lunes, 28 de septiembre de 2015

SEGUNDA PARTE: ¿EL PERÚ DE LOS AÑOS 90 FUE UNA DEMOCRACIA DELEGATIVA? ¿FUE FUJIMORI UN PRESIDENTE DELEGATIVO?


En la columna pasada, recordamos el concepto de democracia delegativa desarrollado por Guillermo O’ Donnell (GO), el gran politólogo argentino, que luego de haber estudiado diversos gobiernos (Menen, Collor, Fujimori, Chávez, entre otros), señaló que en Latinoamérica estaba surgiendo un nuevo tipo de democracia, a la que llamó “delegativa” para diferenciarla de la que todos conocemos: la democracia representativa.

Por ello, expusimos siete características que para GO identifican a una democracia delegativa, o si se quiere, a un Presidente delegativo, para luego, preguntarnos si el Perú de los años 90 fue una democracia delegativa, y/o si Fujimori fue un Presidente delegativo. Ahora corresponde exponer las 7 características restantes.

No existen verdaderos aliados

En primer lugar, GO señala que los colaboradores directos de los Presidentes delegativos no son verdaderos aliados. Lo que sí son obedientes seguidores que no pueden adquirir peso político propio, anatema para el poder supremo del líder. Los Presidentes delegativos tampoco tienen verdaderos ministros, ya que ello supone un grado de autonomía e interrelación entre ellos, algo que para los Presidentes delegativos es inaceptable. ¿Ocurrió esto en el Perú de los años 90?

Los otros partidos políticos

En segundo lugar, GO refiere que si bien los Presidentes delegativos suelen necesitar el apoyo electoral de otros partidos políticos, los cuales se pueden sentir tentados con la posibilidad de beneficiarse de la popularidad de aquellos, tampoco pueden ser verdaderos aliados, ya sea porque su ostensible oportunismo los hace poco confiables o porque no siendo parte del círculo de poder no se tiene certeza sobre si los acompañarán (siempre y sin preguntas) en su gran tarea de salvación nacional. Además, si fuesen realmente aliados, los Presidentes delegativos tendrían que negociar con ellos importantes decisiones, algo que estos líderes no están dispuestos a hacer. ¿Ocurrió esto en el Perú de los años 90?

Los otros actores sociales

En tercer lugar, GO afirma que el éxito inicial de los Presidentes delegativos genera la aparición de nuevas demandas y expectativas, cuya concretización exige la toma de decisiones complejas; pero ellas sólo son posibles con la participación de diversos sectores sociales (sindicatos, partidos, gremios, entre otros) y políticos que sólo pueden hacerlo ejerciendo una autonomía que los Presidentes delegativos no están dispuestos a reconocerles. ¿Ocurrió esto en el Perú de los años 90?

El círculo más cercano

En cuarto lugar, GO advierte que poco a poco los Presidentes delegativos se van encerrando en un estrecho grupo de colaboradores, que se encuentran cada vez más atados al supremo valor de la “lealtad” al líder. Pero al mismo tiempo, quienes los apoyaban desinteresadamente comienzan a sentir desconcierto, preocupación y molestia, pues piensan que únicamente se los convoca para aclamar las decisiones del Gobierno. Por ello, es clásico en estos casos que a períodos iniciales de alta popularidad sucedan abruptas caídas, lo cual genera una ola de “deserciones” por parte de quienes hasta hace poco se declaraban y eran considerados como los incondicionales de los Presidentes delegativos. ¿Ocurrió esto en el Perú de los años 90?

Crisis y aislamiento

En quinto lugar, GO expone que cuando la crisis aparece en estos Gobiernos, el país se encuentra con debilidades institucionales propiciadas justamente por los propios Presidentes delegativos. Son estos momentos en los cuales los líderes subnacionales (antes aliados), los partidos (que otrora respaldaban al Gobierno) o los actores sociales que habían sido cercanos al régimen, inician el camino de salida y migran hacia otras latitudes políticas.

Esto hace que se desate un escenario de crisis y tensión en el cual los Presidentes delegativos reprochan la “ingratitud” de quienes, luego de haberlos aplaudido, ahora los responsabilizan por los problemas existentes, y también les reprochan las maneras abruptas e inconsultas con que intentan encararlos. Por eso, a medida que avanza la crisis, los Presidentes delegativos buscan el apoyo de los verdaderos “leales” (incondicionales, diría yo), tildando de antipatriotas a todos aquellos que se oponen a su rol de “salvadores de la nación”, que ellos creen representar. Para ello, no dudan en hacerle recordar al país la crisis de la cual emergió su Gobierno, y el peligro que corre la nación de volver al pasado sin su conducción. ¿Ocurrió esto en el Perú de los años 90?


Un solo camino

En sexto lugar, GO refiere que como los Presidentes delegativos no han estado acostumbrados a ensayar caminos alternativos para la solución de problemas, o escuchar el consejo de personas que no sean parte de su círculo más inmediato, a pesar de la crisis, insisten en seguir haciendo lo mismo y de la misma manera que hasta hace poco les había funcionado. No obstante ello, es justamente esa actitud la que termina aislándolos hasta dejarlos políticamente solos, sin ningún respaldo social o político. ¿Ocurrió esto en el Perú de los años 90?

El autoritarismo sin control

En sétimo lugar, GO advierte que en los momentos de crisis aparece el mayor de los riesgos de la democracia delegativa: los Presidentes delegativos en respuesta a la aparición de voces opositoras, proceden a amputar o limitar seriamente las libertades cuya vigencia la mantenían en la categoría democrática.

Al mismo tiempo, los Presidentes delegativos tienden a acentuar su discurso polarizante y amedrentador, a pesar de que cada vez son menos los que se atreven a respaldarlos públicamente. Eso hace, que los poderes e instituciones políticas que fueron duramente atacadas y arrinconadas adopten una posición mucho más activa y confrontacional, justamente porque el respaldo social de los Presidentes delegativos va en franco retroceso. Por ello, no resulta extraño que GO afirme que en los periodos de crisis sean justamente los propios Presidentes delegativos los que con su actitud contribuyan a acelerar la misma. ¿Ocurrió esto en el Perú de los años 90?

A modo de conclusión

Por lo antes expuesto, queda claro que Latinoamérica debe apostar por la consolidación de una democracia auténticamente representativa, capaz de promover desde su propio seno la participación cívica de la ciudadanía en el proceso de deliberación pública. En todo caso, es preciso que como región, pero sobre todo como país, incorporemos a la democracia delegativa, como parte de las experiencias históricas nefastas que debemos tener siempre presentes si queremos construir un mejor futuro.


Finalmente, es preciso señalar que más allá de que lo que GO haya podido decir acerca de las presidencias de Menen, Collor, Fujimori y Chávez (Presidentes delegativos, según su juicio), lo importante es reconocer el enorme peligro que representa para la vida democrática de un país la llegada de líderes delegativos cuyo signo distintivo no es otro que su profundo desprecio por las instituciones democráticas. En todo caso, el debate sigue abierto, pero ahora contamos con mayores herramientas para responder si el Perú de los años 90 fue una democracia delegativa, y por ende, si Fujimori fue un Presidente delegativo.

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