viernes, 1 de febrero de 2008

Una agenda política para el desarrollo en el Perú


Hacia inicios de la década de los 80, una nueva corriente de pensamiento económico comenzó a cobrar vigencia en nuestro continente, ésta corriente cuyos principales planteamientos defendían los presupuestos del liberalismo económico (el libre mercado, la propiedad privada y la seguridad jurídica) se vio materializada en lo que algunos políticos y economistas de nuestro hemisferio bautizaron con el nombre de Consenso de Washington (entendido como un conjunto de recetas económicas promocionadas por los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio o el Banco Mundial, las cuales debían poner en práctica los países del tercer mundo para mejorar su economía). Los años transcurrieron y de manera paulatina esos mismos postulados fueron siendo adoptados por los diversos países de nuestra región, unos en mayor medida que otros, de manera paulatina bajo la creencia de que el camino descrito por dichas políticas era el adecuado para alcanzar el desarrollo[1].

Al cabo de más de dos décadas de haber adoptado de manera casi ortodoxa todos y cada uno de dichos planteamientos (la abstención del estado en la economía, el mercado como asignador imparcial de los recursos creados en las sociedades, la liberalización del comercio), podemos observar como nuestro país, al igual que la gran mayoría de países de nuestra región, salvo Chile o Brasil, se encuentran insertados de manera arcaica en la nueva economía global; ya que, seguimos entrampados en un modelo primario exportador de bienes con un mínimo valor agregado con precios no remunerativos, lo cual repercute en estados financieros que no siendo desalentadores a comparación de los de otras épocas, aún no consiguen ser lo suficientemente importantes como para generar mayor bienestar entre los ciudadanos, con niveles de corrupción institucional que rayan con lo insólito, con una fragilidad de nuestros sistemas democráticos que hacen que continuamente estemos con el temor de ver pegar la vuelta a modelos autoritarios y dictatoriales que restrinjan las libertades de los ciudadanos y desaten mayores índices de violencia y fraccionamiento social, y con niveles de pobreza que lo único que hacen es corroborar que la relación existente entre crecimiento macroeconómico y mejora de los niveles de vida de las personas no es necesariamente proporcional, más cuando los servicios básicos como la educación, la vivienda, la salud o el acceso a la justicia, aún son temas pendientes como objetivos a ser concretizados en las agendas de gobierno de nuestro país y en las de los países vecinos[2].

Entonces, teniendo en consideración la situación socioeconómica y política anteriormente descrita, es menester en este trabajo preguntarnos ¿Qué ocurrió? ¿En qué nos equivocamos? ¿Por qué aún no podemos alcanzar el desarrollo?

Antes de dar respuesta a todas y cada una de las interrogantes debemos establecer con suma claridad el concepto mismo de desarrollo, y contrastarlo con aquel que en un principio de los 80 era manejado por la mayoría de economistas del mundo (incluso por aquellos que diseñaban los programas de reforma y ajuste económico en la CEPAL, Comisión Económica para América Latina)[3].

En ese entendido parece justo señalar que los mas importantes sectores del pensamiento económico de las denominadas escuelas liberales de los 80, realizaban una suerte de asociación casi simbiótica entre crecimiento económico y desarrollo, con lo cual el término mismo de desarrollo se encontraba profundamente condicionado por una carga económica que terminó por monetarizarlo. Es así como años mas tarde, y en los albores del nuevo siglo, el Programa para el desarrollo de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD), reconoció que dicha asociación había resultado ser un craso error, debido a que el desarrollo como concepto, no podía verse simplificado al hecho de elevar los índices macroeconómicos de un país, llámese la mejora de la balanza comercial, el control y el buen manejo de la deuda, las tasas de crecimiento anual o el control de los índices inflacionarios[4]. Ante ello, se llegó a la conclusión de que el desarrollo debía de ser entendido como aquel concepto que hace alusión a los índices de desarrollo humano que alcanzaban los ciudadanos de cada país, cuyos parámetros de medición se encuentran determinados por el nivel cultural y educativo que estos ofrecen, por la calidad en los servicios de salud que los organismos públicos ofrecen, por los niveles de acceso a la justicia que el sistema de justicia de un país brinda a sus ciudadanos como un servicio fundamental para la solución de conflictos, por el nivel de respeto de los derechos fundamentales que se registran año a año en cada rincón de Latinoamérica y por el respeto a las reglas de juego que la democracia y sus instituciones establecen como normas fundantes del sistema jurídico de cada estado[5].

