miércoles, 6 de febrero de 2008

Muere la libertad en Venezuela: el cierre de Radio Caracas Televisión


Hace algunas semanas, hurgando entre los estantes de la librería Crisol, aquella ubicada cerca a la Plaza San Martín, en el distrito del Cercado de Lima, me topé con un libro pequeño, de color celeste y dibujos moches en cuya tapa unas letras góticas de color rosado encendido anunciaban su título: Narrativa y Ensayos, su autor César Vallejo. Se trataba pues, de una antología de sus mejores cuentos (aunque debo decir que la persona que tuvo el encargo de realizar tal selección olvidó, ya sea por descuido o gusto personal quizá, compendiar entre los mismos al famoso cuento titulado Cera, catalogado por los entendidos como una verdadera joya del cuento peruano) y artículos periodísticos que escribió Vallejo desde su estancia en Europa, en Madrid y París para ser más exactos, y que fueron publicados, entre otros medios por la revista Mundial y el diario El Comercio durante los años 1918 a 1937.

En ellos, el poeta expresa con impresionante sencillez y lucidez su visión del arte y de la cultura contemporánea y pone un especial énfasis en el análisis de los acontecimientos que envolvían al viejo mundo en el primer tercio del siglo XX. Esta antología de la prosa de César Vallejo, resulta ser, sin lugar a dudas, lectura obligatoria para todos aquellos que deseen entender a cabalidad el tránsito hacia la modernidad de nuestras letras, pudiendo apreciar el enorme significado que la obra de este gran peruano ocupa en el contexto de la literatura mundial.

Sin embargo, y a pesar de la fecha de la cual datan los artículos de esta antología, no deja de sorprender en su lectura, tal como ha sido en mi caso particular, la vigencia y actualidad que cobran los apuntes de Vallejo a la luz de los sucesos que hoy en día acontecen, ya sea en nuestro país o en otros rincones de Latinoamérica.

Es así como casi al finalizar la lectura del libro del cual hoy doy cuenta, encontré un artículo de Vallejo correspondiente a una intervención suya que realizara con motivo del Segundo Congreso Internacional de Escritores publicada en El Mono Azul de Madrid en el año 1937, titulado La Responsabilidad del Escritor; en el cual hace un llamado a todos los escritores e intelectuales del mundo a ser parte de una cruzada en favor del movimiento republicano español. Recordemos que por esos años, España atravesaba uno de los momentos más críticos de su historia. Hacia el año 1936 había estallado la Guerra Civil Española, y estando Vallejo en París atravesando un sin fin de necesidades económicas y personales ofrece su libro España aparta de mí este cáliz como contribución a la causa republicana, resaltando los valores y libertades que el movimiento fascista y totalitario, que pretendía hacerse del poder en la península, estaba empeñado en sojuzgar.

Al finalizar de leer dicho artículo, casi de inmediato, algunas ideas y preguntas se me vinieron a la mente; algunas figuras comenzaron a dibujarse y a confundirse con lo que en realidad estaba observando, era el noticiero de las 10:00 p.m., en el se anunciaba el cierre de una televisora venezolana, eran los trabajadores de dicha televisora: Radio Caracas Televisión, los cuales con gran vigor y a una sola voz gritaban la siguiente arenga “democracia sí, dictadura no” ó , acaso esta otra “siempre de pie, nunca de rodillas”, qué había ocurrido en el hermano país llanero, pues qué más, su presidente, el Comandante Hugo Chávez Frías, había decidido, de la manera mas arbitraria e ilegal posible, no renovar la vigencia del contrato de concesión suscrito entre la televisora y Venezuela, a pesar de que dicha renovación se encontraba expresamente prevista en el artículo 3° de la norma mediante la cual, allá por el año 1987, el Estado venezolano había otorgado en concesión el uso del espectro electromagnético a dicha televisora, para la transmisión de su respectiva programación.

