martes, 19 de febrero de 2008

Fujimori y Montesinos: la pareja más siniestra de la historía política del Perú


Prendo el televisor, hoy día es miércoles, o lunes o viernes; en realidad no importa, miro perplejo la pantalla, cada día más perplejo, siento tristeza, pena, rencor, rabia; veo sentado a aquél siniestro personaje que durante casi una década tiró por los suelos el espíritu y la moral de nuestro pueblo, lo veo, sí, lo veo; lo veo absorto, con profundo pesar, y siento, por primera vez, que esa frase del poeta del Perú César Vallejo, es realmente cierta: hay momentos en la vida de nuestro país, en los cuales se puede decir que me duele el Perú.

Me duele, por el profundo engaño en el cual, durante un largo tiempo vivimos, ya no oprimidos como reza la letra de nuestro himno patrio, sino vilmente engañados, con pan, circo prensa amarilla y rumberas de tecnocumbia. Y no sólo me duele el Perú, además me jode, y me jode más cuando veo al señor que decía tener control absoluto sobre cada metro cuadrado de nuestro país, que decía haber vencido solitariamente a Sendero Luminoso, que decía haber levantado, con menos esfuerzo que el que uno invierte en beber una copa con los amigos, la economía venida a menos del Perú de los ochenta, y que decía que el Perú se convertiría en el primer país de América Latina antes de que finalice el fenómeno de la tercnocumbia, jugando al hombre desmemoriado, recurriendo a una y mil verdaderas mentiras y una y mil falsas verdades para decir que era el Presidente de la República, de una república que él, junto a su hermano, no de carne, ni de hueso, ni de sangre, pero sí de espíritu, convirtieron en la cloaca bananera más inmunda de este lado del continente.

Este triste y fantochesco personaje, capaz de negar a su propia madre, a cambio de unos años de poder o algunas maletas llenas de sucios dólares, es ,hoy por hoy, el espectáculo interdiario de la televisión peruana, a él y, sólo a él, le debemos nuestra podredumbre moral, nuestra vulgaridad mental, nuestra educación en mal estado y nuestra salud desmejorada; y ello es ciertamente indiscutible, o es que existe alguien en el Perú capaz de negar aquello de que durante la década del terror, fueron el hambre, la falta de educación y de salud moral de nuestra gente, los tres jinetes del apocalipsis en nuestro país.

Pero no debemos de sentirnos, tan mal, o no tan peor, como ustedes prefieran, ahora sabemos que todo ello fue un sueño, que las cosas sucedieron por arte de magia o por obra y gracia del señor, pero seguramente del señor de ese monseñor de aquellos años que alegremente visitaba palacio, y declaraba en los medios que los derechos humanos son una cojudez, y otras flores de semejante calibre. Hoy sabemos, que el chino, si bien no era el súper hombre que algunos o muchos creyeron que era, era sólo el presidente más despistado de la historia republicana del Perú y de la historia de la humanidad, capaz de ganar el récord Guines en este rubro de presidentes fantoches o caricaturescos; así que no pierdan cuidado, pues por incapaz mental o idiota confeso, a lo más, no es otra cosa, que un inimputable mental y moral; un ser sin alma, corazón y espíritu.

Pobre de él, pobre de todos aquellos que creyeron en él, pobre porque esta vez no podrá correr a esconderse en la embajada del sol naciente, pero más pobre es el Perú, más pobre somos todos nosotros, pues el señor desmemoriado, no creo pueda devolvernos una década moralmente perdida.