Dicho todo ello, comencemos a desarrollar con claridad algunas de las ideas que se han venido trabajando en torno al porqué del atraso de nuestro país y del resto de América, con cargo a ser mucho mas explícitos en nuestras hipótesis y posibles soluciones a tan difícil situación, en próximos trabajos o ensayos de este tipo.


La Fórmula

Ahora bien, y como una suerte de frase iluminadora que marcará el derrotero de la línea de razonamiento que aquí expondré debo de señalar lo siguiente: en todo país que pretenda disminuir los niveles de pobreza en el mundo y a su vez elevar los niveles de vida de su población, el primer paso a seguir es generar riqueza, ya que no se puede distribuir aquello que no se tiene; por tanto debemos de tener en claro que para generar riqueza hay que crecer, que para crecer hay que generar mayores puestos de trabajo, y para generar trabajo es necesario contar con una importante inyección de capital, tanto nacional como extranjera, la cual a su vez nos ayude a conseguir el tan anhelado grado de inversión. Es decir, sin inversión, no hay empresa ni mucho menos generación de puestos de trabajo, sin puestos de trabajo no hay empleo ni mejores niveles remunerativos y tampoco mayores ingresos fiscales y sin ellos, la cobertura de servicios básicos para nuestros ciudadanos se torna cada vez más difícil pues los programas de inversión estatal en infraestructura o en temas sociales terminan convirtiéndose en pesados libros de miles de páginas enmohecidos y afincados en algún armario o escritorio de algún ministerio u órgano del Estado[6].

Construyendo una Agenda Gubernamental Coherente


Agenda Económica

En tal sentido y como bien se apuntó en las primeras líneas de este trabajo, uno de los más importantes argumentos que se señalaban como elemento para alcanzar el desarrollo fue sin lugar a duda el relacionado con la liberalización del comercio y la apertura comercial. Fue así como el Perú, por ejemplo, tras luego de haber experimentado con políticas de corte estatista durante los 80 en los gobiernos del arquitecto Fernando Belaúnde y en el primer gobierno de nuestro actual presidente Alan García, decidió liberalizar su economía de manera casi total; una prueba de ello fue la reducción arancelaria a cifra cero en un importante número de productos de primaria y mediana necesidad que hasta ese entonces tenían tasas por encima del 15%, que encarecían el producto final y generaban un mayor costo para el ciudadano de a pie[7].

Sin embargo, y como no todo en economía como en la vida, es color de rosa, el Perú y América Latina en general olvidaron que el libre comercio es siempre beneficioso, siempre y cuando el nivel de competitividad de los países también mejore. Fue así como a partir de esa década el Perú no tuvo mejor manera de aprovechar los beneficios del libre comercio sino a través de la exportación de materias primas de casi nulo valor agregado. Hoy, y gracias a los altos precios de los metales y minerales del mercado internacional, nuestro país genera ingresos millonarios, pero la pregunta es ¿Hasta cuándo se mantendrá dicha situación? ¿Acaso el modelo primario exportador no nos hace más dependientes de lo que suceda en el mercado internacional? Evidentemente sí, y la respuesta es única y categórica: si nuestro país no convierte su modelo primario exportador en uno de productos con mayor valor agregado las posibilidades de un crecimiento importante a largo plazo serán cada vez más escasas. En tal medida una de las propuestas que cobra fuerza en relación a este aspecto resulta ser la inversión que deben plantear los gobiernos en Ciencia y Tecnología, ya que es sólo a través de este tipo de recetas que se puede dar ese gran salto, basta sino con observar el ejemplo más reciente de Irlanda del Norte, país que durante la década de los 80 tenía uno de los índices más bajos de ingreso per cápita en Europa, y hoy convertido en el tercer exportador de computadoras en Europa y en el Primer exportador de software en dicho continente, goza de una economía boyante, con un índice de ingreso per cápita que se encuentra entre los tres más importantes del viejo continente[8].

