jueves, 30 de abril de 2009

Obama y América Latina


La última Cumbre de las Américas, celebrada en Puerto España, Trinidad y Tobago; sin lugar a dudas, confirma el nuevo estilo de gobierno que ha asumido Washington desde que Barack Obama asumiera la presidencia de los Estados Unidos. A diferencia de lo ocurrido hace cuatro años en la Cumbre de Mar de Plata, en la cual el ex mandatario americano, George W. Bush, recibió una andanada de pifias y abucheos, luego de tratar de imponer el Área de Libre Comercio de las Américas como única solución a los problemas sociales y económicos de la región, en esta oportunidad el mensaje de Obama de apertura y equidad en el diálogo, de cooperación y de no imposición de políticas a los demás países de la región, recibió el aplauso y el reconocimiento de diversos jefes de Estado. “La cumbre sin ser perfecta se acercó a la perfección. Reinó la cordialidad y ha terminado con éxito y con un clima nuevo”, señaló Hugo Chávez, al cierre de la reunión. “Obama se ganó la voluntad de Latinoamérica”, fueron las palabras del presidente hondureño, Manuel Zelaya. “Creo que están puestas las bases para relanzar una nueva etapa en las relaciones del continente”, mencionó, Felipe Calderón, presidente de México. El mismo Obama, dejó en claro su satisfacción con los acuerdos y con la voluntad de unión continental expresados en esta cumbre: Mostramos que aunque tengamos nuestras diferencias, podemos y debemos trabajar juntos en cuestiones en las que tengamos intereses comunes. Mostramos que en América no hay grandes ni pequeños socios, solo somos compañeros, comprometidos en avanzar en una agenda común de retos comunes”, declaró el presidente estadounidense.

Pero el nuevo estilo en la administración estadounidense no se expresó recién en la cumbre. Días anteriores, el gobierno americano en un hecho histórico, que seguramente marcará un antes y un después en cuanto a la relación entre los Estados Unidos y la región, decidió levantar las restricciones a los viajes y envíos de remesas a Cuba, como un gesto amistoso y una rectificación sincera de una política que por largos años no ha logrado los objetivos para los que fue pensada, democratizar la sociedad cubana devolviéndole a sus ciudadanos el ejercicio cabal de sus derechos civiles y políticos, más aun teniendo en cuenta la dura crisis económica que atraviesa el mundo y los huracanes que el año pasado azotaron la isla.

Cuba fue el tema que concitó mayor atención en la primera jornada de la cumbre. La presidenta argentina, Cristina Fernández, anfitriona de la última cumbre, aprovechó el discurso de inauguración de la reunión, para pedirle al gobierno estadounidense el levantamiento del embargo que desde hace 47 años le impuso a Cuba. En esa misma línea, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), anunció que plantearía la derogación de la resolución que suspendió a Cuba como miembro de este organismo en 1962, iniciativa que será sometida a consideración en la próxima Asamblea General de la OEA, que se llevará a cabo en San Pedro Sula, Honduras, en junio de este año; propuesta que de inmediato fuera secundada por líderes de Estado, como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien dijo que: “No puede haber una nueva Cumbre de las Américas sin Cuba en el futuro”.

Cuba, sin lugar a dudas, es un tema en el cual Obama demuestra su visión pragmática, más que ideológica, al momento de tomar decisiones en el ámbito de la política internacional. Obama se ha dado cuenta, y así lo reconoce en un artículo publicado para el Grupo de diarios América (GDA), que para hacerle frente a la crisis económica actual, no es necesario debatir si el modelo de una economía de corte estadista es mejor o peor que un modelo de economía basado en el libre mercado, en clara alusión a gobiernos como el de Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega o Raúl Castro, que lo importante es tomar medidas responsables que miren el horizonte con realismo y que sean capaces de promover la prosperidad de todos los americanos.

Pero la cumbre, como era lógico presumir, no se agotó con el tema Cuba, Obama aprovechó esta reunión para establecer relaciones, mucho más cercanas, con dos de los más importantes países de la región como son México y Brasil.

Así, días antes de la cumbre, Obama viajó a México, y se comprometió a implementar y fortalecer mecanismos de ayuda y cooperación en temas vinculados a la lucha contra el narcotráfico y la promoción del comercio. Obama ya había señalado con relación al problema del narcotráfico, que este era un tema que debía convocar los esfuerzos de todos los países de la región que estuviesen vinculados, directa o indirectamente con este flagelo, entre ellos, Colombia, Bolivia y, por supuesto, el Perú. Obama, como el resto de líderes de la región, es consciente de que el problema del narcotráfico genera otros más como el aumento de las tasas de criminalidad y de violencia en casi todas las capitales sudamericanas, por ello dejó en claro que la discusión en este tema debe de centrarse en fomentar políticas de corto, mediano y largo plazo, que cuenten con el consenso de la mayoría de países, y que a la larga logren articular una estrategia global que aborde la problemática desde diversos ángulos, brindando un apoyo decidido a todos aquéllos Estados e instituciones que luchan contra las pandillas, los cárteles de la droga, y las redes criminales y terroristas, aún presentes en algunas regiones del continente, dejando de lado el eterno debate de si los culpables de la violencia y la inestabilidad social son los paramilitares de derecha o los insurgentes de izquierda, que de cuando en cuando hacen noticia en nuestra región.