¿Por qué ocurrió esto? ¿Acaso Venezuela no es un país democrático en el cual las garantías y libertades de sus ciudadanos se encuentran plenamente garantizadas? ¿Acaso Radio Caracas Televisión cometió algún ilícito o pecado que le mereciera ser acreedor de dicho trato y sanción? La respuesta es afirmativa, Radio Caracas Televisión cometió un pecado, el mismo que para jefes de Estado como Hugo Chávez resulta ser casi un delito capital, Radio Caracas Televisión se atrevió a decirle al gobierno chavista que a pesar de sus petrodólares, de su control sobre los poderes del Estado, de su manejo del Tribunal Electoral, de su injerencia en la conducción en más de 300 radioemisoras (entre locales, regionales y nacionales), de sus más de 40 horas semanales de perorata estéril en el programete ayayero Aló Presidente (dirigido, producido y conducido, y bueno me olvidaba, y aplaudido por el Comandante de la revolución), la libertad de los venezolanos no puede ser coactada, que en una democracia el respeto y la tolerancia por el pensamiento disidente resulta ser un valor fundamental, que el verdadero y más importante guardián de la misma es y debe ser el propio Estado, y que aún cuando el chavismo colme algunas plazas y calles de Caracas, ya sea por el apoyo voluntario de los acólitos de la revolución o por la necesidad de funcionarios públicos de mantener sus puestos de trabajo, quiénes bajo la amenaza de ser despedidos deben vestir con la bufanda roja al cuello, el polo del mismo color y esa huachafa boina en la cabeza; debiendo luego marchar y repetir hipócritamente aquella frase Patria, Socialismo o Muerte; frase que a muchos venezolanos, como al que escribe, les pone los pelos de punta, que a pesar de todo ello en los Estados civilizados existe la convicción de que son las libertades la esencia misma de la democracia y es la democracia el presupuesto de la libertad, que pueden al hombre quitarle su vida, pero jamás su libertad, porque es justamente el ejercicio de esta misma, aquello que nos hace distintos y superiores a los demás seres de este mundo, que la prensa y la libertad de expresión son fundamentales a la hora de luchar contra el abuso del poder, contra el ejercicio autoritario del mismo, contra la corrupción y la satrapería, y que todo aquél que se opone a ello, no es más que un dictadorzuelo, un aprendiz de tirano que no tiene cabida en una sociedad plural, y que debe mandar mudar sus gestos hostiles, sus frases hirientes y su modo de ser mandón y arrogante a una isla desierta o, en todo caso, a una isla tropical como Cuba, en la cual el otro dictador, su maestro y guía Fidel Castro, le pueda enseñar la manera de cómo idiotizar a un pueblo por más de 50 años y así poder mantenerse en el poder, sin mayor legitimidad que la que él mismo se fabrica en sus Alos Presidente ó en la que le fabrican sus ayayeros por medio de los canales de televisión adictos a su régimen o, a través de esos periódicos panfletarios, cuyo discurso revolucionario y socialista es tan verídico como el discurso de su mandamás al momento de jactarse de socialista y antiimperialista a pesar de venderle petróleo por miles y millones de dólares al más imperialista de todos los países en el mundo: los Estados Unidos. Todo ello bajo el argumento surrealista de no hacerlo por el gobierno americano sino por el pueblo glorioso y valiente de los Estados Unidos, al cual no puede dejar sin combustible, sin lugar a dudas, todos le creemos ¿no es cierto?.

Ante tan desoladores hechos, ante tan desesperanzadores acontecimientos que ponen, sin lugar a duda, en una grave situación el proceso de fortalecimiento y consolidación de la institucionalidad democrática en América del Sur, y que terminan por resquebrajar los enormes esfuerzos hechos, de un tiempo a esta parte, por distintos líderes de nuestro continente por plantar en nuestro suelo las semillas de la cultura de la libertad y el respeto por los derechos del hombre, me preguntaba en la soledad de mi cuarto y frente a la pantalla: ¿Qué pensaría César Vallejo acerca de lo que hoy acontece? ¿Cómo evaluaría la conducta de los escritores e intelectuales de nuestras tierras? Creo que nadie puede responder a ciencia cierta y con exactitud a esas interrogantes. Sin embargo, lo que sí nos es posible afirmar es que la clase intelectual en Venezuela, sus escritores y pensadores, y lo mismo ocurrió en nuestro País durante la década de los 90 en los años del fujimorismo, decidió y decide callar en todos los idiomas posibles; quizá no todos, pero si la gran mayoría decidieron ponerse de perfil, decidieron torear el problema, ya sea por miedo o por una escasa identificación con los valores de libertad y democracia que trae consigo el Estado Contemporáneo, un Estado que se apoya en el respeto de la libertad, el respeto a la ley, la igualdad y el pluralimso político y, que de ese modo, se muestra como la antítesis de las dictaduras o los totalitarismos, factor éste último que resulta ser evidentemente peor, ya que si nuestra clase intelectual, la cual es la llamada a conducir y a direccionar el tránsito de las naciones por el sendero del desarrollo y el progreso, no comprende el verdadero valor de la libertad, qué podemos esperar del modesto pueblo, al cual muchas veces abusando de su ignorancia y miseria, los dictadores de estas tierras han manipulando, convirtiéndolos en verdaderos conejillos de indias de sus más absurdos proyectos; basta recordar el apoyo masivo que el pueblo del Perú le otorgó a la decisión del Ex Presidente Fujimori de cerrar el Congreso de la República, interrumpiendo el orden constitucional de nuestro país, en aquel nefasto 5 de abril de 1992; años más tarde este mandatario está a punto de ser extraditado por el gobierno peruano para ser juzgado por sus tribunales por delitos de Lesa Humanidad, luego de haber renunciado, vía fax, a la presidencia del Perú y, luego de haberse valido de su nacionalidad nipona para permanecer en el Japón y, con ello eludir la acción de la justicia peruana.

