martes, 22 de diciembre de 2015

LA TRANSICION DEMOCRATICA EN VENEZUELA

El domingo 06DIC2015, luego de 17 largos años, la oposición venezolana logró recuperar la mayoría de los escaños en el Parlamento. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) alcanzó algo que parecía imposible: vencer al chavismo en las urnas, a pesar de las innumerables irregularidades registradas durante todo el proceso electoral. Así, según el reporte oficial del Consejo Nacional Electoral (CNE), la MUD logró el 67,07% de los votos frente al 32, 93% obtenido por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 
En otras palabras, los 7.707.442 de votos obtenidos por la oposición le permitieron alcanzar la mayoría calificada de 2/3 del número total de escaños en la Asamblea. Es decir, la oposición contará a partir del 05ENE2016 con 112 parlamentarios contra 55 del chavismo. Con lo cual, y como explicaremos a continuación, la oposición tendrá el poder constitucional necesario para ir desmontando progresivamente la maraña legal creada por el chavismo.
La importancia de la mayoría calificada
Al cierre de la jornada electoral en Venezuela, la misma que fue ilegalmente aplazada por la Presidenta del CNE, Tibisay Lucena, en una clara violación a la legislación electoral de ese país, la oposición esperaba no solamente imponerse en los comicios, sino también, alcanzar la mayoría calificada para equilibrar la relación con el Gobierno, caracterizada durante el chavismo por la confrontación y el autoritarismo oficialista. Así, a los 109 escaños obtenidos directamente por la oposición, se sumaron los 3 de la representación indígena, la misma que según la Constitución Venezolana, se divide en tres regiones: Occidente, Sur y Oriente.
Para la oposición era fundamental alcanzar la mayoría calificada pues solo así tendría el poder suficiente como para impulsar un referéndum revocatorio, una reforma constitucional, censurar a los integrantes del Gabinete ministerial y al vicepresidente de la República, o inclusive, convocar a una Asamblea Constituyente. Eso quiere decir que la oposición podrá corregir o dejar sin efecto la mayoría de las reformas impuestas por el chavismo.

Además, si uno revisa la Constitución venezolana, podrá darse cuenta que la oposición también podrá designar a altos funcionarios del Estado como el Fiscal de la Nación, el Defensor del Pueblo, los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, o los miembros del Consejo Nacional Electoral. Sin lugar a dudas, esta actual correlación de fuerzas abre un nuevo escenario político en Venezuela en el cual la oposición, por primera vez en mucho tiempo, podrá controlar los desvaríos de un Gobierno que se ha caracterizado por su prepotencia e incompetencia.
La reacción del chavismo
El chavismo sabe lo que ha perdido, sabía que el futuro de su movimiento estaba en juego en estas elecciones parlamentarias, por eso no debe sorprendernos la reacción que Nicolás Maduro ha tenido luego de conocida su derrota. Como tampoco debe sorprendernos la falta de cultura democrática puesta de manifiesto en sus declaraciones, culpando a “los malos de la derecha por yanqui” de haber impulsado la contra-revolución. ¿Hará alguna vez un me culpa Nicolás Maduro? Yo creo que no.
Al respecto, algunos “izquierdistas” (varios son mis amigos) consideran que el chavismo ha reconocido cabalmente su derrota, y que ello prueba que Venezuela jamás fue un gobierno autoritario, y mucho menos una dictadura. En lo personal, creo que esta afirmación es errada. El chavismo nunca fue un movimiento democrático, y su Gobierno, como el de Alberto Fujimori en el Perú, siempre se caracterizó por violar sistemáticamente los principios de la democracia representativa, pues no solo vulneró los derechos y las libertades fundamentales de los ciudadanos, sino también arremetió contra las instituciones democráticas, socavándolas y restándoles legitimidad.
Para algunos analistas, cuya opinión comparto, Nicolás Maduro se ha visto obligado a reconocer el triunfo de la oposición, pues no solo ha perdido fuerza a nivel social, sino también porque la diferencia (3 a 1) en las urnas ha sido lo suficientemente grande como para atreverse a torcer la voluntad popular. Un clara muestra de ello ha sido lo ocurrido en Marcos Pérez Jiménez, un barrio ubicado en una de las zonas más peligrosas de Caracas, que cuenta con más de 300 mil habitantes, y que a lo largo de los últimos años se había convertido en un verdadero bastión del chavismo. Bueno, los resultados electorales indican que en ese otrora fortín del PSUV también ganó la oposición.

La grave crisis económica
Pero más allá de la victoria de la oposición, ahora lo que corresponde, como bien lo han señalado algunos líderes de la MUD como Henrique Capriles (su partido Primero Justicia es la primera mayoría en la MUD), es consolidar la transición democrática, y al mismo tiempo, resolver la grave crisis económica por la que atraviesa Venezuela.
Sobre este punto, vale la pena señalar que las cifras económicas del chavismo son desastrosas. Actualmente, las reservas internacionales están en la cifra más baja de su historia y el gasto público alcanzó la alucinante cifra de 60 mil millones de dólares en 2014. Sin embargo, el Gobierno chavista despilfarró 12 mil millones de dólares para favorecer a Hugo Chávez en su última campaña presidencial, además de regalar petróleo de manera indiscriminada como parte de su política diplomática.
En otras palabras, durante el chavismo, la política económica se adoptó sin ningún tipo de racionalidad. De allí que en la actualidad, y a pesar de haber tenido una renta petrolera millonaria, la gente tenga que hacer colas todas las mañanas para comprar productos de primera necesidad, además de registrar una de las mayores tasas de inflación de la región, a pesar de haber implementado una política de control de precios y cambio desde 2003, a sabiendas de lo dañinas que resultan estas medidas para la salud económica de un país. O es que acaso el chavismo desconocía, por ejemplo, el descalabro económico vivido en el Perú durante el primer gobierno de Alan García, producto justamente de la adopción de medidas populistas y estatistas, que frenan la iniciativa privada y ahuyentan la inversión nacional y extranjera.
Consolidar la transición
Ahora bien, siendo este el escenario, es fundamental que la oposición mantenga la unidad, evitando las pugnas internas entre sus principales referentes. La MUD debe entender que lo más importante ahora es consolidar la transición y asegurar la llegada de un presidente democrático al Palacio de Miraflores. Por ello, resulta clave que las personas que sean elegidas para formar la nueva Junta Directiva en el Parlamento sean políticos con una visión de Estado, capaces de establecer acuerdos (también con el chavismo) con el objetivo de viabilizar el cambio de régimen en un clima de tranquilidad y paz social.

En otras palabras, de nada le servirá a la MUD haber ganado la mayoría parlamentaria sino es capaz de entender que en política todo tiene un espacio y tiempo, y que ahora, los políticos, más allá de sus odios y revanchas personales, deben buscar que la ciudadanía (inclusive la chavista) se comprometa con el proceso de transición democrática. Así, lo peor que le podría suceder a Venezuela, es volver a un escenario de confrontación y polarización social, que frene la transición, tan solo porque la oposición quiere apresurar el ajuste de cuentas para hoy, cuando bien podría esperar a mañana. Porque en política, todas las cuentas tarde o temprano se pagan, y el chavismo, o mejor dicho, la cúpula que condujo a Venezuela al descalabro en el que se encuentra, también deberá cumplir su penitencia.

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