Este pragmatismo de Obama parece también haber cautivado y convencido a Lula da Silva, quien luego de reunirse con él en la Casa Blanca, reconoció la visión estratégica y de futuro que tiene el presidente estadounidense. Tengamos en cuenta que para la administración de Obama resulta vital tener a Brasil como socio importante en la región, no solo por su importancia geopolítica en el hemisferio, sino también por el tema del Etanol. Recordemos la importancia que el actual presidente de los Estados Unidos, le ha dado al sector energético desde la última campaña presidencial. Obama ha señalado en innumerables oportunidades la necesidad de explotar de manera eficiente nuestros recursos naturales con la finalidad de producir energía renovable que se mantenga en el tiempo, con el objetivo de, además de generar puestos de trabajo, hacer frente al cambio climático y al calentamiento global.

Por eso la importancia de establecer alianzas estratégicas con el gigante de Sudamérica, para luego, poder generar una red de cooperación en el campo de la tecnología, el fomento de la inversión, las remesas, el turismo, que le permitan al continente explotar al máximo sus ventajas comparativas y buscar mayores niveles de desarrollo y bienestar para todos en el hemisferio.

Con respecto a nuestro país, muchos analistas y un gran sector del periodismo destacaron el hecho que el jefe de Estado estadounidense llamara por teléfono a su par en el Perú, Alan García Pérez, días antes de esta Quinta Cumbre de las Américas. Algunos dijeron que este hecho no era motivo de sorpresa, ya que Obama buscaba el apoyo de los presidentes de la región para sacar adelante varias de sus iniciativas y propuestas que expondría en la cumbre, más teniendo en cuenta los logros económicos y comerciales que ha tenido nuestro país en los últimos tiempos, hecho que, sin lugar a dudas, lo convenció de la importancia de la firma del Tratado de Libre Comercio con nuestro país. Sin embargo, y sin el ánimo de caer en el pesimismo, no creo que este gesto signifique el inicio de una relación mucho más cercana entre los Estados Unidos y nuestro país. Creo que la agenda internacional de los Estados Unidos tiene otras prioridades de mayor peso y, en el caso de América Latina, son países como Brasil, México, Cuba, Canadá, o Colombia, los que le generan mayor preocupación. En ese sentido, la llamada telefónica desde Washington al presidente García no es más que un gesto cordial y amistoso propio de este tipo de reuniones de alto nivel.

Sin embargo, el propio Obama ha señalado que son dos los temas los que aún se tienen que resolver en América Latina: El embargo sobre Cuba y la inmigración. Creo que el compromiso y las medidas adoptadas por Obama para solucionar ambos temas van por buen camino, pero no debemos de olvidar que ese objetivo no supone el esfuerzo único y exclusivo de los Estados Unidos. El propio Obama ha dejado en claro ello al señalar que así como se cuenta con el respaldo, casi unánime, para levantar el embargo en Cuba, también debemos de Mostrar esa misma convicción al momento de apoyar medidas que favorezcan la libertad, la igualdad y los derechos humanos de todos los cubanos. Este es un mensaje, más que claro y evidente, para el clan de los Castro, “Estados Unidos está dispuesto a dialogar, la Casa Blanca tiene la ilusión de que en algún tiempo todos los países de la región puedan reunirse conforme a la Carta Democrática Interamericana, pero ustedes deben también dar signos visibles que demuestren su compromiso con la libertad y la democracia”.

A pesar de ello, es preciso reconocer, como ya lo hemos venido diciendo, el cambio de actitud en la Casa Blanca con relación a nuestro continente. Washington dejó de lado la actitud de padre autoritario que trata de imponerles a los hijos menores un conjunto de políticas que muchas veces ni el mismo cumple. Dejó de lado la imagen de un gobierno al cual le gusta dictar e imponer medidas pero al que le cuesta y, muchas veces, hasta disgusta escuchar a los disidentes. Obama, es algo que debemos saludar y reconocer, ha traído consigo un conjunto de reformas en las maneras de hacer y entender la política en los Estados Unidos. Estados Unidos, ha pasado a ser el hermano mayor de una familia siempre problemática, capaz de marcar caminos para el desarrollo, pero consciente de que esos caminos deben ser elegidos libremente por todos y cada uno de sus hermanos más pequeños. El presidente de los Estados Unidos apuesta por la cooperación, por la solidaridad entre los pueblos, por el diálogo y la construcción de consensos en torno a temas de trascendencia mundial y continental, no divide al mundo ni a la región, en amigos o enemigos de la Casa Blanca. Obama ofrece brindarnos su apoyo no solo en temas de política económica o comercial sino también, durante su intervención en la cumbre, renueva su compromiso con la defensa de ciertos valores como la libertad de expresión, los derechos civiles, la defensa de las instituciones democráticas y el Estado de Derecho.

Esperemos en todo caso, que estas muestras de simpatía para con el hemisferio, sean algo más que simples guiños que de cuando en cuando y de cumbre en cumbre Washington lanza a Latinoamérica, y se convierta en el preludio de una nueva era en la región.

Rafael Rodríguez Campos

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