Pues entonces, ya se en el Perú de Fujimori ó, en la Venezuela de Chávez: ¿Cuál es el rol que intelectuales y escritores deben jugar en situaciones como las ya descritas en la cuales gobiernos de corte autoritario, dirigidos por dictadores cuyo deseo de poder los enceguece a tal punto, que los lleva a cometer las más atroces violaciones a los derechos humanos como son el asesinato, la desaparición forzada, la tortura, la conculcación de las libertades de expresión e información a través de la censura, el chantaje, el soborno o el miedo?¿Qué debemos esperar de ellos, los lectores, los ciudadanos, los hombres de buena voluntad que soñamos con una América Latina libre y democrática?. Esas son preguntas que trataré de responder a continuación a la luz de las sabias reflexiones que el maestro Vallejo hiciera sobre el mismo tema hace ya más de 70 años.

Creo que existen determinados momentos en la historia de los pueblos, en los cuales, ya sea por acción del destino o voluntad de la mano de dios, los ciudadanos de los mismos nos vemos enfrentados a una serie de vicisitudes y una serie de dificultades de la más diversas índoles. Es justamente en estos momentos en los que lo mejor de cada nación, lo mejor de cada país, lo mejor de cada Estado, que no es otra cosa que sus hombres y mujeres más audaces e inteligentes, tienen el derecho y el deber moral y ético de levantar la voz y dirigir a sus conciudadanos hacia mejores destinos.

En casos tan cercanos como los descritos anteriormente, esta necesidad se torna más urgente; ya que el enemigo no busca únicamente saquear las riquezas de las arcas públicas de nuestros países, nuestro enemigo no se contenta con dirigir los destinos del país una y otra vez, reelección tras reelección, aún cuando ello genere inestabilidad jurídica y política a partir de las continuas afectaciones al marco constitucional de cada Estado, nuestro enemigo quiere arrebatar de nuestro ser, de nuestros corazones, lo más importante que dios, la vida y la civilización nos pudo dar, esta vez el enemigo nos quiere convertir en unos autómatas, en unos robots, esta vez el enemigo nos quiere arrebatar nuestra libertad.

Es en estos momentos, en los cuales, tal como diría Vallejo, los escritores e intelectuales libres están obligados a asumir esa responsabilidad histórica de lucha, de protesta y de combate, contra este enemigo feroz que pretende quitarnos nuestra humanidad. Para Vallejo, en estas circunstancias los escritores e intelectuales, están obligados a consubstanciarse con el pueblo, haciéndoles llegar su inteligencia, haciéndoles saber que el cambio es posible, que la libertad es el valor fundamental del cual es poseedor el hombre, rompiendo esa barrera secular existente entre los intelectuales y el pueblo, una barrera que los hace marchar por dos caminos distintos, como si fuesen dos clases totalmente ajenas la una de la otra, que conviven en una misma sociedad, pero que hacen hasta lo imposible por no mirarse a los ojos.