El ejemplo de Irlanda del Norte es más que ejemplificador, ya que no sólo decidió liberalizar su comercio, al ingresar a la Comunidad Europea, sino también elevó sus niveles de competitividad, invirtiendo fuertes sumas de dinero, con el apoyo claro está de las grandes potencias europeas como lo son Alemania y Francia, en ciencia y tecnología, motivando desde el gobierno reformas educativas que incentivaban a sus jóvenes a optar por carreras técnicas vinculadas con la ciencia y tecnología computarizada, logrando así no sólo productos con valor agregado sino también una mano de obra altamente calificada, volviendo a su país mucho mas atractivo para la llegada de capitales deseosos de mercados vírgenes.

Agenda Educativa

Sin lugar a duda, el tema de la reforma educativa es una asignatura pendiente tanto en nuestro país como en el del resto de la región. Durante la década de los noventa se impulsaron un sin número de reformas, la reforma económica, la de los programas sociales, la reforma política, pero nuestros gobernantes se olvidaron que ninguna de ellas tendría sentido, sino se emprendía la gran reforma educativa que apuntara a elevar el nivel de aprendizaje de nuestros jóvenes, en un nuevo siglo llamado: Siglo del Conocimiento. Es así como desde el Ministerio de Educación se debe de impulsar una política educativa basada en la evaluación y la meritocracia, que sea capaz de premiar el esfuerzo del maestro capaz que invierte parte de su tiempo en la capacitación y superación personal. Pero ello sólo es posible si emprendemos un esfuerzo conjunto todos los actores de la educación: profesores, gobierno, estudiantes y padres de familia. Y es que no podemos continuar con un modelo educativo, al cual le resulta indiferente la diferencia entre el buen o mal profesor; ya que, el mal educador mantiene el trabajo y el bueno no recibe un mejor nivel remunerativo que incentive su esfuerzo[9].

Pero ello no es suficiente, todo lo anterior debe de ir acompañado de una reforma curricular del nivel primario, secundario y superior de nuestra educación. Con ello podremos fortalecer el área lógico matemática y la de lecto -escritura en los alumnos del nivel primario, la comprensión de textos en el nivel secundario, y lograremos una mayor congruencia entre el número de alumnos que ingresan a las diversas facultades universitarias y las necesidades del mercado laboral, impulsando las carreras técnicas y científicas, por la necesidad expuesta en el punto anterior, ya que de no ser así las universidades en el Perú y en Latinoamérica seguirán siendo una fábrica de frustraciones que producen un número cada vez más grande de desempleados en serie; la tarea es tornar mas coherente a nuestro sistema educativo superior, ya que no es posible por ejemplo, que en un país como México, el número de psicólogos que se gradúan por año en la UNAM (Universidad Autónoma de México) es quince veces superior al de ingenieros petroleros, en un país en el cual la exportación petrolera es la más importante actividad económica[10].; o el caso Argentino en el cual la UBA (Universidad de Buenos Aires), se reciben 2400 abogados por año, 1300 psicólogos, y apenas 240 ingenieros y 173 licenciados en ciencias agropecuarias (cifra dramática en un país eminentemente ganadero). Como podemos apreciar este es uno de los grandes retos de la reforma educativa que debe afrontar nuestro país, no sólo debemos concentrar esfuerzos en reducir los niveles de analfabetismo rural, también debemos modernizar nuestra educación y hacerla compatible con los nuevos retos que la globalización y el siglo del conocimiento nos impone[11].