A continuación, y sobre el partcilar, reproduzco una breve reflexión que el genial Alfredo Bryce, escribiera en su libro de Antimemorias 2 “Memorias para sentir”, sobre lo que para él significó el efecto Fujimori y Montesinos en la sociedad peruana de los noventa:

“Y, sin embargo, desde mi llegada a Lima, a fines de febrero de 1999, yo estaba convencido de que la dictadura de la vulgar dupla formada por los siniestros Montesinos y Fujimori pendía ya de un hilo, sobre todo por la penosa soberbia de ambos personajes y por el halo de vulgaridad y corrupción que los rodeaba y seguía por donde fueran. Escuchar hablar a Fujimori, sobre todo, era comprobar una y otra vez lo barato que era ese tipo, lo vanidoso, lo huachafo, lo realmente cursi y soberbio. Fujimori en la televisión parecía decirnos, siempre entre líneas, y con la impostada sonrisa de quien no cree en nadie, que sólo tenía la idea que se hacía de sí mismo para sobrevivir sobre el océano de mierda y de crimen en que se movía, lo cual hubiera podido ser tan probable como atroz, sino hubiera venido acompañado por ese tonito de burla con que lo miraba todo y con que encaraba día a día la realidad del país. Pero ya entonces se le veía perdido, como si la distancia que lo separaba de aquel primer vladivideo que bastó para traer por tierra, en el 200, el podrido andamiaje sobre el que se montaban el circo, su pan, su tecnocumbia, se acortara minuto a minuto, ante los ojos de un ser envanecido hasta la ceguera y la sordera totales, y que se tomaba por el acontecer nacional, que sentía ser el Perú y su historia”.

Este era el hombre que gobernó nuestro país, este es el hombre que degradó a su máxima expresión la moral y la ética en nuestro país, este es el hombre que sigue encanalleciendo la vida social y política de nuestra patria, este hombre, no es fue más que un tiranuelo más, uno más para la colección de dictadorzuelos latinoamericanos que han sido y son el karma de nuestras tierras, de esos que no escuchan más voz que su propia voz, que no escuchan a nadie, salvo deshonrosas excepciones, como la de aquellos periodistas , intelectuales o artistas ayayeros, de los muchos que hasta el día de hoy pululan a las afueras de ministerios o instituciones públicas, buscando ganarse alguito. Y como resultado de todo ello, el envilecimiento y la podredumbre de toda la política en el Perú, cuya fetidez y estilo cainita aún transita por el camino de los pasos perdidos o pasa frente a los húsares de Junín.

Rafael Rodríguez Campos

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1 comentarios:

A las 1 de marzo de 2008, 9:41 , Blogger Gabriela ha dicho...

Sin duda, el Fujimori que vemos interdiaramente en la pantalla, negando todo lo innegable, pretendiendo hacernos creer que no sabía nada y no era más que un pobre imbécil (cosa que no pudo hacerles creer a los de la Corte Suprema de Chile), no es ni la sombra del Fujimori arrogante, vanidoso, autoritario y onubilado por el poder casi absoluto que manejaba.
Coincido contigo en que en la década Fujimori-Montesinos, la política y la moral en general de nuestro pais sufrió un duro golpe; a mi me duele, me jode y me da impulso para cambiar las cosas ver a periodistas (que es mi profesión) de aquella época pasando piola y queriendo reinventarse (reciclarse como la basura) y utilizando (al mismo estilo de sus ex "dueños") la poca memoria que tenemos los peruanos. Pero, creo además, justo decir que no sólo basta recordar esas épocas. Tú y yo sabemos que si Fujimori y Montesinos están hoy sentados en el banquillo de los acusados, no ha sido por obra y gracias del espíritu santo ni del monseñor que cree que los Derechos Humanos son una cojudez. ¿Quiénes sacamos a Fujimori y Montesinos del Poder? fue la gente en las calles - especialmente los jóvenes - que salimos a las calles, que le demostramos al mundo que hay algo de reserva moral y que somos capaces de decir "Basta!".
Hoy, con algunos de los delincuentes presos, debemos estar más atentos que nunca, esforzarnos por recordar la fuerza que tenemos y por intentar cambiar las cosas; para que después no tengamos que repetir los lamentos, la vergüenza ante el mundo y para poder tener la esperanza de que algún día el Perú no nos duela, ni nos joda....por lo menos para que a nuestros hijos no les duela ni le joda el Perú.

 

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