ministra Cabanillas ejerció el cargo. Su autoritarismo, su prepotencia, su desmesura, su falta de respeto exhibida para con los mandos policiales, marcaban el inicio de una gestión que estuvo desde su inicio condenada al fracaso. El resultado de tan nefasta decisión todos los peruanos lo conocemos y lo seguimos lamentando. El 5 de junio del 2009, un mes antes de su renuncia, 24 policías y 10 civiles perdían la vida en Bagua. La testarudez del gobierno, de sus ministros, y la poca capacidad para diseñar un plan operacional que permitiese restablecer el orden, que nunca debió haberse perdido, enlutecieron a la familia peruana. El Congreso blindó a la ministra, el aprismo responsabilizó a la alta dirección policial, la ministra Cabanillas jamás dio la cara. La bravura, la insolencia y agresividad con la cual trataba de imponer su voluntad en el comando policial brillaron por su ausencia, la andanada de críticas fue tan grande que ni el mismísimo presidente se atrevió a salir en su auxilio. En el colmo del absurdo, la ex ministra recibiría días después de su renuncia una condecoración por parte de la Policía Nacional del Perú por su notable desempeño. ¿Qué mérito tenía Cabanillas para ser ministra del interior? Ninguno.





Quinto error: el descalabro de la gestión de Cabanillas había remecido a todo el aprismo. Nuevamente era necesario recurrir a alguien ajeno al partido de gobierno. Como es de suponerse, porque estos personajes abundan en nuestro país, a García no le fue tan difícil convencer a un alto mando policial, por muy cuestionado que este sea y por muy incapaz que ya hubiese demostrado ser, para emprender la aventura de ser ministro. Porque la verdad es que la gestión del nuevo ministro Octavio Salazar (11-07-09 a 12-09-10) fue una tremenda aventura, una farra y un despelote pocas veces antes visto. A pocos meses de asumir el cargo los medios denunciaban la falta de transparencia en el proceso de ascensos de oficiales en la policía. Salazar favorecía a sus amigos, Salazar utilizaba el cargo para cobrar revancha de viejas enemistades, Salazar ascendió a oficiales vinculados con el narcotráfico, Salazar no respeta la jerarquía, ni la antigüedad en la institución, Salazar hace lo que quiere con la Policía Nacional del Perú, eran los comentarios y los titulares de todos los medios de comunicación. A pesar de todas estas críticas, Salazar, con un afán de protagonismo que muchos le conocían desde su época como policía en actividad, paseaba su figura por cuantos medios de comunicación podía, demostrando que es cierta la afirmación de que algunas personas no tienen sangre en la cara. Para terminar con su propia autodestrucción, a Salazar no se le ocurrió mejor idea que anunciar con bombos y platillos la captura de una banda de Pishtacos, un grupo de delincuentes dedicados a matar personas para extraerles su grasa y venderla en el extranjero. Es decir, Salazar pasó de ser un ministro mediocre a un fabulador de leyendas urbanas, que servían de cortinas de humo para un gobierno que no sabía como enfrentar las críticas. Al final de la gestión Salazar sería bautizado como “el ministro de los pishtacos”. Sin dudas Salazar era poseedor de una notable imaginación. ¿Qué méritos tenía Salazar para ser ministro del interior? Ninguno.





Sexto error: avalado por sus méritos conseguidos al frente de la Presidencia del Seguro Social, Fernando Barrios Ipenza (14-09-10 a 22-11-10), a quien el presidente García consideraba uno de sus funcionarios estrella de su segundo periodo gubernamental, asumía el cargo de ministro. Nadie en el Perú tenía dato alguno sobre la experiencia de Barrios en el sector interior, nunca antes en su vida había estado vinculado a asuntos de orden interno, combate a la criminalidad o resguardo de la tranquilidad pública, era un perfecto desconocido para la alta oficialía policial. A pesar de todo ello, los medios, algunos medios para ser honestos, confiaban en que su capacidad de gestión exhibida en su anterior cargo público pudiera ser replicada al frente de este ministerio. Nadie imaginaba que su paso por el despacho del interior seria tan breve. A los dos meses de haber sido nombrado, Barrios presentaba su renuncia a raíz de una denuncia contundente y lapidaria hecha por un medio local según la cual Barrios cobró a Essalud la friolera suma de S/. 89.937 como indemnización por despido arbitrario cuando en realidad no había sido despedido sino que había sido nombrado ministro. Barrios vio de ese modo como su ascendente carrera política se hacía trizas pues luego de ser reconocido como un funcionario exitoso y eficiente pasaba a formar parte de la misma corruptela que alguna vez ofreció combatir.





Sétimo error: se acercaban los comicios electorales que darían a luz al nuevo gobierno, el cambio de mando estaba cerca y había que ordenar la casa, el gobierno necesitaba de un personaje allegado, no un aprista, pero si un amigo del aprismo, un amigo del Presidente, mejor aún un amigo del poder, Miguel Hidalgo Medina (23-11-10 a 28-07-11) era el hombre elegido. Todos sabían de los estrechos lazos que existían entre el ministro y el Presidente de la República, muchos incluso hablaban de favores y deudas recíprocas que ambos mantenían entre sí. Al poco tiempo las denuncias de corrupción eran la tapa de todos los diarios. Hidalgo habría manipulado y distorsionado de manera ilegal las pruebas y las investigaciones en los sonados casos Bussines Track y Petroaudios, casos en los cuales resultaban implicados personajes muy poderosos de la política nacional, como el ex Presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, y el mismísimo Alan García. Las críticas, las investigaciones eran cada vez más frecuentes, los cuestionamientos a su gestión eran la nota diaria en todos los medios locales. A pesar de ello, Hidalgo se mantuvo firme en el cargo hasta 28 de julio de este año y solo la llegada del nuevo gobierno hizo posible su salida del ministerio. Su gestión fue duramente cuestionada, incluso se lo llegó a acusar de inmoral y de mal utilizar los bienes del estado en beneficio personal. Recordemos que fue un video colgado en internet el que lo puso en severos aprietos. En la filmación se veía a Hidalgo abandonar un hotel a tempranas horas del día acompañado de una mujer que no era su esposa para luego abordar un vehículo oficial que le había sido asignado para sus labores de función. A nadie le debe importar la vida privada de Hidalgo, en eso estamos todos de acuerdo, el problema es cuando un funcionario utiliza los recursos del estado, un vehículo en este caso para dar un paseo con una amiguita. ¿Qué mérito tenía el señor Hidalgo para ser ministro del interior? Ninguno.





Estos fueron los ministros del interior del presidente Alan García, todos ellos tildados de corruptos o incapaces, personajes que a pesar de su falta de conocimiento, experiencia, mérito, incluso en algunos casos a pesar de su falta de credibilidad y honorabilidad, o de la orfandad de su hoja de vida puesta en comparación con la de otros peruanos, recibieron la enorme responsabilidad de asumir el ministerio más complicado de todos. En estos señores recayó la labor de hacer frente a la delincuencia, de combatir la criminalidad, el narcotráfico, el terrorismo. A estos aprendices de ministro se les encargó mejorar la gestión de la institución policial, a todos ellos el Perú les pagó su aventura ministerial a cambio de nada. Esta es la herencia que el gobierno aprista le deja al Perú. La pregunta es una y una sola es la respuesta: ¿Qué mérito tiene el Apra y el señor García para dar lecciones de cómo hacer frente al problema de la seguridad ciudadana? Ninguno. Tengámoslo presente el 2016, fecha en la cual el aprismo, de la mano de su Alan del Pacífico, pretenda volver a ser gobierno.

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