Agenda Social

Si existe una consecuencia que resulta consensualmente aceptada entre los economistas y analistas sociales, en torno a los efectos del capitalismo, es sin duda la referida a la llamada concentración del capital que este modelo trae consigo. En ese sentido, y en especial en el caso de sociedades tan desiguales como las nuestras en América Latina., se hace imprescindible la presencia de programas sociales apoyados o impulsados por el Estado, que ayuden a aliviar de manera eficiente la situación de los sectores más deprimidos de nuestros países. Es por ello, que en el caso del Perú, resulta fundamental la elaboración de un proyecto de reforma estratégica de los programas sociales que optimice la calidad del gasto estatal en este tipo de actividades, lo cual supone un mayor diálogo con organizaciones de base como los clubes de madres, el vaso de leche o comedores populares, las mismas que al estar mucho más vinculadas con los directos beneficiarios de los mismos, puedan brindar información valiosa al momento de identificar a las personas que realmente necesitan este apoyo, y así evitar los elevados costos adicionales que se generan al no saber a ciencia cierta la identidad de aquellos ciudadanos a los cuales se pretende ayudar; y ello ya que no sólo debemos de ser cuidadosos en el manejo de la macroeconomía, sino mucho mas en la ejecución del gasto social [12]. Asimismo, considero que es fundamental seguir elaborando y apoyando programas exitosos como los que actualmente desarrolla el gobierno; Mi Vivienda, Techo Propio, Mi Barrio; los cuales democratizan por ejemplo la propiedad en nuestro país.

Esto resulta fundamental para aliviar el descontento y la convulsión social, ya que son estos factores los que muchas veces generan pánico para la inversión y riesgo para los capitales. Además debemos de recordar, que aún cuando el modelo económico que tenemos limita la acción del estado en la economía, está demás decir que existe un compromiso con los mas necesitados, que sin llegar al asistencialismo trata de igualar paulatinamente las condiciones de vida de sus ciudadanos; y ello porque el liberalismo económico que tanto fue defendido en los 90, sienta sus bases sobre los presupuestos de liberalismo político, el cual entiende a la igualdad como la otra cara de la libertad[13].

Agenda Institucional y Lucha contra la Corrupción

Es de gran conocimiento para especialistas y no especialistas que en América Latina existen países que registran índices realmente importantes de corrupción, tanto en lo ámbito estatal como en el privado.

Este dato es fundamental ya que de acuerdo a informes de organizaciones como el de Transparencia Internacional en el 2002, el tema de la corrupción es uno de los elementos a los cuales los inversionistas le otorgan mayor importancia al momento de decidir el país en el cual harán sus inversiones, ya que la relación corruptos y corruptores, es un factor que evidentemente distorsiona la leyes del libre mercado, el cual se basa en la transparencia y confianza entre competidores.[14] Además, es dable tener en cuenta los efectos negativos que trae la corrupción, ya que no sólo frena el desarrollo a partir del desperdicio de grandes sumas de recursos económicos; sino, porque la corrupción pone en jaque el marco institucional de un país, lo carcome, poniéndole un precio a la moralidad de la gran mayoría de funcionarios, afirmando la tesis de que todo hombre tiene un precio; es justamente este último elemento negativo el que se convirtió en el pan de cada día de nuestro país durante la década del extraditado ex presidente del Perú, Alberto Fujimori.

Ante tal situación, es necesario que el Estado adopte una posición de lucha frontal contra la corrupción en todos los niveles, promoviendo por ejemplo la gran reforma del sector justicia, devolviéndole a la ciudadanía la confianza en un Poder Judicial, capaz de resolver conflictos con transparencia, celeridad y certidumbre, disminuyendo el riesgo del incumplimiento de normas y demás derechos de los ciudadanos. Por otro lado, es además necesario contar con un marco legal que le otorgue seguridad jurídica tanto al ciudadano como al inversionista, con reglas flexibles que permitan una mayor interacción entre el derecho y el dinamismo del mercado.

Esta lucha es fundamental no sólo desde el punto de vista ético, el cual debe tener como derrotero el desarrollo de una cultura del respeto y el deber funcional, que conviertan al servidor público en un auténtico tutor de los bienes del Estado y en un servidor a carta cabal del ciudadano, sino también desde el punto de vista económico no en vano, Paolo de Mauro, economista del Fondo Monetario Internacional, señaló hace un par de años en sus estudios sobre América Latina que el producto bruto nacional de los países afectados por la corrupción baja casi medio punto anual, señalando en tono irónico que los países de la región se arreglarían si todos dejáramos de robar por dos años.[15]

Agenda Democracia y Fortalecimiento de los Derechos Humanos

Este es, por cuestiones de tiempo y espacio, el último elemento que en esta oportunidad desarrollaré como parte de la agenda que debe de plantear el gobierno para lograr el desarrollo.

