miércoles, 16 de mayo de 2012

La “gran transformación” se convirtió en desilusión




Nos vamos, renunciamos, damos un paso al costado para evitar una mayor crisis de gobierno. Esas fueron las palabras dichas por los ministros de Interior y Defensa, los “renunciados” Alberto Otárola y Daniel Lozada, horas después de haber presentado ambos sus renuncias. Falso, otra mentira más en boca de estos señores, es que acaso no se dan cuenta de que todo el Perú sabe que los despidieron. Ustedes señores ministros fueron renunciados, expulsados, mandados a su casa por incompetentes y mentirosos. Hasta el último momento se aferraron a sus cargos, las mieles del poder los habían terminado por seducir, hasta el punto de hacerlos perder el más mínimo sentido de la responsabilidad y la vergüenza. La oposición tuvo que presionar, la opinión pública enojarse, y los medios lanzar su artillería, para lograr que al fin entren en razón y se fueran.


Ante ello, igual de torpe, o quizá un poco más, se mostró el presidente de la República al momento de resolver esta crisis. No había necesidad de esperar tanto tiempo para reemplazar a dos ministros que ya habían pasado a la categoría de “muertos políticos”. O es que acaso Ollanta y esposa creen ser poseedores de fuerzas y poderes sobrenaturales capaces de devolverles la vida a los vencidos por la estupidez y la arrogancia. O es que acaso el presidente pensó que para solucionar esta segunda crisis de gobierno bastaba con que su joven esposa escribiera desde Corea o Japón una frase esperanzadora a través de twitter que terminaría por salvarles la cabeza pero no el honor a este par de fantasmas.


Una vez más el Gobierno se ve obligado a realizar cambios y ajustes al interior del denominado “gabinete de la cohesión”. Qué cohesión, qué coherencia, de qué nos están hablando los operadores y ayayeros del presidente.  No era que el premier Valdés era un tipo con un talento excepcional para enrumbar el camino de un Gobierno que hasta el día de hoy sigue buscando un norte. Pocos meses transcurrieron para darnos cuenta que este nuevo gabinete no es ni mejor ni peor que el anterior.


En todo caso, podemos decir que a diferencia del “gabinete Lerner”, en este equipo ministerial la falacia y la mentira se han convertido rápidamente en prácticas políticas que no sonrojan ni entristecen. Basta recordar, como lo han hecho todos los medios (me refiero a los que no se han alineado con el gobierno de turno), que la “Operación Libertad” fue un rotundo fracaso, que los 36 rehenes en el VRAE fueron liberados por los mismos senderistas que los secuestraron (previo pago claro está), que las fuerzas del orden no tienen ni la menor idea de la posición del “camarada Gabriel”, que los periodistas se toman fotos y entrevistan a este sanguinario terrorista mientras nuestros soldados esperan que el Estado les de mayor apoyo, que el suboficial Luis Astuquilca apareció vivo luego de 17 días gracias únicamente a su heroísmo, y que el cadáver del suboficial César Vilca fue encontrado por su propio padre, pues a ellos la institución los abandonó de la manera más cobarde.


Si después de esta cadena de continuos errores estos ministros no eran expectorados del Gobierno, no sé cuál habría sido la reacción de la población que durante estos últimos días y semanas no deja de preguntarse si este Gobierno sigue siendo el de la “gran transformación” o se ha convertido en el Gobierno de la farsa, la patraña y el embuste. La gravedad de la crisis exigía un rápido giro de timón, el gobierno debió bajar el tono del debate anunciando el nombramiento de nuevos ministros. No lo hizo. O mejor dicho, no lo quiso hacer. Y cuando por fin se decidió a hacerlo, no tuvo mejor idea que recurrir a la misma gente inexperta, incompetente y acomodaticia de siempre.


¿Quién es el nuevo ministro de Defensa? Gracias a la generosidad del señor presidente, y con el apoyo de su cuestionado primer ministro, el encargo recae en manos de José Urquizo, quien hasta hace unos días se desempeñaba como ministro de la Producción. Como lo oyen, el Gobierno ha premiado la incompetencia de este señor, responsable político de los dos muertos en Paita, al no haber podido resolver la crisis de la merluza, con su nombramiento en este importante ministerio. Es decir, quien no tuvo el coraje y la capacidad para dar cumplimiento a los acuerdos del 9 de abril firmados en la Presidencia del Consejo de Ministros, referidos al incremento de la cuota pesquera para la pesca de merluza, por razones que hasta el día de hoy no ha explicado, es hoy en día el encargado de “luchar contra el narcoterrorismo en el VRAE”.


