jueves, 29 de abril de 2010

Los intereses de Monseñor Cipriani y la defensa de la libertad


Luego de algunos días de conocido el fallo del Tribunal Constitucional en el caso de la Universidad Católica, seguramente todos o casi todos tienen una opinión al respecto. Más allá de las consideraciones jurídicas y las críticas que se puedan hacer al proceder del colegiado en la resolución de esta controversia (el fallo está plagado de errores de orden procesal y material, para los interesados recomiendo revisar los fundamentos 20 y 21 de la sentencia), resulta interesante dar cuenta de algunos datos que ponen en evidencia los verdaderos intereses que se esconden detrás de la supuesta intención del Arzobispado de Lima por tutelar la voluntad de José de la Riva Agüero de Osma, benefactor de la Universidad Católica.

El conflicto se inicia en el año 2007, fecha en la cual el administrador designado por el Arzobispado envía una carta a la universidad solicitando le haga entrega de información de orden financiero sobre las decisiones tomadas por la casa de estudios sobre los bienes de Riva Agüero. Este dato puede parecer intrascendente sino se tomara en cuenta que durante largos años, nunca otro administrador había pedido este tipo de información. Es más, nunca el Arzobispado nombró como administrador a alguien de fuera de la universidad, lo cual demuestra que existía una total confianza por parte de la iglesia en torno al manejo que la universidad hacía de sus bienes. ¿Qué ocurrió entonces? En el año 1999, es nombrado monseñor Cipriani, quien de inmediato pide contar con una oficina al interior de la universidad y participar en la administración de los bienes de la misma.


Teniendo en cuenta lo antes dicho, cae por su propio peso preguntarnos lo siguiente: ¿Qué razón motiva al Arzobispado, a través de su hombre designado en la Junta Administradora, a hacer este tipo de requerimientos a la universidad? Dos son las posibles respuestas que se barajan. El Arzobispado, con monseñor Cipriani a la cabeza, señalan que el único interés suyo es la defensa de la memoria de Riva Agüero, por eso tomaron la decisión de solicitarle al rector de la Católica la convocatoria de una junta en la cual se discutan temas como la administración de los bienes, la revisión de los balances y estados financieros de la universidad, y demás asuntos fines a la materia inmobiliaria. Ahora bien, si eso fuera así, ¿Por qué ese mismo interés despertó de manera repentina y tardía en el año de 1999 con el nombramiento de monseñor Cipriani, luego de años de convivencia pacífica y confianza recíproca entre la iglesia y la universidad? Muy simple. El verdadero y único interés es controlar la universidad, hacerlo primero desde el lado administrativo y económico, para luego tener injerencia en su lado científico y académico.


¿Qué razones nos llevan a afirmar y tomar partido por la segunda respuesta? Las razones las encontramos en un sin número de declaraciones hechas por monseñor Cipriani en las cuáles expresa su preocupación por el giro académico e ideológico que ha tomado la universidad en los últimos años. Monseñor opina que en la universidad se ha venido gestando un pensamiento muy abierto, liberal, muchas veces conestatario, opina que el mismo debiera ser más cerrado y conservador. Monseñor, también ha señalado que en la universidad conviven profesores que muestran un actitud contraria a la prédica católica, un pensamiento ateo, que cuestiona y crítica los fundamentos de la posición oficial de la iglesia. Monseñor, cree, y así lo ha dicho públicamente, que la teología que se enseña en la universidad es muy pobre, que no se toman medidas, incluso coercitivas, para promover la práctica del catolicismo entre los alumnos. Todo ello demuestra que monseñor no está de acuerdo con los contenidos de los cursos que se imparten en la universidad y con la manera como se enseñan estos contenidos a través de un diálogo libre, horizontal y tolerante entre alumnos y profesores.


Muchos pueden pensar que un reclamo de este tipo es válido, más si se tiene en cuenta que se trata de una universidad católica. Lo que olvida monseñor, y sus acólitos al interior y fuera de la iglesia, es que la Pontificia Universidad Católica, es ante todo una universidad, una casa de estudios en la cual conviven, en un diálogo permanente, la razón, la ciencia y la fe, pero son la razón y la ciencia las que siempre deben ir por delante, ya que se trata de una universidad, y una universidad tiene por consigna la búsqueda permanente de la verdad a través de la contraposición de ideas, y ello sólo es posible es un clima de respeto por la libertad, la tolerancia y el pluralismo, ya que lo que hace una universidad es impulsar es el conocimiento, no lo restringe, no lo condiciona, no lo limita, por último, no lo censura, como pretende hacer monseñor Cipriani.


Es bueno hacer este apunte, es preciso recordarle a monseñor, y a toda la comunidad, en especial a diarios como Expreso, Correo y la Razón, los cuales no se caracterizan precisamente por su pluralismo de ideas o su tolerancia a planteamientos distintos a los suyos, que los valores del sistema democrático deben replicarse al interior de las universidades, pues es en las universidades, y no en las oficinas de algún medio de corte autoritario, donde se forman a los ciudadanos que en algunos años asumirán las riendas de nuestro país, un país que siendo tan diverso y plural, requiere de líderes forjados en lo volares de la tolerancia y la libertad. Digo ello, ya que estos medios, ya sea por interés o ignorancia, como diría Aristóteles, se han prestado al juego del Arzobispado, sirviendo de caja de resonancia a un sin número expresiones, que en muchos casos, no solo resultan apócrifas sino también agraviantes.


Replicando lo dicho por Cipriani, señalan que la universidad está gobernada por una camarilla de rojitos y caviares que manejan a su antojo las riendas y el patrimonio de la universidad, pero olvidan señalar que 600 de los 800 profesores miembros de la universidad le dieron su respaldo total a la gestión del actual rector, un número sin dudas mayor al de sacerdotes que respaldan la gestión de Cipriani. También han señalado, que la preocupación de Cipriani es por la manera irregular y poco transparente con que la universidad maneja sus recursos, nada más ajeno a la realidad, ya que la Católica a lo largo de los últimos años ha venido siendo auditada por las más importantes firmas internacionales como Deloitte, KPMG y, actualmente, KPMG. Todo ello ha llevado a la universidad ha ser considerada por Roma como la tercera mejor de las pontificias universidades de Latinoamérica.


Sin lugar a dudas esta polémica entre la Católica y el Arzobispado tiene aún varios capítulos por escribir. Actualmente están en curso dos juicios civiles en los cuales se discute la propiedad y el ejercicio de la misma por la universidad, así como también la participación del Arzobispado en la toma de decisiones sobre la administración de los bienes. Como alguien diría, en este entuerto aun existe mucha tela por cortar. A pesar de ello, la universidad, en una actitud que no hace sino confirmar su mística y esencia forjada a lo largo de los años, ha renovado su compromiso con los valores democráticos, con la investigación científica, con la discusión abierta, compromisos necesarios de cara a la construcción de una sociedad más libre y democrática. No olvidemos, como dicen algunos filósofos, que solo la verdad nos hace libres, y esa verdad no puede ni debe ser objeto de manipulación o censura. Nadie puede pretender erigirse como el vocero de la verdad, ni de la científica ni de la espiritual, por más arzobispo, cardenal o monseñor que sea.

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