Muchas personas tanto en nuestro país como en el resto de América Latina, se muestran escépticos con la idea de poder lograr el desarrollo en democracia; y casi al unísono mencionan el ejemplo de Chile o el de China, países que a partir de gobiernos fuertes y autoritarios, desarrollaron o desarrollan, en el caso de este último, programas económicos exitosos. Sin embargo, siendo esa tesis más que discutible, ya que en el caso Chileno, por ejemplo, los partidos de la concertación, decidieron mantener políticas públicas y económicas a largo plazo, que aún cuando fueron promovidas por el dictador Pinochet probaron ser exitosas, en un clima de absoluto respeto por los derechos de los ciudadanos. Y ello es y debe ser posible, ya que los Estados deben proponerse la tarea moral de demostrar que la democracia y el respeto que en ella se otorga al derecho de los hombres y a su dignidad es un bien mil veces superior al falso desarrollo que se vive en las dictaduras, teñidas de corrupción y asesinatos. basta para ello comprobar que en China entre los años 1998 y 2002, se registraron mas de 60000 ejecuciones, creo que una cifra de tal magnitud no es compatible con una idea de desarrollo, la cual promueve justamente la ampliación de los espacios de libertad y el ejercicio de los derechos más inherentes al ser humano[16].

Los gobiernos y todas las sociedades del mundo en general deben reconocer que el desarrollo no es tal sino esta al servicio de la libertad de los hombres, de esa libertad que amplia los espacios de autonomía, entendida esta como aquella preciosa facultad de los hombres de elegir y concretizar el proyecto de vida de su mejor preferencia[17]; es por ello que en la línea argumentativa de Amartya Sen, el desarrollo como concepto debe abarcar todos los aspectos que ayuden a ampliar la esfera de libertad de los hombres; por ello la importancia en la mejora del nivel educativo de los hombres en un siglo que requiere de conocimiento para salir adelante, de la importancia de los servicios que brinda el estado como salud, educación y seguridad para satisfacer las necesidades básicas de los hombres y con ello dotarlos de mayores posibilidades para concretizar sus planes libremente elegidos; en tal sentido y como reflexión personal, propongo entender como sinónimo de democracia a este nuevo concepto de desarrollo que se viene difundiendo en el mundo; ya que, no es posible hacer compatible el concepto de desarrollo con modelos políticos como el chino, el de Liberia o el de Corea del Norte, los mismos que no sólo desconocen el valor de la libertad sino también el de dignidad de la persona humana.



Rafael Rodríguez Campos


[1] El malestar en la globalización, Stiglitz, Joseph E, 2002.
[2] El Mito del desarrollo, Oswaldo de Rivero, 2001.

[3] Estrategias para reducir la pobreza en América Latina y el Caribe. José Vicente Zevallos, 1997.

[4] Reporte del desarrollo humano. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, 1998.
[5]Por una globalización más justa: crear oportunidades para todos. Comisión Mundial sobre la dimensión Social de la Globalización, 2004.

[6] Lecciones de los noventa, Carlos Adrianzén, 1999.
[7] Hacia dónde vamos, Carlos Adrianzén, 2000.
[8] Cuentos Chinos, Andrés Oppenheimer, 2006.
[9] Cuentos Chinos, Andrés Oppenheimer, 2006.

[10] UNAM, Agenda Estadística 2004
[11] UBA, Agenda Estadística 2004.

[12] Reformas en sociedades desiguales: la experiencia peruana. Figueroa, Adolfo, 2001.
[13] La teoría de los sentimientos morales. Adam Smith, 1997.

[14] Índice de propensión a la corrupción. Transparencia Internacional, 2002.
[15] Inversión y corrupción: Informe del fondo Monetario Internacional. Paolo Mauro, 2004.
[16] Desarrollo y libertad. Amartya Sen, 2003.
[17] Ética y derechos humanos. Carlos Santiago Nino, 2001.

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