Al presidente no le importó que este ministro haya estado a punto de ser censurado junto a Otárola y Lozada. Porque vamos, si a Lozada se lo criticó por salir de viaje a Colombia en plena crisis, ¿qué me dicen de este señor que en pleno conflicto en Paita decidió tomar un periplo por la lejana Qatar? La interpelación contra este señor ya estaba lista, y la censura se venía. Por ahora, José Urquizo se libró del despido con este reciente nombramiento y seguirá vistiendo su fajín de ministro por unos meses más, al menos hasta que su incapacidad comprobada lo lleve a cometer otra torpeza.


¿Quién es el nuevo ministro del Interior? Otro espectro, otro muñeco de cera, igual de opaco, pero con un pasado mucho más cuestionable que su otro compañero. Wilber Calle Girón se venía desempeñando como viceministro de Políticas para la Defensa de ese sector. Llegó a este ministerio de la mano del “irrenunciable Otárola”. Es decir, a quien formó parte de un equipo cuya falta de manejo político y sectorial ha sido más que evidente se lo premia nombrándolo como el titular en el ministerio más complicado de todos.


Como se sabe, la conducción política de una institución tan importante como la Policía Nacional del Perú exige la participación de una persona empapada y conocedora de la problemática del orden interno y la seguridad ciudadana. En mi opinión este militar no cuenta los pergaminos y  méritos suficientes para dirigir este sector. Además, es sabido que “únicamente los gobiernos militarizados” optan por colocar al frente de esta cartera a ex soldados, pues la tradición democrática en nuestro país es que quien llega a este ministerio sea un civil o un ex efectivo policial. Su nombramiento no ha caído bien en esta institución. El Gobierno está militarizando a la Policía, esta es la percepción que yo tengo, y sobre la cual no creo estar equivocado.


Pero los cuestionamientos no acaban con lo antes dicho, si de pasado oscuro hablamos, este ministro alcanza nota sobresaliente. En 1990 el mencionado señor se desempeñó como Jefe del Comando Político Militar de la sub-zona de seguridad número tres de Apurímac. Tiempo después, y acá viene lo más preocupante sobre la trayectoria de este personaje, se convirtió en una de los militares genuflexos que con entusiasmo firmaron el “acta de sujeción” respaldando el autogolpe de Estado perpetrado por el dictador Fujimori. Es decir, el presidente Humala, quien en su momento criticó duramente a este grupo de uniformados que no tuvieron el menor escrúpulo en cuadrarse y someterse a las órdenes de un golpista como Fujimori y de un truhán como el “capitán acusado de traición a la patria”, Vladimiro Montesinos, decide colocar al frente de una institución democrática como la Policía Nacional del Perú a un encubierto golpista pro-fujimorista como Wilber Calle. ¿Cómo se explica uno este tremendo desatino? ¿Cómo entender la ineptitud del gobierno en este asunto? Me animo a presentar dos ideas.


La primera, queda claro que la falta de cuadros políticos y técnicos en el “partido de Gobierno” se hace evidente con el correr de los meses. Esta debilidad del Gobierno se pone de manifiesto sobre todo en este tipo de situaciones en las cuales el presidente mira hacia dentro de su organización en busca de soluciones y no encuentra otra cosa que mediocridad y ramplonería. La segunda, al Gobierno le cuesta muchísimo convocar a personalidades de prestigio, independientes calificados y técnicos, para formar parte del Consejo de Ministros. Nadie quiere ser parte de un Gobierno que no tiene un capitán a la vista. Nadie quiere quemarse políticamente para ser pasado luego por una aplanadora mediática que lo sepulte de por vida. Nadie quiere asumir el cargo de ministro por unos cuantos meses a cambio de nada. Porque seamos claros, José Urquizo y Wilber Calle saben que el Premier Valdés tiene los días contados, que es un condenado a muerte, y que a más tardar en el mes de la patria recobrarán su eterno anonimato

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