Jesús decía, cita Vallejo: “Mi reino no es de este mundo”. Creo, al igual que el autor de los Heraldos Negros, que existen situaciones, etapas y momentos en la vida democrática de nuestros países en los cuales la conciencia democrática y el amor por la libertad de nuestros escritores e intelectuales puede y debe concretarse en una fórmula que reemplace la frase del nazareno, diciendo: “Mi reino es de este mundo pero también del otro”, mi mundo es el de la literatura, de la poesía, la reflexión y el análisis, pero también es el de la lucha, la denuncia, la confrontación y el combate, contra aquel que nos quiere impedir pensar, leer, escribir y expresar nuestras ideas, opiniones y sentimientos, todo ello a través de nuestra pluma y de nuestra palabra; pues no hay arma más mortal ni explosivo más terrible, que el adjetivo y la idea que toca las fibras más íntimas de nuestro ser, que estremece nuestros nervios y los afila como lanzas listas para el combate, porque, tal y como diría Lamartine, en su ensayo sobre los Miserables: “La más homicida y la más terrible de las pasiones que se puede infundir en las masas, es la pasión de lo imposible”, en este caso, la pasión por la libertad, por su lucha y su defensa, la cual nos hace enfrentarnos al tirano sin más arma que nuestras propias convicciones y nuestro sentido de justicia.

Pero por desgracia, la conciencia y el sentido de responsabilidad ética y moral de los escritores e intelectuales de nuestros pueblos con la defensa de la libertad no están lo bastante desarrollada entre éstos. La mayor parte de los escritores están al lado del gobierno de turno, del dictador de turno, o lo que es lo mismo, del benefactor de turno, y lo hacen, y así lo creo yo, más que por miedo o temor, por una falta de vocación democrática, y una pobre identificación con el sentido de la justicia y el valor de la libertad.

Otra prueba, de que la responsabilidad ética de intelectuales y escritores no ha logrado desarrollarse y echar raíces en la América Latina es que en las horas difíciles que atraviesan los pueblos, la mayor parte de estos hombres se callan ante las presiones de los gobernantes; nadie pronuncia una palabra en contra, y esta, es ciertamente, una actitud, muy cómoda. Ello es por demás triste y preocupante, ya que es en esos avatares, en las horas en que la policía, las fuerzas armadas, amenazan la vida de todos los ciudadanos, en las cuales la actividad de los intelectuales y escritores, confundiéndose con la de los ciudadanos de a pie, obreros, empleados, estudiantes y demás, debe servir para levantar la voz, dando señales claras de protesta contra la tiranía. Y todo ello sucede, como diría Vallejo, citando a Charloi, porque: “Nosotros, los escritores, tenemos una vergüenza enorme que nos hace bajar la cabeza, y es la de ser escritores”.

Creo, y para terminar, que los intelectuales y escritores de nuestros pueblos aún no se han dado cuenta del importante rol que ocupan al interior de la sociedad, de lo importante que es su palabra y su conducción al momento, no sólo; de defender la libertad y los derechos, sino también al momento de crear un marco institucional y democrático que nos permita vivir digna y civilizadamente, en ese sentido Vallejo decía que : “Los responsables de lo que sucede en el mundo son los escritores e intelectuales, porque ellos tienen el arma más formidable, que es el verbo”, tienen en la obra de Voltaire, la espada que en su mano blandiera Robespierre.

Finalmente, debo decir que no sé si algún día pueda dejar de ser un aficionado y pueda convertirme en un escritor, pero lo que sí sé, es que de serlo, no lo sería jamás como aquellos que defendieron el 5 de abril de 1992 en el Perú ó aquellos que aún creen que el Comandante Hugo Chávez es la reencarnación de Bolívar. Todo ello porque los intelectuales y los escritores, en especial, no deben jamás olvidar las palabras de ese sabio que fue Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo, la palabra justa y el asunto justo, y moveré el mundo”; es por ello que a los escritores, que poseen ese punto de apoyo, su pluma, les toca pues, mover el mundo, mover todos los mundos, en defensa de la libertad y la democracia.

Nota: este artículo fue elaborado como una muestra de protesta ante el ejercico arbitrario del poder político en Venezuela y una muestra de solidaridad para con todas aquellas personas que vieron vulnerado su derecho a la libertad de expresión e información en el país llanero, a partir del cierre de Radio Caracas Televisión, llevada a cabo a manos de la dictadura que lidera Hugo Chávez Frías, presidente de esa nación hermana

Rafael Rodríguez Campos

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